¿Qué tan cerca estás de Dios?

Muchos creen estar cerca de Dios, pero en realidad están cerca de un templo, cerca de una religión y de sus tradiciones, cerca de sus proyectos y obligaciones terrenales, cerca del mundo con sus pasiones y deseos o peor aún cerca del infierno.

Texto: Salmos 73:27-28.

“Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras”.

CONCLUSIONES.

Para comenzar recordemos el texto bíblico donde Dios exhorta a su pueblo hablándoles sobre la forma tan reprochable como se estaban acercando a él: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”. Isaías 29:13.

Veamos los aspectos clave de este texto:

1.  Este pueblo se acerca a mí con su boca.

Es muy fácil decir con nuestra boca que amamos a Dios y que todas nuestras actividades diarias están dirigidas por Dios, pero ¿qué tan sintonizado estará nuestro corazón con nuestra boca? Y para ilustrar esto menciono un incidente que tuve hace muchos años con una compañera de trabajo donde me decía que ella se levantaba con Dios y caminaba con Dios; pero tenía el vicio del cigarrillo que no había podido dejar hasta entonces y que no lo había rendido a los pies de Cristo para que él la sanara; en síntesis, se levantaba con el vicio y andaba todo el día con el vicio, pero Dios estaba muy lejos de ella, solo estaba cerca de su boca.

Esta situación es parecida a la de un hombre infiel que abraza a su señora y le dice “te amo, mucho, muchísimo”, pero con frecuencia regresa tarde del trabajo aduciendo que estaba en reunión con su jefe, cuando realmente estaba en casa de su amante, adulterando con ella.

2.  Con sus labios me honra.

Esto habla de los que están en un templo alabando y glorificando a Dios con sus labios; pero su vida afuera de la iglesia es totalmente diferente y haga de cuenta que cargan dos uniformes: El de cristiano que se lo colocan antes de entrar a la iglesia y el uniforme de mundano que se colocan en el hogar, en el trabajo y en sitios sociales. Sus labios los usan para alabar a Dios en la iglesia y afuera los usan para decir mentiras, para injuriar, para calumniar, para decir vulgaridades, para chismosear, para rajar de la gente, etc.

3.  Su corazón está lejos de mí.

La verdad es que en el mundo de hoy existe una doble personalidad como sucedía en el pueblo de Israel, pues ellos ofrecían holocaustos y sacrificios a Dios, pero luego su corazón los llevaba a los templos de los dioses paganos cuyos altares hacían en lugares altos o debajo de árboles frondosos y allí adoraban a esos ídolos y hasta llegaron a sacrificar a sus hijos con el fin de honrar a esos dioses falsos.

Y realmente, lo que quiere Dios que acerquemos ante su presencia, es nuestro corazón rendido y humillado, solo así nuestros labios y nuestra boca estarán en sintonía con nuestro corazón: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”. Proverbios 23:26.

4.  Y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres.

El temor a Dios es fundamental en la vida cristiana, porque este nos hace alejarnos del pecado con el fin de agradar a nuestro Creador; pero ese temor se debe expresar con hechos y no con gestos, ni con palabras, de otra forma nuestra fe en Dios estaría muerta: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Santiago 1:22.

El hombre moderno ni cree en el Dios verdadero, ni mucho menos guarda temor y reverencia delante de él; podría ser que los religiosos tengan algún tipo de temor; por ejemplo: Cuidan de su apariencia física, pero no cuidan de obedecer lo que hay escrito en la biblia; tienen reverencia al entrar a un templo lleno de imágenes, pero nunca se han alejado de la idolatría; siguen con rigurosidad los sacramentos de su iglesia, pero no prestan atención a los mandamientos de Dios; etc.; esto es tener temor por los mandamientos creados por los hombres y no por los mandatos impuestos por Dios. En síntesis, les tienen más temor a las tradiciones humanas que a las exigencias de Dios escritas en su palabra.

