El pecado te hace esclavo del diablo.

El pecado va en aumento en esta generación perversa, dado que muchos son los que han aceptado las ofertas del diablo y se han vuelto sus esclavos mediante la práctica del pecado, para dejar el amor, la misericordia y la justicia, y poner en práctica la indiferencia, el pecado y la maldad; desafortunadamente la mayoría se creen buenos, hasta los que se deleitan en las mentiras.

Texto: 1 Juan 3:8.

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

CONCLUSIONES.

El término “practicar” significa estar repitiendo algo en forma constante, como aquel que hace ejercicio todos los días en el gimnasio, pues va allá exclusivamente con un propósito, el de ejercitar su cuerpo; mientras una mujer en su casa involuntariamente hace ejercicio cuando se dedica a las tareas del hogar; es decir que su propósito inicial no era ejercitarse, sino más bien hacer sus quehaceres domésticos.

Por esto la práctica del pecado tiene un elemento muy particular y es el conocimiento previo de la verdad; por ejemplo, el decir mentiras, es algo que rechaza la conciencia del hombre y que también lo rechaza la Palabra de Dios; pero el hombre sigue insistiendo en mentir porque le agrada y en su interior siente alegría porque con esto está complaciendo al diablo; y peor aún, con esa insistencia ha logrado cauterizar su conciencia para que no lo redarguya al momento de mentir, y por eso se puede catalogar como una práctica; no así sucede en casos extremos, como cuando un ladrón le pide el dinero y usted instintivamente responde que no tiene nada, ahí no hubo ninguna práctica, porque no fue premeditado, ni mucho menos lo hizo voluntariamente.

De esta posición es que salen dos tipos de pecados: Los voluntarios que se convierten en práctica y que traen juicio, porque para ellos ya no opera el sacrificio de Jesucristo (a no ser que ocurra un arrepentimiento verdadero) y los involuntarios que pueden ser redimidos inmediatamente por la sangre de Jesucristo si la persona acude de inmediato a su Salvador.

¿Y por qué los que pecan voluntariamente tienen otro padre diferente del nuestro?

Es simple, el mismo Jesucristo hizo esta declaración al encontrarse frente a una multitud de judíos hipócritas y les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Juan 8:44.

Jesús declaró aquí varios principios: Primero, que el hacer los deseos del diablo o de las tinieblas, hace que seamos sus hijos; segundo, el que practica el homicidio es del diablo, debido a que él ha sido homicida desde el principio; tercero, el que se deleita en las mentiras también es del diablo, porque su reinado se fundamenta en las mentiras.

Nos dice el texto principal que el diablo peca desde el principio y fuera de esto, que es padre de mentira; y por lo tanto, todos lo que pecan voluntariamente son sus seguidores, sus siervos, sus adeptos y mayormente sus hijos; aunque siendo más realistas, son sus esclavos, pues aunque muchos no lo perciban, están haciendo solo los deseos del diablo, así estén cayendo más profundo al foso del pecado; y el hombre solo percibe un gozo temporal que le trae adicción como el caso de los estupefacientes; pues así como el que consume cocaína quiere cada vez dosis más fuertes, así mismo le sucede al que peca, cada día quiere alcanzar nuevas metas y por eso el caos social que reina en el mundo de hoy está en aumento.

Esta práctica, tanto de lo uno como de lo otro, sume al hombre en la esclavitud, debido a que su conciencia no lo ayuda a escapar de allí, sino a hacerse más sagaz para cumplir los propósitos de las tinieblas, y una muestra de ello son los delitos informáticos, donde los delincuentes, en uso de su astucia (la que les provee el diablo), se idean formas cada vez más inteligentes para cometer sus fechorías.

¿Y cómo podemos escapar de este círculo vicioso de la práctica del pecado?

