Le decimos Señor, pero no le honramos.
Desde la antigüedad, el hombre ha determinado quitarle la honra y la gloria al verdadero Dios, para dársela a ídolos o imágenes hechas de metal, de madero o de yeso, y por lo mismo el pueblo de Israel presentaba sacrificios para Jehová en su tabernáculo, y al mismo tiempo acudían a otros altares a ofrecerle culto y adoración a otros dioses. ¿Por qué el hombre no quiere honrar al único y verdadero Dios?
Texto:
Lucas 6:46-49.
“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor,
y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace,
os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una
casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una
inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover,
porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al
hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río
dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.
CONCLUSIONES.
Veamos lo que significa la palabra honrar: “Honrar
es el acto de mostrar respeto profundo, valorar y reconocer la dignidad o los
méritos de una persona, un principio o un compromiso”. Las personas
normales merecen honra por cuanto son seres humanos, ¿cuánto más merecerá honra
Dios, tratándose del único creador del universo visible e invisible, y también
de todas los seres vivos y las cosas que allí existen?
Fuera del reclamo de la cita principal, Dios también amonestó
a los religiosos de aquella época por deshonrar a su Hijo: “Respondió Jesús:
Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis”. Juan
8:49.
Y también nos advierte que el incumplimiento de sus
mandamientos se convierte en deshonra para con Dios: “Tú que te jactas de la
ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?”. Romanos 2:23.
¿Y por qué debemos honrar a Dios?
Dios por su naturaleza eterna y creadora, es merecedor de
que el hombre le rinda tributo, honra, gloria, alabanza y adoración: “El
único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de
los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio
sempiterno. Amén”. 1 Timoteo 6:16.
Y si el honrar es un mandato para nosotros como humanos,
entonces por consiguiente debemos honrar mayormente a aquel quien nos creó: “Honrad
a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”. 1 Pedro 2:17.
En los cielos honrar es una actividad cotidiana para los santos que viven allí, especialmente para los seres
vivientes y los ancianos: “Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria
y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por
los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del
que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los
siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres
de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas,
y por tu voluntad existen y fueron creadas”. Apocalipsis 4:9-11.
Y no solo el hombre debe honrar a Dios; sino que la
creación juntamente con todas las cosas y los seres vivos honran a Dios y a su
hijo Jesucristo (en su propio lenguaje): “Y a todo lo creado que está en el
cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las
cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al
Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los
siglos”. Apocalipsis 5:13.
Dentro del decálogo de los mandamientos está el honrar a
padre y madre terrenales y si estos requieren honra, ¿cuánto más será digno de
honra nuestro Padre Celestial, por cuanto él nos creó y también nos sostiene?:
“Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al
padre o a la madre, muera irremisiblemente”. Marcos 7:10.
En el ámbito espiritual solo tenemos un Padre; pero este
tiene un Hijo que también merece honra, gloria y alabanza, así como lo requiere
el primero; y si no honramos al Hijo, entonces tampoco estamos honrando al
Padre: “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra
al Hijo, no honra al Padre que le envió”. Juan 5:23.
¿Y por qué el hombre no quiere honrar a Dios?
El corazón del hombre no convertido posee una naturaleza
pecaminosa heredada de Adán y Eva, la que también está bajo presión continua de
las tinieblas, por lo cual la intención del hombre es honrar al mundo
pecaminoso; pero al mismo tiempo y en una forma deshonesta, simular que está
honrando a Dios: “Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de
vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su
corazón está lejos de mí”. Marcos 7:6. Por esta misma razón el hombre mejor
va a un concierto o a un paseo el domingo, cuando debería estar en el templo
honrando a Dios con su presencia.
Y en vez de buscar al Dios verdadero y de escudriñar su
palabra, entonces el hombre ha creado las religiones, sectas y filosofías, y
como fundamento doctrinal se ha inventado una serie de mandamientos y
declaraciones de vida, diferentes a las que habló Dios a través de su Hijo
Jesucristo; todo esto con el fin de honrar otras cosas diferentes a Dios: “Pues
en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.
Mateo 15:9.
Pero al hombre pecador siempre le ha gustado contradecir
a Dios y desvirtuar sus mandamientos, y como resultado de ello rinde culto a
criaturas creadas por manos de hombres, robando de esta forma la honra que debe
estar destinada a Dios y dándosela a los ídolos: “Ya que cambiaron la verdad
de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al
Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”. Romanos 1:25.
¿Y qué retribuciones reciben los que de
verdad honran a Dios?
La honra es una virtud recíproca; es decir, que esta la
elevamos a Dios, pero desde allá también se devuelve a nosotros sus verdaderos
siervos, acompañada de bendiciones: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo
estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le
honrará”. Juan 12:26.
Los justos también recibirán honra, aunque se trate de
simples seres humanos; pues ella es parte de las bendiciones que Dios tiene preparadas
para los que practican el bien y han renunciado al pecado: “Pero gloria y
honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al
griego”. Romanos 2:10.
Consecuencias de la deshonra a Dios.
Debemos comprender que la humanidad tiene una gran deuda
con Dios, y que posiblemente por esto es que el hombre común y la tierra donde
habitan no prosperan, sino que cada día aumenta en ella el pecado, la
depravación, las catástrofes y el caos: “Pagad a todos lo que debéis: al que
tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que
honra, honra”. Romanos 13:7.
Recomendaciones finales.
Los instrumentos humanos deben prepararse, para que de
esta forma puedan honrar a nuestro Padre celestial y esa preparación consiste
en limpiarse de todo pecado e injusticia: “Así que, si alguno se limpia de
estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y
dispuesto para toda buena obra”. 2 Timoteo 2:21.
Jesús a causa de sus padecimientos, fue lleno de gloria y
de honra, ¿cuánto más nosotros seremos honrados si nos dejamos refinar en el
horno de las aflicciones?: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor
que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del
padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por
todos”. Hebreos 2:9.
Los cristianos verdaderos deben ser probados de tal forma
que su fe sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando se manifieste nuestro
salvador Jesucristo: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más
preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada
en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. 1 Pedro 1:7.
Estimado hermano y amigo, una de las mejores formas de
honrar a Dios es obedeciendo a sus mandamientos, pues él mismo nos hace esta
declaración: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”.
A la verdad el mundo moderno no busca de Dios, ni mucho menos le obedece; por
lo tanto, lo está deshonrando con su actitud y con sus hechos.
El que oye las palabras de Dios y las obedece, es
semejante a un hombre que edificó sobre la roca y puso buenos fundamentos, y
cuando su casa enfrentó una inundación ésta siguió firme; por el contrario, el
que oye y no obedece es como aquel que edifica su casa sobre la arena o sobre
el barro, de tal forma que ante una inundación esta casa no sobrevive y se
convierte en ruina total.
Que Dios los bendiga grande y abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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