Conectados con el mundo, pero no con Dios.

Esta es la era digital y de la hiperconectividad, un periodo en el que el acceso a la información y el intercambio de datos superan las barreras físicas. Ha transformado profundamente nuestra sociedad y rige nuestra cotidianidad.

Esto quiere decir que en segundos podemos ver y escuchar lo que está sucediendo al otro lado del planeta y así mismo podemos sostener conversaciones tanto en texto, como en audio y video con personas que están ubicados a miles de kilómetros de distancia de nosotros; es decir, que estamos superconectados con el mundo. Y todo esto puede hacerse desde un dispositivo tan común como un teléfono celular.

Texto: 1 Corintios 1:9.

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”.

CONCLUSIONES.

Las personas se conectan al celular para comunicarse instantáneamente, acceder a redes sociales y entretenimiento, gestionar sus finanzas y trabajo, y buscar información en tiempo real. El celular como dispositivo es tan popular que aún los niños ya tienen acceso a ellos para chatear con sus amiguitos, para jugar, para ver videos infantiles, para escuchar música; lo que nos lleva a pensar que la mayoría de las personas se encuentran conectadas con el mundo, pero no necesariamente conectados con Dios.

¿Qué significa entonces estar conectados con Dios?

Veamos primero lo que significa la palabra comunión: La comunión (del latín communio, que significa "participación" o "compartir") hace referencia a una unión o vínculo profundo, ya sea espiritual, religioso o social.

Ahora veamos lo que dice el texto principal: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”; es decir que Dios nos ha llamado a tener un vínculo, una conexión profunda o mejor dicho a estar conectados con nuestro señor Jesucristo.

¿Y cómo hacemos para estar conectados con Jesucristo?

Sabemos por la palabra que hay tres personas que componen el misterio de la trinidad de Dios y una de ellas es el Espíritu Santo, quien convive aquí en la tierra en los corazones de cada creyente realmente convertido; lo que quiere decir que podemos entablar con Él una comunión, comunicación o conexión permanente; de tal forma que estemos conectados mayormente con Dios y no con el mundo. “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”. 2 Corintios 13:14.

En una conexión con el mundo chateamos, hablamos, compartimos imágenes y videos, vemos lo que otros nos envían o comparten y esta actividad se puede prolongar hasta altas horas de la noche, lo que hace que las personas muchas veces se olviden hasta de sus necesidades fisiológicas, sobre todo cuando están participando de juegos en línea. 

Algo similar ocurre cuando estamos conectados con Dios a través de su Santo Espíritu, a Él lo alabamos, le adoramos, le entonamos cánticos, leemos su palabra, oramos, intercedemos y también dedicamos tiempo a escuchar lo que Él nos tiene que decir, o lo que nos tiene que mostrar a través de sueños y visiones; sin embargo esta actividad resulta aburridora para la mayoría del mundo incluyendo los religiosos, pues ellos lo único que saben hacer es ir a un tempo y simular que están escuchando el sermón o la alabanza, mientras su mente está en los negocios y en los problemas de su vida cotidiana.

Y la verdad es que la conexión con el mundo trae entretenimiento y ratos de diversión, pero la comunión con Dios o la conexión con Dios, trae gozo eterno y allí se experimentan delicias indescriptibles para el lenguaje humano: “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”. Salmos 16:11. En cuanto a las consecuencias de cada tipo de conexión, este mundo un día se acabará como efecto de los juicios de Dios y el hombre que nunca buscó conectarse con Dios, quedará expuesto al castigo eterno en el lago de fuego y azufre; mientras que la conexión con Dios traerá vida eterna en el reino de los cielos.

La tecnología no la podemos desechar, pues es parte de la sabiduría que Dios le ha dado al hombre para que defina qué hacer con ella, si el bien o el mal. La tecnología no podría haberla escondido Dios del hombre, porque solo allí tiene la oportunidad de demostrar qué es lo que verdaderamente desea hacer el ser humano, si estar conectado con el mundo o estar conectado con Dios.

La voluntad de Dios es que estemos mayormente conectados con Él y que usemos la conexión del mundo para gestionar allí lo realmente necesario y no para diluir el tiempo o buscar en qué entretenernos. Un ejemplo de cosas buenas y necesarias de la conexión al mundo podrían ser: Mantenernos enterados de lo que está sucediendo en diferentes lugares para estar en oración e intercesión, acceder a las empresas de servicios públicos y de servicios financieros para consultar estados, transacciones y pagar cuentas; mantenernos actualizados en cuanto a nuestra formación académica, acceder al conocimiento y la sabiduría que Dios nos ha dejado a través de su palabra digitalizada, a través de publicaciones de comentaristas o a través de videos de evangelistas, pastores y maestros.

¿Y por qué las personas no quieren conectarse con Dios?

La verdad es que este mundo en su mayoría es perverso y está corrompido (aun los que se creen justos y buenos por cuanto han desechado a su Creador), por lo cual no quieren saber nada de Dios, pero sí desean estar al tanto de todo lo que se publica en las redes sociales, también quieren estar al tanto de todos los contenidos chistosos y obscenos, de los contenidos que promueven la idolatría y la promiscuidad sexual, de los contenidos que incitan a la violencia y a las protestas sociales, de los contenidos que violan la moral y las buenas costumbres, de los contenidos que sacian sus pasiones como la música secular y sus espectáculos, y tampoco se queda atrás el futbol que mueve las pasiones de millones de personas. Si las cosas de Dios movieran el corazón de las personas tanto como el futbol, les aseguro que este mundo sería un paraíso a comparación de como lo vemos hoy.

Estimado hermano y amigo, conéctate con Dios para llenar las necesidades de tu corazón y luego conéctate con el mundo para suplir allí todo lo que necesitas para subsistir como individuo, pero no para llenar las pasiones y los deseos de tu carne; solo así encontrarás el gozo y la paz que necesita tu corazón, mientras que Dios te conduce por sus caminos, garantizándote la vida eterna en el reino de los cielos.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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