Solo Cristo hace al hombre feliz.

La gente del común necesita experimentar una serie de eventos para sentirse feliz; de lo contrario, dicen ellos que su vida es aburrida y monótona, sin ningún incentivo para sus almas; pero no han indagado en la Palabra de Dios, para ver qué nos revela ella sobre el lugar y las actividades donde se encuentra la verdadera felicidad para el hombre.

Texto:  Salmos 16:11.

Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

CONCLUSIONES.

El hombre común necesita desarrollar una serie de actividades para distraer su cuerpo y su mente, y así obtener una supuesta felicidad pasajera; veamos algunas de esas actividades:

1.  Necesita sentarse con sus amigos en un lugar público o afuera de su casa y tomarse varias cervezas para que, en el calor de ellas y al sonar de la música, se cuenten sus penas, sus emociones y sus proyectos.

2.  Necesita ir a presenciar un partido de futbol para sentirse emocionado, eufórico y tener la certeza de que está aprovechando bien su tiempo.

3.  Necesita ir de paseo para alejarse de sus problemas cotidianos y brindarle otras sensaciones a sus ojos y a todos los demás miembros de su cuerpo, para experimentar otros ambientes, otras actividades y también otras comidas.

4.  Necesita reunirse en familia para compartir, para degustar de diferentes manjares hechos en casa, para ingerir diferentes tipos de bebidas, para verse con quien hace rato no comparte, para bailar o mover el esqueleto, y hacer todo esto al abrigo de la música y las luces de estas festividades.

5.  Necesita estar ante un árbol de navidad totalmente iluminado, con diferentes temas, luces y colores; también necesita recibir y dar regalos, para sentir que es un tiempo de fiestas y celebraciones, para sentir que lo estiman y también para hacer que otros sonrían recibiendo sus presentes.

6.  Los religiosos necesitan estar ante un pesebre que imita el nacimiento de Jesús, para sentir que de alguna forma están teniendo una relación con Dios, donde cantan villancicos, expresan sus peticiones y esperan ser bendecidos por Dios tanto en el tiempo presente como en el año venidero.

7.  Necesita hacer bulla, alboroto y hasta participar en fuegos pirotécnicos para sentirse dichoso; así ponga en peligro a su familia y a las demás personas de la comunidad donde reside, así no deje dormir a los que por su condición necesitan del descanso.

En síntesis, el hombre común necesita de las festividades navideñas, donde se hacen casi todas las actividades anteriormente descritas y que están relacionadas con la imagen que aparece al principio; pero estas actividades tienen varios problemas:

Primero están orientadas a satisfacer el cuerpo con sus pasiones y deseos, y aquí no hay nada para el alma, porque en estos tiempos es donde menos se va a la iglesia, donde menos se estudia la Palabra de Dios, donde menos se ora, etc.; y como resultado de esto el alma sigue sedienta y hambrienta, porque para ella no hubo absolutamente nada.

Como segundo, muchas de estas actividades conducen al pecado como: Glotonería, embriaguez, chismes, adulaciones, la idolatría al colocar y honrar un muñeco de yeso como centro de un pesebre, la idolatría al pedirle a un árbol de navidad unos buenos deseos para el año siguiente, las mentiras muy comunes cuando se comparte con amistades, las vulgaridades, la maldad al despertar a los vecinos con las explosiones de la pólvora, la indiferencia para con Dios porque van detrás de un espíritu de navidad (que es una potestad de las tinieblas encargada de estas festividades) y no en busca del Creador; la supuesta magia que le atribuyen a la navidad, que no es más que supersticiones y en algunos casos intervención de las tinieblas, porque ellos también pueden hacer ciertas señales; y qué decir de los usureros que aprovechan este tiempo para aumentar sus ganancias en todo tipo de comercio y servicios de transporte; el orgullo, vanidad y prepotencia para jugadores e hinchas de un equipo de futbol que va adelante en el torneo; pero ira, odio y sentimiento de venganza para los que han sido derrotados; etc.

Y como tercero, la felicidad que traen estas festividades es pasajera, es como el sol que pasa, que calienta el día, pero una vez llega la noche, entonces vuelve el frío (sobre todo en desiertos y climas fríos); es decir, que todo en diciembre está caliente por las festividades, pero en enero del siguiente año ya todo está frío de nuevo.

¿Y es que hay bebidas, alimentos y regalos para el alma?

Claro que sí, el cuerpo debe alimentarse mínimo tres veces al día y el alma también lo debe hacer, solo que su alimento es la Palabra de Dios: “Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4.

Dirán muchos: ¿Y qué gano con leer la Palabra de Dios?

