Un punto de encuentro especial.

Ante los riesgos de catástrofes naturales y de atentados terroristas, las empresas deben diseñar un plan de contingencia donde se identifican los tipos de riesgo y el plan a ejecutar frente a cada uno de ellos, siendo uno de los elementos de estos planes el “punto de encuentro”, donde las personas deben reunirse y esperar a que el resto de los individuos sean evacuados o que la situación de riesgo sea superada.

Texto: Mateo 15:7-9.

Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.

CONCLUSIONES.

Un punto de encuentro es un lugar físico donde las personas se reúnen, para recibir ayuda de los organismos de socorro (internos o externos) o para recibir nuevas instrucciones que los llevarán a alejarse definitivamente de los riegos o a evitar el colapso de sus vidas.

¿Y qué relación tiene un punto de encuentro de un plan de mitigación de riegos con este texto bíblico? Veamos algunos elementos que lo demostrarán:

1. La situación de riesgo (el morir eternamente).

Hay una situación de riesgo para el hombre en el mundo entero, donde hay caos y destrucción por causa de los fenómenos naturales y de las guerras; y también hay problemas sociales como maldad, odio, corrupción, homicidios, hurtos, extorsiones, secuestros, idolatría, alcoholismo, drogadicción, violaciones a los derechos humanos, venganzas, sevicia, provocaciones, narcotráfico, avaricia, usura, despilfarros, guerras entre pandillas, guerras entre grupos armados, ejército y policía, etc.; todo esto tiene como finalidad de parte de las tinieblas, primero el destruir al hombre como ser vivo sobre la tierra y más tarde, destruir su alma y su espíritu en el infierno.

Y esto sí de verdad que es un riesgo para la vida futura del hombre; pero muchos ya están adaptados al este estilo de vida y no lo ven como un riesgo o más bien sus mentes ya han sido cauterizadas por el mal, entonces para ellos es como si nada anormal estuviera sucediendo. Se dan cuenta que la gente muere sin razón aparente o que son muchas las muertes diarias por causa de las guerras y las persecuciones; pero muchos no se dan por entendidos y el dicho general es que al final todos vamos a morir, pero no se han dado cuenta (porque no pueden verlo) de la cantidad de almas que caen diariamente al infierno.

2. El punto de encuentro (nuestro corazón).

Así como las empresas han demarcado un punto de encuentro, también Dios ha destinado un lugar donde nos podemos reunir y recibir atención de parte de Dios, para alejarnos de esos riesgos y permitir que cada hombre en su lugar reciba bendición y vida eterna; y por eso Dios pide nuestro corazón, para que desde allí nuestra alma y espíritu reciban la atención adecuada, la cual nos alejará del riesgo de perdernos en el infierno: “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”. Proverbios 23:26.

Existen varias diferencias entre estos puntos de encuentro, el físico es de cobertura empresarial donde pueden concurrir todos los empleados de una empresa; sin embargo, el punto de encuentro espiritual es el corazón de cada hombre, lo que implica que es de carácter individual, para que prevalezca la responsabilidad de cada individuo y no la responsabilidad de un grupo o una empresa.

El disponer nuestro corazón para Dios, requiere nuestra evaluación del riesgo de morir eternamente y el uso de la libertad que nos fue otorgada por Dios, para permitirle a Él que gobierne y haga su voluntad en nuestras vidas; y que de esta forma nos limpie del pecado, nos justifique mediante la sangre de Jesucristo y nos haga nuevas criaturas aptas para entrar al reino de los cielos.

Honrar a Dios significa disponer nuestro corazón para Él como punto de encuentro; pero lo que normalmente ha sucedido es que nuestro corazón no lo entregamos a Dios, sino que lo ponemos al servicio de las cosas pasajeras de este mundo: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí”. Definitivamente el hombre ha sido esquivo con su corazón y lo guarda en la misma forma que un niño guarda su juguete para que nadie se apodere de él; causando con esto que nuestro corazón esté lejos de Dios e inaccesible como punto de encuentro entre Dios y el hombre.

Si de verdad amamos a Dios mediante la obediencia y disponemos nuestro corazón para Él, entonces la promesa es que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo acudirán a ese punto de encuentro y harán morada con cada uno de nosotros: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Juan 14:23.

3. Medidas de mitigación o recuperación del riesgo (rendir nuestra vida a Cristo).

Esto implica rendirle nuestro corazón a Dios y permitir que su santo Espíritu entre y coloque su trono allí en el corazón y que gobierne desde allí nuestro ser completo, cumpliendo una de sus principales funciones que es mantenernos alejados del riesgo tanto físico (caos y destrucción) como del espiritual (pecado, maldad e injusticia).

