La terquedad del hombre, su propio destructor.

La terquedad y la obstinación han acompañado al hombre desde los inicios de la vida fuera del Edén; pues el hombre se cree autosuficiente y fuera de eso es orgulloso, para escoger sin la ayuda de Dios, el camino que transitará durante su estadía en la tierra, con el cual cree que conseguirá todos sus objetivos.

Texto: Lucas 17:27.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos”.

CONCLUSIONES.

Noé tardó 120 años construyendo un arca en que se salvarían parte de esa generación y también todo género de animales que había en ese entonces sobre la tierra; pero lo interesante es que durante todo ese tiempo Noé les estuvo advirtiendo y nadie creía que habría un diluvio tan grande que anegaría la tierra y haría imposible la vida sobre ella.

Es por esto que dicha generación siguió en su rutina trabajar, estudiar, sembrar, cosechar, comer, beber, dormir, hacer fiestas, casarse, etc.; pero no hacían nada fuera de lo habitual, algo que denotara que realmente habían creído al llamado de arrepentimiento por parte de Dios a través de Noé; ellos solo vinieron a creer el día que empezaron las lluvias y que el agua ya les llegaba a sus tobillos, pero ese día ya era tarde, porque Dios ya había cerrado la puerta del arca y ya no había forma de volverla a abrir para que entrara alguien más; en conclusión, todos murieron ahogados exceptuando la familia de Noé, que habían creído y entrado a tiempo en el arca.

¡Qué desastre tan tremendo, pues una generación completa fue destruida! Pero la pregunta es, ¿Se hubiera podido evitar? La respuesta es: Claro que sí; si hubieran creído, hasta hubieran participado en la construcción del arca o de varias arcas si hubiese sido necesario; y siendo más realistas, si este pueblo hubiera creído y como consecuencia de ello también se hubiera arrepentido, entonces Dios no hubiera tenido motivos para enviar un diluvio destructor, con el fin de comenzar una nueva generación sobre la tierra.

Esto es historia, pero hoy en el mundo estamos viviendo una situación similar con todas sus características, pues Dios a través de su hijo Jesucristo nos ha hecho un llamado al arrepentimiento que muchos han ignorado: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 4:17.

Y este llamado no lo está haciendo Dios hace 120 años, sino desde hace 2,026 años; y tampoco han creído en su mayoría como en la generación de Noé, sino que el hombre se ha rebelado en contra de Dios, ha aumentado la perversión, la maldad y la injusticia; y es como si estuvieran diciéndole al Creador: “Oye Dios, déjanos vivir nuestra vida, déjanos ser felices sin tener que darte cuenta de todos nuestros actos”.

Es decir, el hombre sigue siendo terco y obstinado, no entiende que va hacia el precipicio y que el único que puede parar su caída es Jesucristo el Hijo de Dios, si se arrepienten y le entregan sus vidas, y deciden vivir bajo los parámetros de Dios y no bajo los preceptos del hombre; si deciden vivir en obediencia y santidad a Dios y no gozando de los placeres del mundo y de la carne.

Desafortunadamente el hombre también ha sido insensible, pues Dios ha estado intentando conmover su corazón mediante terremotos, guerras, avalanchas, ventarrones, tornados, calores extremos, injusticias, persecución, etc.; pero el hombre no reacciona y antes endurece más su corazón, y está tan profundamente dormido que, si el colchón donde duerme se lo llevara la corriente, solo despertaría cuando estuviera siendo torturado en medio del infierno, sin posibilidades de hacer nada para escapar de allí: “Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse”. Jeremías 5:3.

Se prevé que aún durante los juicios futuros sobre la tierra, los cuales serán graduales, el hombre no reaccionará positivamente, sino que con orgullo y altives de espíritu, lo que hará es blasfemar en contra de Dios, pero no habrá en su corazón el más mínimo deseo de arrepentirse: “Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria”. Apocalipsis 16:9.

Estimado hermano y amigo, no esperes a que lleguen los juicios sobre la tierra para arrepentirte y cambiar tu estilo de vida; lo que ahora ves son solo llamados de atención o principio de dolores, para que el corazón del hombre recapacite, reflexione y finalmente rinda su voluntad a Dios. Y si el hombre no despierta de ese sueño letárgico, solo le espera el lloro y crujir de dientes por una eternidad.

El problema común parece ser la incredulidad y la indiferencia delante de Dios, cobijados bajo el manto de la terquedad y la obstinación, que hacen que la gente esté perdida en la ignorancia y que todavía sigan pensando en la teoría de la evolución y creyendo que, por causa del avance de la tecnología, que vendrán tiempos mejores para el hombre; pero esto es una mentira de las tinieblas, porque este mundo está a punto de acabarse y la gente sigue obstinada y terca, pensando que fuera de la cobertura de Dios la vida es mucho mejor para ellos y la realidad es que el Creador habló y esto se cumplirá contra viento y marea: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. 2 Pedro 3:10.

La terquedad es buena cuando se trata de alcanzar objetivos buenos y justos (como el velocista de la imagen); sin embargo, cuando es utilizada para ignorar los llamados de Dios, sus resultados son catastróficos, tanto que llevarán las almas a la muerte segunda en el lago de fuego y azufre. Que no te pase esto a ti, que todavía estás vivo y con esperanzas, y que todavía puedes construir tu futuro eterno.

Y el llamado no es solo para los incrédulos testarudos, sino también para los seguidores de sectas, filosofías y religiones, los cuales están relajados pensando que al abrigo de sus religiones van a encontrar salvación para sus almas; y aunque se les dice que van hacia el abismo, ellos con orgullo responden: “Esta es la religión de mis padres y no la dejaré aunque muera”; pero lo que no saben es que van a despertar en el infierno y no en el cielo como creen todos ellos; pues si no reciben a Jesucristo el hijo de Dios como su salvador y tampoco dejan de honrar ídolos, esculturas, santos y dioses paganos, no les queda otro camino que el infierno.

La terquedad y la obstinación destruyó a la generación de Noé, pero también destruirá a la generación moderna que cree que la inteligencia artificial lo arreglará todo sin la ayuda de Dios. El hombre cree que usando fuentes de energía renovables que no impacten al medio ambiente, que entonces este planeta se recuperará; pero no se hagan ilusiones, que mientras el hombre no se convierta de sus malos caminos, esta generación seguirá caminando estrepitosamente hacia el abismo.

Recomendaciones finales.

Dios nos manda a apartarnos de la glotonería, de la embriaguez y de los afanes de esta vida, y también a estar velando y orando en todo tiempo, para que seamos tenidos por dignos de escapar de estos juicios y de estar gozosos en pie delante de Jesucristo; y esto implica que los hombres inconversos deben también arrepentirse y recibir a Jesucristo como su único salvador: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”. Lucas 21:34-36

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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