¿Dónde estará Dios?
Ante la crisis mundial que vivimos hoy, muchos se preguntan: ¿En dónde estará Dios que no interviene en los problemas de este mundo?
Texto:
Mateo 18:20.
“Porque donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
CONCLUSIONES.
Para comenzar, es necesario partir del fundamento de la
trinidad: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el
Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. 1 Juan 5:7. Esto
significa que Dios está compuesto por tres personas, cada una con facultades
completas como individuo que piensa, razona, escucha, habla, actúa y se
comunica con el hombre; ellos son: El Padre cuyo nombre es Jehová de los
ejércitos, el Hijo con su función creadora como el Verbo, cuyo nombre es Jesus
y el tercero es el Espíritu Santo de Dios, cuyo nombre hoy es el Consolador.
El Padre tiene su sede en el reino de los cielos: “Por
esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y
el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos” Apocalipsis
7:15; mientras el Hijo tomó cuerpo de hombre, para morir en la cruz del
calvario y con su sangre redimir al hombre del pecado, pero que luego de su
resurrección está sentado a la diestra de Dios el Padre: “Puestos los ojos
en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de
él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono
de Dios” Hebreos 12:2; y el Espíritu Santo que hoy tiene su sede en la
tierra, dado que fue enviado como el Consolador para el pueblo cristiano, una
vez que Jesucristo ascendió al reino de los cielos; y le fue dado funciones
explícitas de enseñarnos y recordarnos todo lo que dijo Jesús: “Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan
14:26.
Con estos fundamentos podemos decir entonces que Dios hace presencia en estos tres lugares:
1. Está presente en su trono en el reino de los cielos, como el Padre: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Apocalipsis 3:21.
2. Está presente en el corazón de cada persona que escucha el evangelio, se arrepiente y recibe a Jesucristo como su señor y salvador, en el cual entra a morar el Espíritu Santo de Dios: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. Efesios 1:13.
3. Está presente en medio de sus hijos, que son aquellos que se han convertido de verdad a Dios, y lo hace a través de su Espíritu Santo, donde haya dos o más personas congregadas en su nombre, como lo dice el texto principal: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Hay que aclarar algo muy importante y es la capacidad de
Dios para observar desde los cielos lo que hace cada ser humano y aun lo que
piensa, facultad que se denomina omnipresencia: “Desde los cielos miró
Jehová; vio a todos los hijos de los hombres”. Salmos 33:13.
Y fuera de que mira desde el cielo, también tiene la
capacidad de escudriñar la mente y el corazón del hombre: “Y tú, Salomón,
hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con
ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende
todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo
dejares, él te desechará para siempre”. 1 Crónicas 28:9.
En términos generales, hay dos razones para que Dios no esté presente atendiendo los problemas de la humanidad:
1. La primera de ellas la encontramos en la parte final de 1 Crónicas 28:9: “Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre”. Y el hombre en vez de buscar a Dios, más bien lo ha ignorado y ha centrado su vida en la búsqueda de las cosas materiales, en saciarse con los placeres del mundo y de la carne; y por el hecho de no considerar a Dios en su vida, es que Dios ha desechado al hombre como multitud para siempre; es decir, que ya no hay retroceso, no hay forma de que el hombre como sociedad se convierta de sus malos caminos, a excepción de aquellos individuos que reconocen su pecado y acuden arrepentidos a los pies de Cristo para recibirle como señor y salvador de sus vidas, a quienes el Espíritu Santo acompaña día y noche haciendo presencia en sus corazones.
2. La segunda razón y muy obvia, y es que Dios hace presencia solo en los lugares santos o donde se está buscando la santidad, como su trono que es santísimo, en el corazón del hombre que busca la santidad y en una reunión de personas donde buscan la presencia de Dios; y por lo tanto Dios no puede estar presente en las actividades que desarrolla el hombre común (sin Cristo en su corazón) y mucho menos donde haya presencia de pecado; y por esto podemos decir que Dios no está en un río donde la gente va a comer sancocho y a bañarse; tampoco está en una playa, donde la gente va a tomar licor y a bañarse en paños menores; tampoco está en una fiesta familiar, empresarial o pública donde hay bebidas alcohólicas, glotonería, adulaciones, mentiras y chistes verdes; tampoco puede estar en un templo que está lleno de imágenes e ídolos de metal o de yeso, pues Dios prohibió la idolatría; tampoco estará en un lugar donde ha ocurrido un juicio de su parte, como un terremoto, una inundación, una guerra o una hambruna; a pesar de que haya muchos damnificados y que a nuestro parecer los sobrevivientes sean dignos de misericordia, pues si Dios envió o permitió el juicio, seguramente que no estará allí para asistir al hombre.
Estimado hermano y amigo, hoy puedes mediante el uso de
tu voluntad, pedir que Dios haga presencia en tu vida mediante su Santo
Espíritu y por eso debes reconocer que eres pecador y acudir a Jesucristo, que es
el único camino dispuesto por Dios para llegar a su presencia y recibirle como
su señor y salvador; pero no puedes esperar que Dios haga presencia directa
donde hay grupos de personas que solo están en planes de diversión o en
competencias, como es el caso de un concierto, un partido de futbol, unas
olimpiadas, una fiesta familiar o popular, un carnaval donde explícitamente se honra
al diablo, etc.
El hombre quiere que Dios venga, se iguale a ellos y se
revuelque en el pecado y en la iniquidad del mundo; así pensaba el pueblo de
Israel y también lo piensa el mundo moderno, pues quieren agradar a Dios con
estas festividades de diciembre, pero solo están agradando su carne, pues
cantar delante de un pesebre lleno de idolatría no es buscar a Dios, reunirse
en familia a disfrutar y agradar su carne, tampoco es buscar de Dios, irse de
paseo tampoco es buscar de Dios.
Por ejemplo, los hinchas de un equipo de futbol invocan a
Dios buscando favores para sus equipos y sus ídolos, pero cuando todo les sale
mal, su boca se llena de engaños, maldiciones y vulgaridades, y su corazón se
desborda de violencia destructiva; es decir, que quieren que Dios se revuelva
con su inmundicia y quieren que Dios sea igual a ellos; y por eso Dios nos
manda a escapar de esos sitios: “Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y
apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré”. 2
Corintios 6:17
En síntesis, Dios es tres veces santo y no podemos
esperar que haga presencia y se revuelva con este mundo pecador; de la misma
forma como Dios habitaba en medio del pueblo de Israel, pero dado que ellos
entraron en rebelión continua contra Dios, entonces Dios se apartó de ellos y
envió a pueblos vecinos como Babilonia, para que los mataran, los despojaran,
los ultrajaran y que luego llevaran cautivos fuera de su tierra a los
sobrevivientes. Este pueblo tuvo en poco a Dios y por tanto fue enviado al exilio durante 70 años; y el
mundo moderno lo está haciendo peor, pues a pesar de que dicen creer en
Dios, no hacen la voluntad de Dios y más bien se confabulan para irritar a
Dios, para pecar y hacer injusticias sobre la tierra.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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