Puedo decir a ciencia cierta, que la Palabra de Dios es la medicina que cura todos los males del hombre, que también es medicina para el cuerpo, y que como valor agregado trae gozo y paz al corazón, por varias razones: Primero, mediante ella recibimos la sabiduría de lo alto, la sabiduría celestial que capacita al hombre para vivir eternamente; como segundo, mediante ella Dios nos revela el plan de salvación para nuestras almas; como tercero esta nos lleva a ser conscientes de que somos pecadores y que necesitamos del arrepentimiento; como cuarto esta nos conduce hasta la presencia de Jesucristo para que le recibamos como señor y salvador de nuestras vidas; como quinto la Palabra nos lleva a que el Espíritu Santo de Dios entre a morar en nuestras vidas (mediante el bautismo) y que llene ese vacío en el cual antes hacían presencia espíritus inmundos y demonios; como sexto el hombre es librado de la potestad de las tinieblas y hecho miembro de la familia de Dios, en la cual vivirá eternamente en el reino de los cielos; y como séptimo nos lleva a recibir el sello de redención, que es el boleto de entrada a la Nueva Jerusalén.

En síntesis, la Palabra de Dios conlleva a que recibamos un tesoro valiosísimo (el Espíritu Santo) en nuestro corazón, el cual llena e ilumina inmediatamente nuestro ser completo (espíritu, alma y cuerpo), de la misma forma en que se enchufa un árbol de navidad a la corriente eléctrica y todo se ilumina. En este punto el hombre no necesita más nada para ser feliz, no necesita ningún tipo de diversión del mundo; pues con Cristo en su corazón (que es parte del alma), su cuerpo también irradia gozo, paz y alegría como lo dice el texto principal: “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

La palabra “plenitud” significa que lo llena todo hasta quedar rebozando y la frase “para siempre” significa que se trata de algo perdurable, algo eterno; las cuales son cualidades de las bendiciones otorgadas por la presencia de Dios en nuestro corazón.

Y como prestación adicional, Dios abre los ojos del hombre para que vea el camino correcto que Él le ha trazado, para que no tropiece mientras esté viviendo en este mundo, camino el cual lo llevará a feliz término, evitando que pueda caer al infierno y posteriormente al lago de fuego y azufre, como dice esta frase: “Me mostrarás la senda de la vida”.

Estas festividades pasan y a muchos se les acaba el tiempo de vacaciones y de permisos, pero también se les acaba el dinero y por lo tanto, en enero del siguiente año se tienen que hacer a la idea de que hay que volver a empezar con ahínco y esfuerzo un nuevo año de trabajo, para tratar de conseguir lo que no pudieron lograr el año anterior; es decir, que cada año se cumple el mismo círculo vicioso, pero las personas siguen vacías, siguen buscando con esmero algo que no saben qué es, pero que Dios sí lo sabe y que está reservado en su Palabra para aquellos que acepten su evangelio, para aquellos que busquen ser rociados con la sangre del Cordero y que vivan una vida de obediencia y santidad a Dios.

Pero aquí no termina todo y hay un tesoro aún mayor para aquellos que buscan verdaderamente de Dios y que reciben a Cristo en su corazón y ese tesoro es la VIDA ETERNA. Si usted se sigue deleitando en las cosas pasajeras y pecaminosas de este mundo como la navidad, un día morirá y cuando sea recibido por los demonios y llevado al infierno, se dará cuenta que perdió su tiempo buscando cómo satisfacer su carne, y que no se ocupó de solucionar el problema de la vida eterna para su alma; en cambio los que mueren con Cristo en su corazón, son recibidos por ángeles de Dios que lo llevarán al reino de los cielos, donde habitará por siempre rodeado de amor, gozo, paz e inmortalidad; y por eso dice el texto principal, que tendrá “delicias a su diestra para siempre”.

Estimado hermano y amigo, recapacita hoy y pregúntate qué estás haciendo con tu alma; pues si continúas deleitando solo tu carne e ignorando las necesidades de tu alma, entonces esta se perderá definitivamente en el infierno, porque no habrás logrado que esa luz del evangelio y esa luz de Jesucristo lleguen a tu corazón, te liberen de la esclavitud del pecado y de las tinieblas, y hagan resplandecer con gozo y felicitad tu ser completo.

Una vez tengas a Cristo en tu corazón, te darás cuenta de que las festividades y la participación en las costumbres paganas de este mundo sobran, y que a pesar de que las personas sientan un gozo temporal, en el fondo estas festividades están alejando a las personas cada vez más de Dios; pues Dios busca personas que le adoren en espíritu y en verdad y no personas que se deleiten en la carne con sus pasiones y deseos; es decir que cuando la gente cree que se está congraciando con Dios, antes se están haciendo sus enemigos: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. Santiago 4:4.

En síntesis, Dios no busca personas que se agraden y se deleiten así mismas, sino personas que agraden a Dios, deleitándose en su Palabra, obedeciendo a sus mandamientos y buscando su presencia de día y de noche; y cuando esto sucede, el hombre está completo y no necesita de las cosas del mundo como la navidad para sentirse feliz, y ahí es donde aplica el título de esta reflexión que dice: “Solo Cristo hace al hombre feliz”. Y para los que leyeron hasta aquí, reciban un abrazo de mi parte y también las bendiciones del Dios Altísimo.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

  

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