El Soplo de Dios
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7. En primer lugar, Dios tomó del polvo de la tierra, tomó arcilla, y con sus manos de artífice único modeló con el barro una figura perfecta, la figura de lo que vendría a ser el primer hombre con todas sus facciones y órganos; ahora era barro modelado, pero siempre barro, arcilla inanimada, sin vida. Quiere decir que el cuerpo humano no se formó por la teoría de la evolución de las especies, no fuimos ni algas marinas, ni peces, ni orangutanes, tampoco salimos de una gigantesca explosión, como tampoco de una solitaria y peregrina bacteria que viajó millones de años luz hasta llegar a la tierra. ¡No! El cuerpo humano lo formó Dios. Esto es más científico, más razonable, más lógico, más comprensible, más comprobable, más práctico, más confia...