Los muertos sí pueden llevar equipaje.
Hace varios días volví a escuchar un dicho que reza: “Uno se muere y nada se lleva”; pero ¿qué tan cierto es esto que dice la gente? Veamos desde el punto de vista bíblico, si realmente los muertos pueden disponer de un equipaje y qué cosas pueden llevar dentro de él, en el viaje a esa nueva vida.
Texto:
Juan 11:26.
“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
CONCLUSIONES.
Partamos de este principio, que consiste en que, por ser
hechos a imagen y semejanza de Dios, entonces nosotros como humanos somos
eternos en nuestro parte espiritual que está compuesta por el alma y el espíritu;
y que por lo tanto la muerte física solo es el cierre de un episodio que
culmina aquí en la tierra, y que da inicio a un nuevo capítulo, en este caso
eterno y por eso dice el texto principal: “Y todo aquel que vive y cree en
mí, no morirá eternamente”.
A pesar de que la vida terrenal tenga un final trágico
por muertes accidentales o largas penurias, no por eso deja de ser importante,
pues aquí es la preparatoria para esa vida eterna en la cual vamos a disfrutar
o vamos a llorar eternamente, dependiendo de si viajamos o no con Cristo en el
corazón. Pareciera que aquí estamos trabajando solo para lo material, porque
casi todo lo que hacemos está enfocado en sostener nuestro cuerpo, sostener
nuestro hogar y también nuestro estilo de vida; pero muchos de los hombres no
se han dado cuenta que fuimos colocados aquí en la tierra para algo más
importante, para algo más trascendental y que consiste en prepararnos para la
vida eterna.
Esta escuela terrenal se la ideó Dios con el fin de que
el hombre conociera el bien y el mal y que escogiera hacer el bien, la
misericordia y la justicia, para que pudiera vivir perpetuamente; sin embargo,
la mayoría escogió vivir en el pecado, en la maldad y en los vicios; por lo
tanto, no han sido aprobados como verdaderos hijos de Dios, por lo cual
seguirán el camino trazado para el mundo que es vivir el castigo perpetuo en el
lago de fuego y azufre.
Si hay vida más allá de la muerte y esta vida terrenal es
una preparatoria, entonces podemos concluir que como mínimo, algo nos tenemos
que llevar; esto es parecido al que entra a la escuela primaria y obtiene su
título de escolaridad, con el cual se puede matricular en la secundaria; usted
no puede saltarse de una vez a la secundaria, sin pasar primero por la escuela
de primaria. Y así es en el plano espiritual, pues no podemos nacer de una vez
en el cielo y sin ninguna preparación; eso sería equivalente a nacer como
piloto de un avión, sin haber pasado por una escuela de aviación y sin tener las
horas de vuelo necesarias para ser piloto certificado.
Llegar a conducir un avión sin ser piloto certificado,
significa accidente seguro y así sucedería a los que pretenden entrar al cielo
sin preparación (serían consumidos); máxime porque el cielo es santo y allá no
podrá entrar ningún pecador sin arrepentimiento verdadero: “No entrará en
ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los
que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”. Apocalipsis 21:27.
¿Entonces ¿qué nos podemos llevar para la siguiente vida?
Veamos algunas de las cosas que nos podemos llevar al
momento de la muerte, o antes según el caso:
1. El
sello de la redención.
En el ejemplo anterior sobre niveles educativos, hablamos
de un título físico, pero al trasladarnos de la vida física a la vida
espiritual ya se trata es de un sello, el sello de la redención adquirido
mediante el bautismo y la presencia del Espíritu Santo de Dios en nuestro
corazón, lo cual identifica a la persona portadora de este sello como un
verdadero hijo de Dios, inscrito en el libro de la vida del Cordero, y que
tiene entrada libre al reino de los cielos: “En él también vosotros,
habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y
habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.
Efesios 1:13.
