Descuidar su alma, el error más grande del mundo.

Esta vida para muchos es una carrera desenfrenada, algunos corren para alcanzar sus metas mientras gozan de vida y de salud, y otros corren solo para sobrevivir; pero al final de sus vidas se dan cuenta que todos sus esfuerzos fueron en vano, porque descuidaron lo más importante de esta vida, SUS ALMAS.

Texto: Marcos 8:36-37.

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”.

CONCLUSIONES.

El hombre desde su concepción inicial es tripartido, compuesto por cuerpo, alma y espíritu; pero su cuerpo terrenal morirá un día, a no ser que participe en el rapto de la iglesia, cuyos cuerpos serán transformados en los aires antes de la reunión con Jesucristo: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. 1 Corintios 15:52-53.

De esto texto, podemos deducir que el día del rapto, todos los que murieron en Cristo serán resucitados con un cuerpo incorruptible e inmortal, apto para vivir el mundo espiritual; y que los que estén vivos en ese momento no morirán, pero sus cuerpos serán transformados en cuerpos incorruptibles e inmortales, los cuales contendrán en su interior el alma y el espíritu que también son eternos desde la creación de cada ser humano.

La función entonces del cuerpo (corruptible o incorruptible) es servir de cubierta o vehículo al alma y al espíritu, que no pueden ser independientes del cuerpo; pero que aquí en la tierra están sujetos a un cuerpo que es susceptible al pecado y que se mueve dentro de un mundo perverso. El cuerpo entonces es un instrumento por medio del cual se manifiesta el alma y el espíritu del hombre; no así sucede con los espíritus inmundos y demonios que no tienen cuerpo y que necesitan tomar el control de algún ser humano para hablar o ejecutar diferentes tareas, y a este estado del hombre se le llama estar endemoniado o poseído por entidades de las tinieblas.

Durante la vida terrenal, el alma del hombre (específicamente su corazón, que es uno de sus principales componentes), se manifiesta a través del cuerpo ejecutando actividades pecaminosas (para aquellos que viven según la carne) o produciendo el fruto del Espíritu Santo (para los que viven según el Espíritu); lo que indudablemente nos muestra que hay otros espíritus que pueden convivir con el espíritu del hombre como son: Los demonios que incitan al hombre a cometer pecado y a rebelarse en contra de Dios y el Espíritu Santo que lleva al hombre a vivir en justicia, en amor y en obediencia a Dios.

Los que supuestamente se creen neutros, es decir, que pareciera que viven en amor porque no le hacen daño a nadie, pero que no tienen la presencia del Espíritu Santo, estos sólo son incrédulos que han desechado la obra redentora de Jesucristo en la cruz del calvario y que lo han ignorado como el único señor y salvador de la humanidad; pero ellos no están solos, pues en su interior también conviven espíritus de incredulidad y de idolatría.

Dados estos principios, podemos decir, que la vida terrenal es una gran oportunidad para que el alma demuestre a quién le quiere servir, si al reino de las tinieblas el cual conduce a la muerte o al reino de justicia el cual conduce a la vida: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. Deuteronomio 30:19.

Pero si el hombre nunca se ha interesado por buscar de Dios y del conocimiento de su palabra, seguramente que seguirá sus instintos carnales y los designios de su corazón, y terminará viviendo para el mal con su consecuente castigo en el infierno. Aquí no importa si fue un líder mundial que ayudó a concertar la paz en muchas naciones, tampoco importa si fue un líder religioso que congregó pueblos enteros, tampoco importa si fue un cantante que movió multitudes, tampoco importa si pertenecía al mejor equipo de futbol que deleitaba a las multitudes, tampoco importa si fue un millonario que invirtió recursos en la niñez desamparada o en la pobreza; aquí solo cuenta si vivió para el mundo (descuidando su alma) o si vivió para Dios (guardando su alma).

Y por lo anterior es que la mayoría de la humanidad llegará al final de sus días, sin haberse percatado que tenía un alma para cuidar y santificar, apartándola del pecado, de la injusticia y de la indiferencia delante Dios; por lo tanto tendrán que someterse al castigo de sus iniquidades: “Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos”. Levítico 26:43.

Hay dos aspectos que son totalmente visibles en el texto principal: El primero, es que entre más bienes y riquezas trate de conseguir el hombre, más apartada estará su alma de Dios, porque donde esté su tesoro allí también estará su corazón: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”.  Y lo segundo es que cuando llegue el juicio final, el hombre no tendrá absolutamente nada que pueda pagar el rescate de su alma, pues todo quedó en la tierra, y solo dispondrá de un abogado defensor que es Jesucristo, solo si, estando en vida le recibió como su señor y salvador, y si decidió obedecer a sus mandatos antes que a los designios de su carne: “¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”.

Estimado hermano y amigo, recuerda que tienes un alma para salvar del castigo eterno y esto solo se puede hacer mientras estés vivo sobre la tierra, pues allá al otro lado solo vamos a recibir el fruto de lo que hicimos aquí en la tierra; por lo tanto, no puede esperar al último día de su vida para reflexionar y darse cuenta que perdió muchos años buscando las vanidades ilusorias de este mundo y que nada de lo que consiguió le va a servir para rescatar su alma; pero que los que quedan vivos sí disfrutarán de todo el sudor y el sacrificio con que logró conseguir sus bienes y riquezas.

¿Y cómo debemos cuidar nuestra alma? La respuesta de Dios es simple, escudriñemos su palabra y guardemos sus mandamientos, así el alma estará rebosante de vida, gozo y paz; de lo contrario, es decir, despreciando los caminos de Dios, solo nos espera el tormento perpetuo en el infierno: “El que guarda el mandamiento guarda su alma; Mas el que menosprecia sus caminos morirá”. Proverbios 19:16.

Finalmente debemos recordar que el descuido espiritual tendrá un costo muy alto para nuestra alma, lo cual significa la muerte segunda o la estadía eterna en el lago de fuego y azufre: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. Ezequiel 18:20.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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