Cómo evitar el lago de fuego y azufre.


Una gran parte del mundo piensa que los padecimientos que hoy tiene la humanidad son indicios de que ya estamos en el infierno; ¿Pero sabrá el hombre cuál es la dimensión real del lago de fuego y azufre, donde los muertos sin Cristo pasarán una eternidad llena de sufrimientos?

Texto: Apocalipsis 20:15.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.

CONCLUSIONES.

¿Qué es el lago de fuego y azufre?

Este es un lago ubicado posiblemente en el centro de la tierra, así como lo está el infierno; aunque si bien, habrá un cielo y una tierra nuevos, no tendría sentido que ese lago estuviese allí; pero es totalmente independiente del infierno y aún está libre de convictos, hasta que llegue el juicio final donde se proferirán los veredictos, cuyo castigo es el lanzamiento a lago de fuego, para aquellos que no están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Este lago en vez de agua contiene fuego y azufre, cuyo fuego nunca se apaga y cuyo tormento es eterno; y allí estará el mismo diablo, junto al anticristo, la gran bestia y el falso profeta, además de todos los seres humanos que nunca rindieron su vida a Jesucristo el Hijo de Dios: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos”. Apocalipsis 20:10. Por lo tanto, si el diablo te ofrece un futuro eterno lleno de placer, no le creas, te está engañando a ver si logra que le acompañes en aquel tormento eterno.

¿Y por qué el hombre sin Cristo debe ser atormentado en este sitio?

El hombre común es propiedad del diablo y está bajo la esclavitud del pecado y de las tinieblas, dado que le ha trasferido el título de propiedad de su alma a satanás a causa de la rebelión en contra de su Creador y el valor de este rescate es impagable desde el punto de vista humano; es decir, que no tenemos ninguna riqueza lo suficientemente grande que pueda pagar el rescate de nuestras almas, pues el diablo goza de todas las riquezas del mundo (en forma temporal), lo que significa que cualquier valor que pueda entregarle el hombre es algo insignificante, por eso vemos como el diablo le ofrecía las riquezas y la gloria del mundo a Jesucristo a cambio de adoración: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Mateo 4:8-9.

El diablo solo tenía en mente el destruir al Hijo de Dios y por eso le hizo una exigencia mucho más grande y fue su sangre, porque es una sangre pura y sin mancha, la cual finalmente derramó en la cruz del calvario. La cruz del calvario era inevitable, pues solo allí Cristo podía derrotar al diablo, además de pagar un alto precio por el rescate de la humanidad y de ofrecer un sacrificio santo y único a nuestro Padre Celestial: “Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”. 1 Pedro 1:19.

Entonces el que no pague este rescate, indudablemente tiene que pagar con su vida, con su llanto y con su dolor eterno; pues, aunque el diablo tuviera “misericordia” de esas almas (que es algo imposible) y se las devolviera a Dios, el Padre no podría recibirlas porque están sucias de pecado, de maldad y de inmundicia: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”. Apocalipsis 21:27.

¿Por qué todo el mundo no fue rescatado de las garras del diablo?

La verdad es que Dios es muy respetuoso de la voluntad del hombre, del libre albedrío conque lo dotó desde su creación; por lo tanto, el hombre debe demostrar que quiere escapar del reino de las tinieblas (no del infierno porque de allí no hay escapatoria) y hacerse partícipe de la gran familia de Dios, que es aquella familia redimida y justificada mediante la sangre del Cordero; y para escapar de la potestad del diablo debe escuchar el evangelio de salvación (en el infierno ya solo se escuchan llantos), debe creer en la obra redentora de Jesucristo y debe recibir a Jesucristo como su señor y salvador, para que el Espíritu Santo de Dios entre a morar en su corazón y finalmente sea trasladado del reino de las tinieblas a la luz y tenga asegurada la salvación al momento de morir físicamente: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.  Colosenses 1:13.

