Tu salvación depende de lo que siembres hoy.

El futuro nuestro no depende de la suerte, de nuestros buenos deseos, de nuestros esfuerzos por conseguir un buen mañana, de nuestra sabiduría e inteligencia, de los intercesores de algunas religiones, del éxito en los negocios, de la situación política, etc.; el futuro lo estamos construyendo hoy con nuestros hechos buenos o malos; y esto repercutirá en nuestro futuro inmediato aquí en la tierra y también en el futuro eterno más allá de la muerte física.

Jeremías 32:18b-19.

Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre; grande en consejo, y magnífico en hechos; porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras”.

CONCLUSIONES.

Hay una ley universal denominada “ley de causa y efecto”, que establece que toda acción tiene su propio efecto; esta fue proclamada por la filosofía mediante Aristóteles, por la ciencia mediante Newton con su tercera ley de acción-reacción y también mediante el budismo, con el concepto del Karma.

Pero no hay nadie con más propiedad para hablar de esos asuntos que el mismo Dios, quien creó la tierra y el universo circundante, y que también puso leyes para que gobernasen la vida sobre la tierra; y Él dice que pagará a cada uno conforme a sus caminos y que también según el fruto de sus obras. Y para que Dios pueda aseverar este tipo de cosas, es porque tiene unas cualidades excepcionales como estas:

1.  Dios es grande.

Podemos asegurar que es tan grande, tanto que la tierra es el estrado de sus pies: “ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey”. Mateo 5:35.

2. Dios es poderoso.

Es tan poderoso, que hizo la tierra y la colgó de la nada; y para corroborar este hecho se debe mirar la imagen que tomaron los astronautas de la tierra, donde se puede asegurar que no hay nada sosteniendo este planeta por debajo, ni por encima: “Él extiende el norte sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada”. Job 26:7.

Y qué decir de los que viven debajo de la línea ecuatorial yendo hacia el Polo Sur, quienes por lógica estarían viviendo con la cabeza hacia abajo; pero Dios hace que los hombres aparezcan completamente erguidos, así estén viviendo con la cabeza hacia abajo; estas son las maravillas de su ley de gravedad.

3.  Dios es el mayor consejero.

Debido a que Dios conoce tanto el pasado, como el presente y el futuro de cada persona, entonces con mayor propiedad sus consejos también son certeros, tanto para el hombre como para las naciones: “Con Dios está la sabiduría y el poder; Suyo es el consejo y la inteligencia”. Job 12:13. Y el consejo parte solo de Dios, pues no hay nadie por encima de Él que lo pueda aconsejar: “¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?”. Isaías 40:13

4.  Dios es magnífico en hechos.

Cuando el ejército de Faraón perseguía al pueblo de Israel y este quedó acorralado por el Mar Rojo, entonces Dios abrió las aguas para que pasara su pueblo y cuando el ejército de Faraón iba cruzando por en medio del mar, entonces volvió a cerrar las aguas y estas tragaron vivo a dicho ejército; ¿no le parece magnífico lo que Dios hizo para salvar a su pueblo?: “Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo”. Éxodo 15:4

5.  Sus ojos están abiertos sobre los caminos de los hombres.

Dios en su grandeza tiene la capacidad de observar lo que hace, habla y piensa cada uno de los 7,500 millones de habitantes que hay sobre la tierra; y si esto no cabe en nuestra imaginación, no se preocupe, pues el ser humano es limitado aún de entendimiento: “Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria”. Isaías 66:18

Y con todos estos atributos, es que Dios en su potestad puede hacer estas dos cosas:

1.  Dará a cada uno según sus caminos.

Dios creó al hombre, lo puso sobre la tierra y le dio uso de razón y conciencia para determinar qué es bueno y qué es malo; y por sobre todo puso el bien y el mal delante de él y le dio total libertad para que hiciera conforme a sus pensamientos; y esto hace que el hombre tenga una gran diversidad de caminos, siendo malos y perversos la mayoría de ellos, porque el corazón del hombre es perverso y siempre está inclinado hacia el mal; a no ser que se convierta realmente a Dios y que reciba el Espíritu Santo en su corazón y de esta manera camine en justicia y en integridad: “El que en integridad camina será salvo; Mas el de perversos caminos caerá en alguno”. Proverbios 28:18.

2.  Dará a cada uno según el fruto de sus obras.

Si el hombre camina bajo el gobierno del Espíritu Santo, entonces producirá el fruto del Espíritu con sus diferentes manifestaciones que son: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza; y en este ambiente es que el hombre camina en justicia y es un verdadero hijo de Dios, preparado para vivir eternamente en el reino de los cielos.

Pero si el hombre es gobernado por su ego, este lo llevará a vivir para el mundo y para la carne con sus pasiones y deseos; lo que hace que produzca estos frutos: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; lo que hace que el individuo pierda su salvación: “acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” Gálatas 5:21b.

¿Entonces qué es lo que vamos a cosechar?

Desafortunadamente solo hay dos tipos de cosecha desde el punto de vista espiritual: Cielo o vida eterna para los que andan en los caminos de justicia, produciendo el fruto del Espíritu; y castigo eterno o infierno para los que andan en incredulidad, en pecado, en maldad, en idolatría y en perversidad: “E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Mateo 25:46.

Como pueden observar, no hay un tercero o cuarto lugar (solo el infierno) donde vayan aquellos que nunca se preocuparon por buscar de Dios, o que en su corazón nunca se propusieron hacer el bien, o que confiaron su salvación a una religión, de tal forma que pudieran seguir disfrutando del pecado; y aún muchos llamados cristianos también heredarán el castigo eterno, debido a que nunca se convirtieron de verdad y que solo iban a la iglesia los domingos para entretenerse un poco; esos son los tibios los cuales serán echados de la presencia de Dios: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Apocalipsis 3:16

Estimado hermano y amigo, no esperes a que alguien o alguna circunstancia te obligue a cambiar de camino, hazlo hoy por tu propia voluntad, que mañana podría ser tarde; tan tarde, que, si mañana amaneces muerto y no caminabas por sendas de justicia, entonces tendrás un despertar sorpresivo en el infierno, y no creo que eso sea muy agradable: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”. Proverbios 14:12

Puede ser que creas en Dios y su hijo Jesucristo, y más aún que vayas a una iglesia, pero si no produces los frutos de justicia, sin duda alguna tus caminos también son perversos, y Dios te pagará conforme a esos frutos: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”. Gálatas 6:8.

Si siembras para el Espíritu viviendo en bondad, en justicia y en obediencia a Dios, entonces cosecharás vida eterna en el reino de los cielos; pero si siembras para el mundo y para la carne viviendo en pecado, en maldad y en las inmundicias de la carne, entonces tu paga estará en el infierno y posteriormente en el lago de fuego y azufre.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

  

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