Dios previendo este gran problema del hombre, envió a su Hijo a morir en la cruz del calvario, para que con su sangre nos pudiera arrebatar de las tinieblas, lavarnos del pecado y también justificarnos delante del Padre; solo si el hombre reconoce que es pecador, que quiere cambiar de vida y que quiere recibir a Jesucristo como el señor y salvador de su alma. Mientras el hombre no acuda a Cristo y siga practicando el pecado, entonces no habrá solución para su problema, y juntamente con su padre el diablo irá a parar al lago de fuego y azufre por una eternidad: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados”. Hebreos 10:26.

Por el hecho de que el pecado va en aumento, entonces el amor que posaba sobre los justos se está extinguiendo lentamente; es decir, que la lámpara de los justos se está apagando: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Mateo 24:12.

Y para que el amor de los justos no se extinga completamente, entonces Dios está acortando los tiempos y por esa razón es que vemos que los años pasan más rápido de lo normal: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. Mateo 24:22.

Y si se trata de los hombres impíos y pecadores, para ellos el tiempo correrá más velozmente, por causa del juicio pronunciado contra ellos en la Palabra: “El temor de Jehová aumentará los días; Mas los años de los impíos serán acortados”. Proverbios 10:27

El que practica el pecado generalmente lo hace bajo las sombras de la noche, para que sus obras no sean vistas de los hombres; en cambio, el justo debe hacer sus obras a la luz del día, como parte del testimonio vivo que debe dar a otras personas, para que ellas sean convencidas de su justicia y se conviertan: “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”. Juan 3:21.

Y para los que dicen que es imposible dejar de pecar, Dios dice que sí es posible; pues una vez el hombre se haya arrepentido, haya sido lavado con la sangre de Jesucristo y mediante el bautismo brote como una nueva creatura, entonces el Espíritu Santo que reposa en su corazón lo mantendrá alejado de la práctica del pecado: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. 1 Juan 3:9.

El hecho de ser hijo de Dios y por tratarse de una nueva creatura, esta no practica el pecado porque Dios le guarda: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. 1 Juan 5:18. Hay dos salvedades en este asunto: Primero que los pecados involuntarios continuarán presentándose (los cuales difieren de la práctica del pecado); y segundo es que, si el hombre insiste en pecar, Dios respetará su voluntad y entonces le levantará el cerco de protección para que cumpla sus propósitos, y por eso es que muchos luego de haber llegado a los pies de Cristo, se vuelven atrás a revolcarse otra vez en lodo del pecado y en la miseria del mundo.

Pese a todo esto, encontramos en este mundo una serie de inconsistencias en lo que piensa el hombre comparado con lo que hace (lo que se llama hipocresía); por ejemplo: Los seguidores de sectas extremistas creen que quitándole la vida a ciertas personas, van a ser aplaudidas y recibidas con beneplácito allá en ese cielo donde mora su dios; también los religiosos, aunque no siguen a Cristo sino a las tradiciones del mundo y de su religión, creen estar en paz con Dios y por supuesto también se creen salvos; los que se deleitan en el pecado, creen tener asegurada la salvación, aduciendo que no hay nadie que no peque (pues parece que esta información errónea la toman como licencia para seguir pecando); y hay otros que son felices mintiendo y diciendo vulgaridades, y también creyendo que son de Dios, que porque lo que hacen es parte de las costumbres de las regiones o de las culturas; y así por ese estilo hay muchas personas que conviven con el pecado (y por ende con el diablo), pero al mismo tiempo se creen buenas y también merecedoras de la salvación, que solo está reservada para los hijos de Dios y no para los hijos de las tinieblas.

Estimado hermano y amigo, no todo está perdido, siempre y cuando usted tenga la voluntad de escapar de la esclavitud de las tinieblas y de hacerse siervo del Dios Altísimo, y así de esta forma recuperar su identidad celestial y heredar la vida eterna; y para esto debe acudir al único salvador y redentor cuyo nombre es Jesucristo, quien venció al diablo en la cruz del calvario, y quien puede rescatarnos de la esclavitud del pecado y hacernos verdaderos hijos de Dios: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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