Como resultado de este proceso (que se denomina conversión o nuevo nacimiento) ocurren cuatro cosas muy importantes: Primero, cada individuo es arrebatado del reino de las tinieblas y trasladado al reino de la luz; como segundo el Espíritu Santo entra a morar en sus corazones; como tercero son sellados con el Espíritu Santo como miembros de la familia de Dios; y como cuarto son inscritos en el libro de la vida del Cordero: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”. Efesios 1:13-14

Si el hombre no acude a Jesucristo para que lo rescate de las tinieblas, entonces cuando este muera, irremisiblemente irá al infierno; así se crea bueno, así se crea justo, así crea que no le hace mal a nadie, así crea que los santos de su religión están intercediendo por él, así crea que existen otros dioses de su agrado con quienes ha establecido compromisos para su futuro, etc.

En síntesis, el hombre sin Cristo en su corazón y que como consecuencia de ello no está inscrito en el libro de la vida, en el momento de su muerte será llevado al infierno y luego del juicio final será lanzado al lago de fuego y azufre, donde será atormentado por una eternidad: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.

Lo difícil de este asunto es que mucha parte de la humanidad son hombres comunes que no tienen a Cristo en su corazón y que por ende no tienen asegurada la salvación de sus almas; pero la inmensa mayoría piensan que estas cosas descritas en la Palabra, son como las obras literarias donde sus autores humanos se inventan todo tipo de historias; más no es así con la Biblia, pues esta es una Palabra inspirada por Dios y transcrita a través de sus apóstoles y profetas: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. 2 Timoteo 3:16.

Por lo tanto, aquí hay dos problemas para el hombre común, el primero es que si estima la Palabra de Dios como si fuera una obra literaria, ya está perdido, pues no ha creído que hay un Dios real y que también Él mismo se ha ideado un plan de salvación para el hombre. El segundo problema es que, por el hecho de no leer la Palabra de Dios, entonces tampoco sabe qué es el lago de fuego y azufre y, por lo tanto, tampoco podrá escapar de él, pues ha ignorado por completo a Dios y sus instrucciones para liberarlo de la esclavitud del pecado y de las tinieblas.

Caer al lago de fuego y azufre es facilísimo, pues el hombre natural que anda sin Cristo en su corazón; el religioso que confía en sus ídolos, en sus tradiciones y en sus propios santos; y los seguidores de sectas que dicen tener sus propios dioses, tampoco están inscritos en el libro de la vida y, por lo tanto, terminarán siendo lanzados al lago de fuego y azufre. Solo basta quedase quieto, sin hacer ningún esfuerzo adicional y entonces terminará siendo un convicto más de lago de fuego y azufre; esto por el hecho de no acudir a Jesucristo quien es el único que lo puede rescatar.

Si el hombre sigue complaciéndose con el pecado, si el hombre sigue ignorando el llamado de Dios al arrepentimiento, si el hombre sigue pensando que su religión o sus ídolos lo van a salvar, si el hombre sigue pensando que hay otros dioses menos exigentes, si el hombre sigue pensando que el infierno es un cuento de hadas, si el hombre sigue prefiriendo una vida sin compromisos con Dios, si el hombre sigue llevando una vida espiritual sedentaria, esperando la salvación sin dar nada a cambio; si el hombre sigue pensando que es algo divertido el decir vulgaridades y mentiras y hacer injusticia; entonces no habrá forma de que nadie pueda detener su camino y su posterior caída estrepitosa al lago de fuego y azufre.

Una vez muerto el hombre sin Cristo, este irá al infierno donde tendrá unos padecimientos temporales mientras se presenta ante el gran juicio final, pero luego del juicio será lanzado al lago de fuego y azufre, al igual que el infierno con todo su ejército, pues este también será lanzado a ese lugar de tormento: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”. Apocalipsis 20:14.

¿Será terrorismo psicológico aquello del infierno y del lago de fuego?

Ojalá lo fuera y que esto realmente no existiera; pero Jesús vivió en carne propia las tentaciones del diablo, tratando de hacerlo caer de la gracia del Padre, para que fuera merecedor del infierno.

Y en nuestra posición humana, es mucho mejor que tengamos temor y temblor ahora por causa de nuestra salvación y no que un día despertemos en medio del fuego y con asombro tengamos que llorar y gritar sin que haya consuelo para nuestras almas; por eso nos manda Dios a ocuparnos hoy de nuestra salvación con temor y temblor: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Filipenses 2:12

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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