Entonces, todo hijo de Dios que muere es trasladado al
cielo juntamente con su sello de redención; en cambio el que escuchó el
evangelio y no quiso creer en él, en su corazón solo lleva la presencia de
demonios, los cuales se encargarán de conducirlo hacia el infierno.
2. El
Espíritu Santo de Dios o los demonios.
Si la persona renunció al pecado y entregó su vida a
Jesucristo, indudablemente llevará en su corazón al momento de la muerte al
Espíritu Santo de Dios; de lo contrario cargará al otro mundo con los demonios
que habitaron en su corazón y que lo gobernaron durante toda su vida terrenal: “¿O
ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”. 1 Corintios
6:19.
3. Los
tesoros acumulados en el banco de los cielos.
Parece que en el cielo no hubiera necesidad de dinero y
mucho menos de adquirir bienes y servicios como aquí en la tierra; sin embargo,
Dios nos habla de que podemos hacer tesoros en el cielo y esto de “hacer”
indudablemente tiene que ver con los recursos físicos que el hombre invierta en
la obra de Dios y también cumpliendo el segundo gran mandamiento, lo que hace
que estemos consignando algún tipo de tesoro allá en el banco de los cielos: “Sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde
ladrones no minan ni hurtan”. Mateo 6:20.
4. Los
préstamos que le hagamos Dios.
Hay una forma simple de prestarle a Dios y esto se hace
dando a los pobres; lo cual hace que Dios se vea obligado a pagarnos, ya sea
aquí en la vida terrenal o allá en nuestra próxima vida; dado que allá hay una
gran inmensidad de tesoros, de los cuales seremos coherederos juntamente con
Jesucristo, nosotros los hijos de Dios: “A Jehová presta el que da al pobre,
Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar”. Proverbios 19:17.
5. La
sabiduría e inteligencia espiritual.
Hay dos clases de alimento: El físico y el espiritual,
uno para el cuerpo y el otro para el alma y el espíritu; y este último nos
llena del conocimiento y de la sabiduría de Dios, los cuales continúan con
nosotros luego de la muerte, dado que estas cosas van incrustadas en el alma: “Por
lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por
vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda
sabiduría e inteligencia espiritual”. Colosenses 1:9.
6. Los
frutos del espíritu.
El hecho de haber nacido de nuevo y de tener la presencia
del Espíritu Santo en nuestro corazón, hace que produzcamos frutos de bondad y
de justicia, y esos frutos también nos acompañan luego de nuestra muerte
física: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo
en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan
15:5
7. La
corona de la vida.
Esta corona es dada en el reino de los cielos para
aquellos que son fieles hasta la muerte, fieles a Dios y a su Palabra; y no es
algo que relativamente se pueda cargar, sino que se construye desde aquí y que
nos estará esperando para que seamos coronados con ella, allá en el reino de
los cielos: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo
echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis
tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de
la vida”. Apocalipsis 2:10.
Estimado hermano y amigo, realmente hay muchas cosas que
podemos llevar al momento de nuestra muerte y esto depende en gran medida de
nuestro grado de preparación espiritual; pues si nunca te has interesado por
acercarte a Dios y de buscar la comunión con Él, entonces nunca estarás preparado
y tampoco tendrás nada qué llevar para la otra vida, a excepción de los
demonios que han convivido en tu corazón todos los años de tu vida.
Como el mundo al que nos vamos a enfrentar es totalmente
espiritual, así mismo serán los componentes de nuestro equipaje; pues no puedes
soñar con llevar tus propiedades terrenales, ni mucho menos tus cuentas
bancarias, dado que estas cosas son corruptibles y de ninguna forma podrían
entrar en ese mundo. Esto lo creían muchos pueblos paganos de la antigüedad, en
los cuales sepultaban a sus parientes junto con todas sus pertenencias y eso es
lo que posteriormente se ha convertido en grandes tesoros arqueológicos de la
historia humana.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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