Estas medidas de mitigación traen como consecuencia el nuevo nacimiento del hombre, el cual le permite ser un verdadero hijo de Dios y lo habilita para tener entrada libre en el reino de los cielos, mediante el sello de redención recibido por el Espíritu Santo de Dios durante el bautismo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 Corintios 5:17

EL PROBLEMA.

En situaciones normales de riesgo físico, las personas se olvidan de todo lo que están haciendo y acuden inmediatamente al punto de encuentro, pues su prioridad es preservar la vida; no así ocurre en el ámbito espiritual, pues la mayoría de la humanidad está en riesgo de ir al infierno, pero ellos no acuden al punto de encuentro por varias razones:

1. No creen que haya una vida después de la muerte y mucho menos que su alma y su espíritu estén en riesgo de perderse; peor aún, muchos ni creen que tengan alma y espíritu y que más bien su vida es parecida a la de los animales.

2. No creen que haya un Dios, cuyo poder es tan grande, que nos puede dar vida aún después de la muerte física. Estos tienen en poco a Dios y por dicha razón le atribuyen milagros a estatuas y seres inanimados, antes que darle la gloria al verdadero Dios.

3. No les interesa ser salvos de la ira venidera, porque muchos aman el pecado y los deleites de este mundo y hasta sirven de instrumentos a las tinieblas para esparcir el pecado, la maldad y la injusticia por todo el mundo; amparados en las falsas promesas del diablo, de tener diversión, abundancia y gozo en el infierno.

4. Otros creen estar cerca de Dios y hasta dicen amarlo, pero suele suceder lo mismo a los religiosos de todos los tiempos, los cuales están sumidos en la hipocresía, porque ellos aman con su boca, pero sus hechos son contrarios a los mandamientos de Dios: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí”.

Un ejemplo simple es que hay muchos religiosos que supuestamente creen en Dios y dicen amarlo también, pero no se alejan de las mentiras, ni de las vulgaridades, ni del alcohol, ni de las parrandas y muchos menos se alejan de los ídolos de metal de madera o de yeso, a quienes siguen honrando como si fueran verdaderos dioses. Y en casos extremos, hablando de sectas y sus dioses, ellos son capaces de perseguir, matar, incinerar y degollar a los verdaderos hijos de Dios; ¿entonces en dónde está su justicia y su bondad?

Y es peor la situación cuando estas religiones adoptan su propio manual de vida u otra biblia, donde se consignan los hechos, las costumbres y las tradiciones de sus líderes, y donde finalmente sus simpatizantes o seguidores resultan honrando a los hombres y en muchos casos venerando a figuras ya muertas, dejando de lado al Dios verdadero: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.

El corazón de este tipo de personas está ocupado con la idolatría y la falsedad, por lo cual hacer que lo dispongan como un punto de encuentro para reunirse con Jesucristo será una tarea casi imposible; máxime cuando Dios ya ha enviado sobre ellos un espíritu de mentira, para que sigan creyendo en la mentira, ya que nunca quisieron creer en la verdad.

5. La indolencia del corazón del hombre. Debido a que la maldad en el mundo evoluciona con el paso del tiempo, de la misma forma el género humano endurece su corazón (como el corazón de piedra de la imagen), haciendo remota la posibilidad de tener allí un encuentro con el Creador de nuestras vidas y de permitirle a Él que nos libre del pecado y de la muerte y que definitivamente nos aleje del riesgo de ir al infierno.

Un punto de encuentro debe ser accesible rápidamente y estar limpio de obstáculos para que los rescatistas puedan llegar allí con facilidad; así miso el corazón del hombre debe estar limpio y ser sensible para que Dios pueda entrar a él y desde allí ejecutar su plan de salvación para el hombre y esta limpieza comienza por un verdadero arrepentimiento de parte de nosotros: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. Romanos 2:5

Estimado hermano y amigo, hay un riesgo latente de ir al infierno para los que aún están vivos, pues los que murieron sin Cristo en su corazón ya están en el infierno y no hay forma de que salgan de allá. Es necesario que usted que sigue vivo, disponga su corazón como punto de encuentro, o mejor aún como una morada o casa espiritual para que el Espíritu Santo de Dios entre a gobernar allí en su corazón y conduzca su alma y su espíritu hacia la vida eterna.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

  

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