***

Si el pueblo de Israel que vio con sus propios ojos los milagros, maravillas y prodigios que hacía Dios con ellos durante el peregrinaje por el desierto, fuera de que los conducía de día con columna de nube y de noche con columna de fuego, y que también les hablaba con voz de trueno desde el monte, y aun así su corazón estaba lejos de Dios, ¿entonces qué se podrá esperar de esta generación depravada y perversa del día de hoy?

El mundo de hoy está cerca de una religión con sus tradiciones y sus ídolos, y por lo tanto están lejos de Dios, pues él no hace presencia donde se practica la idolatría; máxime cuando no escudriñan su palabra, ni la obedecen, ni se apartan de sus ídolos, ni se apartan del pecado y la injusticia. Y aún están más lejos aquellos cuyas sectas están fundamentadas en falsas doctrinas que no reconocen al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como un solo Dios; pues unos siguen a Jehová, otros a Jesús, otros al Espíritu Santo y otros ya siguen es a los ángeles; eso pues sin considerar las sectas satánicas donde siguen al propio diablo. Y si se trata de sectas que siguen a dioses paganos o a líderes ya fallecidos, entonces con mayor razón están alejados del Dios verdadero, cuyo nombre es Jehová de los Ejércitos.

Muchos hombres hoy están atendiendo sus obligaciones con la familia, con el trabajo, con sus estudios y con otras cosas, y creen que por estar dedicando todo su tiempo a estas labores, que entonces Dios está complacido y que también está cerca de ellos; pero no olviden que todas las cosas de la tierra son pasajeras y que un día llegará nuestra muerte y nos daremos cuenta que nos esforzamos demasiado y que no trabajamos por lo realmente necesario que es nuestra salvación, y que seguimos alejados de Dios porque no cultivamos una relación con él; pues fuera de nuestras responsabilidades materiales, hay una primera responsabilidad espiritual que es acercarnos a Dios y establecer una verdadera comunión con él: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto”. Salmos 25:14.

Así mismo es posible que te sientes todos los domingos en una silla en la iglesia donde te congregas, en un lugar donde posiblemente te vean y aparentes tener devoción; pero al mismo tiempo podrías estar lejos de Dios, pues el cantar a Dios y escuchar el sermón no demuestran la proximidad que tienes con el Creador; pues esta proximidad solo se alcanza cuando nos acercamos en oración y clamor a Dios, fundamentados en la obediencia y en la santidad; pues sin obediencia no hay forma de alcanzar la santidad y sin santidad nadie puede acercarse a Dios: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Hebreos 12:14.

El problema de todo esto es que sin Dios nada podemos hacer espiritualmente (he ahí la necesidad de acercarnos a él), aunque podrías sentirte como un hombre próspero y exitoso en lo terrenal, pero haber entregado ya tu alma al diablo por causa de la indiferencia delante de Dios y también por la práctica continua del pecado: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” Juan 15:5.

Otro problema y el más crítico, es que si estamos alejados de Dios solo nos espera el lloro y el crujir de dientes por una eternidad (así las personas sean incrédulas o que según ellas no necesiten de Dios), y la razón de esto es que el hombre lejos de Dios solo le sirve al pecado y a las tinieblas, convirtiéndose de por sí en un enemigo de Dios: “Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta”.

En el huerto de Edén el hombre estaba cerca de Dios, pero una vez este desobedeció, el pecado hizo una brecha, una separación entre Dios y los hombres; brecha que muchos de los hombres no han cerrado aún y que por la misma razón hoy permanecen distantes de Dios: “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”. Isaías 59:2.

Si queremos el bien y la misericordia de Dios, indudablemente tenemos que acercarnos a él en espíritu y verdad, y no de labios solamente: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4:24.

Y el hecho de estar cerca de Dios, es equivalente a cuando un árbol está plantado en tierra fértil y cerca de un nacimiento de agua, así será nuestra vida tanto material como espiritual, llena de abundancia y de bendiciones: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien”.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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