Mis palabras no pasarán.
Lo que estamos viviendo hoy en cuanto al cambio climático, corresponde con las señales que están escritas en la Palabra de Dios, ¿pero por qué la gente se asusta, si lo que Dios dijo se cumplirá contra todo pronóstico?
Texto:
Mateo 24:35.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
CONCLUSIONES.
Las catástrofes naturales son el producto primeramente
del pecado del hombre, y segundo debido al mal uso que el hombre le está dando
a los recursos naturales, como la sobreexplotación de los recursos, la
desforestación y el envío masivo de gases tóxicos a la atmósfera. Pero pese a
que nuestra tierra va en detrimento, hay una promesa de restauración para ella
de parte de Dios, la cual requiere un compromiso del hombre para su
cumplimiento, compromiso que aún no se ha dado.
¿Pero a quién le interesa que la vida prospere sobre la
tierra?
Pareciera que no a muchos les encanta esta idea, pues las
fábricas de vehículos y maquinaria con motores de combustión que producen gases
efecto invernadero no paran de trabajar, los vendedores de autos siguen con sus
expectativas de vender cada día más unidades (255 mil vehículos anuales al
menos en Colombia), los amigos de lo ajeno siguen empeñados en quemar miles de
hectáreas de bosques o selvas para tener tierras de cultivo, para sembrar
pastizales para el ganado y en casos más extremos para sembrar hoja de coca;
otros convierten en desierto grandes bosques y pastizales para buscar oro; y
los buses y tractomulas están llenado las ciudades de hollín y el ambiente de
metales pesados; etc. En síntesis, el mismo hombre está empeñado en su propia
destrucción; y esto sucede debido a la avaricia y el egoísmo, pues las personas
solo se preocupan por su propio bienestar.
Al hombre le parece extraño que todo esto esté
sucediendo, especialmente por dos factores: El primero es que muchos no se han
interesado en leer la Palabra de Dios, entonces no conocen las profecías para
los tiempos del fin y como segundo, a los que tienen algo de conocimiento, les
falta fe para creer que todo lo que hay escrito sucederá tarde o temprano,
porque es Palabra de Dios.
Hay una promesa de parte de Dios de sanar nuestra tierra
solo si el hombre se arrepiente de sus pecados y entrega su vida a Jesucristo
el hijo de Dios; pero ¿quién quiere hacerlo? Como dicen en el senado de la
república: “No hay mayoría de votos para su aprobación y por lo tanto el
proyecto queda archivado”.
¿Y hasta cuándo quedará archivado? Hasta que Dios envíe
sus juicios sobre la tierra, lo que seguramente muchos no creen que vendrá;
pues pasan las catástrofes producidas por el verano y todo el mundo sigue en
fiesta, pasan las catástrofes producidas por el invierno y la gente sigue celebrando
como si nada hubiera pasado, como si Dios no estuviera advirtiendo que cosas
más grandes sucederán a medida que pase el tiempo, dado que el hombre no se
arrepiente de corazón: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre
es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos
caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré
su tierra”. 2 Crónicas 7:14.
Hoy estamos ante un mundo donde las enfermedades del
hombre aumentan por diferentes causas como la mala alimentación, la polución
ambiental y el sedentarismo; pero Dios también está dispuesto a sanar al hombre si este
se convierte de sus malos caminos, si este se arrepiente de su rebelión en
contra de Dios: “Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones.
He aquí nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro Dios”.
Jeremías 3:22
Pareciera que nada bueno sucede a nuestra generación,
pero es que el hombre tampoco quiere vivir en paz y en armonía con Dios y sus
mandamientos, y espera que los políticos y científicos sean los encargados de
resolver los problemas de la humanidad; pero el hombre nada puede hacer por sus
propias fuerzas, en cambio Dios sí puede transformar todo para bien si le
buscamos, si le entregamos nuestro corazón y vivimos en obediencia y santidad a
su Palabra; pero debemos tener entendido que nada se saldrá del cauce o de la
dirección establecida por Dios y que nada se quedará en el olvido y no se
cumplirá; por lo tanto, el cielo y la tierra perecerán, pero la Palabra de Dios
seguirá firme y cumpliéndose al pie de la letra: “Porque de cierto os digo
que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la
ley, hasta que todo se haya cumplido”. Mateo 5:18.
La naturaleza como ser vivo (aunque no tenga el
consentimiento científico), está en esclavitud por causa del pecado y la
corrupción del hombre, y también está esperando aquel día en que será redimida
junto con los verdaderos hijos de Dios: “Porque también la creación misma
será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los
hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con
dolores de parto hasta ahora”. Romanos 8:21-22.
Por esta causa es que abundan las catástrofes naturales y
el hombre ya no haya descanso sobre la tierra, debido a que la corrupción del
hombre también ha contaminado la naturaleza y esta reacciona en forma violenta
y catastrófica, tratando de sacudirse el mal de encima, el caos que la agobia, la
degradación que la hace gemir, las injusticias que la atormentan y le hacen tener
dolores de parto; y aunque los científicos no avalen la idea, según Dios, la
naturaleza es un ser vivo que llora y que también siente dolor debido a la
maldad del hombre que vive sobre ella.
El cielo y la tierra pasarán, pues este acontecimiento
también hace parte de las palabras de Dios que tendrán que cumplirse sí o sí; y
lo que hoy vemos un día ya no existirá, ni mucho menos los hombres, los
animales, las aves, los peces y los vegetales que llenan hoy la tierra, debido
a los juicios que vendrán sobre ella y sus habitantes; pero en relación con
esto Dios nos dice que habrán cielos y tierra nuevos, donde descenderá y se
posesionará la Nueva Jerusalén juntamente con los verdaderos hijos de Dios: “Porque
he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá
memoria, ni más vendrá al pensamiento”. Isaías 65:17.
Y esa nueva Jerusalén descenderá del cielo juntamente con
todos los escogidos, los santificados y redimidos por la sangre del Cordero y será
dispuesta sobre esa tierra nueva, donde no habrá maldad, ni pecado, ni
injusticia, ni tristeza, ni llanto, ni dolor, ni enfermedad: “Al que
venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de
allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi
Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre
nuevo”. Apocalipsis 3:12.
Dice Dios: “El cielo y la tierra pasarán”, porque
de cierto esta tierra va a quedar tan deteriorada a causa de la maldad del
hombre y de los juicios que Dios ejecute sobre ella y sus habitantes, que
requerirá que el Creador con su poderosa mano haga otra nueva y esto también
obedece a la segunda parte del texto principal que dice: “pero mis palabras
no pasarán”.
Estimado hermano y amigo, seguramente muchos no creen en
estas cosas, pero el saber que Jesucristo murió en la cruz del calvario, de lo
cual tenemos la certeza de que resucitó al tercer día, según el testimonio de al
menos quinientas personas, entonces podemos estar también seguros que, todo lo
que dice la Palabra de Dios es totalmente cierto y que también se cumplirá al
pie de la letra; y para esto se necesita fe y sabiduría, lo cual podemos pedir
a Dios, ya que Él nos dará todo abundantemente: “Y yo os digo: Pedid, y se
os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Lucas 11:9.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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