Cómo ser uno de los escogidos.
Hay un evento que está a punto de ocurrir sobre la tierra y es el denominado RAPTO DE LA IGLESIA, en el cual participarán todos los escogidos de Dios; pero si usted no tiene ni idea de que hay un rapto, ni mucho menos de quiénes son los escogidos, entonces usted se encuentra en tinieblas, y lo más seguro es que le toque pasar por los juicios que vendrán sobre la tierra y que luego de su muerte tenga que enfrentar el gran juicio final con el consecuente veredicto de castigo eterno.
Texto: Mateo 24:29-31.
“E inmediatamente después de la
tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y
las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces
lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo
sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y
enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de
los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.
CONCLUSIONES.
El rapto
significa el levantamiento por los aires y la posterior reunión en el primer
cielo de los verdaderos hijos de Dios, los cuales partiremos junto con los
muertos en Cristo, resucitados previamente, hacia el reino de los cielos,
ubicado en el tercer cielo.
Este evento del
rapto será precedido por otros acontecimientos:
1. En aquellos días habrá una tribulación, que
podría ser la gran tribulación de que habla el libro del Apocalipsis, pero que
tendrá hechos muy parecidos a los que estamos viviendo el día de hoy, pues
estamos en los tiempos del fin: “E inmediatamente después de la tribulación
de aquellos días”.
2. Habrá conmoción en la tierra, sobre todo
oscuridad porque el sol y la luna se apagarán y habrá un gran estrépito causado
por las estrellas que caerán (aunque no sabemos en qué sitio y podría ser sobre
la tierra): “el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las
estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”.
3. Habrá una gran aparición en el cielo terrenal
(donde están las nubes), y allí veremos al Hijo de Dios resplandeciendo con su
gloria y su gran poder: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en
el cielo; y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con
poder y gran gloria”.
4. Todas las tribus de la tierra se lamentarán,
porque no creyeron en Jesucristo y en su obra redentora llevada a cabo en la
cruz del calvario; todos aquellos que tengan uso de razón y que estén excluidos
del reino de Dios llorarán y gritarán a causa de su incredulidad; pero será
tarde, porque en esa hora ya estarán excluidos del reino, excluidos del grupo
de los escogidos: “y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra”.
5. Jesús enviará a sus ángeles con voz de
trompeta, es decir que la orden será escuchada por muchos y entonces
sobrevendrá temor y temblor a todo ser humano, porque la mayoría serán dejados
sobre la tierra y muy pocos serán levantados y tenidos por dignos de partir con
Jesucristo: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a
sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.
¿Entonces,
quiénes son los escogidos y también dignos de participar en el rapto de la
iglesia?
Hay una
palabra clave que define qué personas son escogidas y quiénes no, y esto tiene
que ver con el libre albedrío que le fue dado a cada hombre; pues el evangelio
de salvación de Jesucristo se está predicando en todo el mundo y este es el llamado;
pero las personas toman la determinación de creer o no a este llamado y más aún
si se arrepienten o no de su vida pecaminosa y entregan sus corazones a
Jesucristo.
En el
siguiente versículo se hace claridad en que no somos escogidos antes del
llamado; sino después de este y en base a la respuesta del hombre: “Porque
muchos son llamados, y pocos escogidos”. Mateo 22:14. Esto es como cuando
un grupo de estudiantes es convocado a exámenes finales, donde pueden suceder
varias cosas: Que unos no acudan a la convocatoria, que la mayoría acudan y que,
de esos últimos, unos ganen los exámenes y otros lo pierdan; entonces, de los
que ganaron se hace una lista de escogidos para pasar al siguiente nivel, la
cual es colocada en la cartelera pública de la institución.
Entonces,
primero somos llamados, luego Dios define a quién escoge y a quién no,
dependiendo de si hubo o no un nuevo nacimiento; dado que el hombre en su
estado natural está muerto a causa del pecado y que Dios es Dios de vivos y no
de muertos; por lo tanto, si la persona sigue en estado de muerte espiritual,
no habrá forma de que sea escogida para vida eterna: “Dios no es Dios de
muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis”. Marcos 12:27.
Y si la
persona realmente es una nueva criatura a causa del bautismo en el Espíritu,
también será escogida y por lo tanto tendrá que dar frutos de amor y de
justicia, como prueba fehaciente de que ya es un verdadero hijo de Dios, y si
no da estos frutos, entonces no hubo ninguna conversión en su vida: “Vestíos,
pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de
benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. Colosenses 3:12.
El hecho de
ser uno de los escogidos significa que tenemos la esperanza firme de alcanzar la
salvación y la vida eterna, y esta transformación comienza por la fe en la
verdad, que es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo y continua con la
santificación a través del poder del Espíritu Santo de Dios: “Pero nosotros
debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el
Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante
la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”. 2 Tesalonicenses
2:13.
Muchos se
pegan de la anterior cita para asegurar que fueron escogidos desde antes de la
fundación del mundo, pero la interpretación correcta es que Dios es omnisciente
y que desde antes de nuestro nacimiento, conoce si nosotros vamos a tomar la
determinación de ser o no sus escogidos; porque en el pensamiento popular se
despoja al hombre de su voluntad, lo que no es correcto, pues Dios no puede
llevar a su reino a nadie en forma obligatoria, porque qué tal que dicha
persona le guste más el mal que el bien, entonces se la pasaría aburrida en el
cielo, armándole pleito a los ángeles y también a todos los redimidos.
Y como
prueba de lo anterior tenemos a Lucifer, hermosa creación que Dios puso en el
cielo, pero que desafortunadamente se llenó de orgullo y altives y quiso
destronar a Dios; lo que indica que no estaba preparado para la bendición de
vivir en el cielo, dado que le gustaba más el mal que el bien, por lo que fue
expulsado del reino de los cielos y echado al abismo del centro de la tierra.
Esto nos permite concluir que Dios no se va a arriesgar de nuevo con el hombre
y hasta que este no sea puro y santo, movido por su propia voluntad de hacer el
bien, entonces tampoco será uno de los escogidos: “Mira, yo he puesto
delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal”. Deuteronomio
30:15.
Estimado
hermano y amigo, no esperes ser uno de los escogidos, solo porque perteneces a
alguna de las religiones populares; pues el solo hecho de ser adepto de una
denominación no garantiza que estás dentro de los escogidos; y esto de
pertenecer o no depende más bien de si has muerto al pecado y has nacido de
nuevo, situación en la cual estarás vivo delante de Dios y también serás uno de
los escogidos; pues si sigues en pecado o practicando la idolatría de las
iglesias populares o mayormente alejado de Dios, entonces seguirás muerto espiritualmente
y debes saber que este tipo de muertos no pueden heredar la vida eterna: “Y
él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y
pecados”. Efesios 2:1.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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