No son dioses las figuras estáticas.
Sin la existencia de un Dios real y creador, sería imposible también la existencia del universo, con sus sistemas solares, planetas, lunas, estrellas y seres vivos de todo tipo de género; y cuánto más imposible sería la existencia de una creatura pensante, que vive en sociedad y que se enseñorea de gran parte de la creación. Pese a eso mucha parte de la humanidad ponen su confianza en líderes ya muertos o imágenes hechas de metal, de madera, de piedra o de yeso; que no pueden hacer nada por la vida eterna del hombre.
Texto:
Isaías 45:20-23.
“Reuníos, y venid; juntaos todos los sobrevivientes de entre
las naciones. No tienen
conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un
dios que no salva. Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en
consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde
entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos,
todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en
justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda
lengua”.
CONCLUSIONES.
Todos estamos de acuerdo que sí hay un Dios, creador del
universo y de todo cuanto existe dentro de él, aunque algunos siguen creyendo
en la teoría de la evolución; pero ¿quién es ese Dios? Para aclarar esta
situación, veamos lo que dice el texto principal: “Proclamad, y hacedlos
acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio,
y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios
justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los
términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. Ver estas dos
frases de esta declaración del único y verdadero Dios cuyo nombre es Jehová de
los Ejércitos: “No hay más Dios que yo” y “ningún otro fuera de mi”.
Podría ser que algunas religiones o sectas declaren que
su dios es el único y verdadero; pero hay como mínimo tres hechos históricos y
trascendentales que demuestran que estos son de la autoría de nuestro verdadero
Dios: El primer hecho es que envió a su Hijo a tomar cuerpo de hombre, a través
de una mujer, la cual entró en gestación mediante el poder del Espíritu Santo
de Dios, violando así todas las leyes naturales (esto se denomina encarnación);
y como segundo hecho, luego que Jesucristo murió en la cruz del calvario por
causa del pecado de la humanidad, entonces de nuevo Dios pone a funcionar su
poder extraordinario para resucitar a su Hijo de entre los muertos, luego de 3
días de estar enterrado (esto se llama resurrección); y como tercer hecho, lo arrebató
de entre los hombres (luego de estar dando testimonio de su resurrección
durante cuarenta días), lo llevó al cielo y lo sentó a su diestra (eso se llama
ascensión).
En conclusión, no ha habido ningún otro dios cuya morada
sea el reino de los cielos, que tenga un hijo que sea autor de eterna salvación
y que así mismo haya hecho estos tres milagros, todo con el fin de redimir al
hombre del pecado y que esos hechos hayan sido vistos por al menos quinientas
personas, los cuales quedaron escritos en la Biblia para testimonio a toda la
humanidad. Como los otros dioses no han hecho este tipo de manifestaciones
milagrosas, ni han dejado testimonio de ellas, entonces podemos concluir que
son falsos dioses; además de que lo atestigua el único y verdadero Dios Jehová,
diciendo que no hay otro como Él.
¿Pero cuál es el fin de este discurso?
Si los demás dioses no tienen fundamentos para demostrar
su existencia, máxime cuando no hablan porque están postrados en un pedestal;
mucho menos tendrá fundamento un ídolo o una figura hecha de metal, de madera o
de yeso; ¿Entonces por qué hay personas que todavía levantan un madero con un
ídolo y se inclinan delante él y también le ruegan? La respuesta es la falta de
conocimiento, porque han desechado la sabiduría que viene de Dios; aunque
también es una de las armas más eficaces del diablo para robarle la gloria a
Dios y dársela a un madero, lo que trae como consecuencia el castigo eterno
para quienes practican este pecado llamado idolatría: “No tienen
conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un
dios que no salva”.
Un ídolo no puede caminar, no oye, no ve, no entiende; sin
embargo, hay personas que los cargan por las calles, los honran, les prenden sirios,
se arrodillan delante de ellos y hasta les imploran por milagros; pero no se
han dado cuenta que solo se trata de momias sin vida, sin espíritu y también
sin cerebro: “Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres.
Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no
oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies,
mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los
hacen, Y cualquiera que confía en ellos”. Salmos 115:4-8.
Muchos dirán que dichas imágenes son una representación
física de su dios, y esta abominación puede obedecer a que como su dios no
existe y no hay ninguna manifestación trascendental de parte de él, entonces se
ven obligados a tener algo físico con lo cual sus fieles puedan interactuar
(clamando u honrando), desembocando esta práctica en otro problema más grave y
es el rebelarse contra la palabra del Dios verdadero que prohíbe estas
aberraciones: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté
arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios,
fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la
tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Éxodo 20:4-5.
Los que ponen su confianza en los ídolos realmente no
razonan, porque no han querido creer en la verdad, entonces el mismo Dios les
ha colocado un velo en sus ojos, que no les permite ver la verdad y que tampoco
les permite deleitarse en el verdadero Dios: “Y aun hasta el día de hoy,
cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”. 2
Corintios 3:15. Y este velo solo será quitado cuando se conviertan de verdad a
Dios y dejen de honrar aquellos sustitutos hechos de materiales perecederos
como el yeso o la piedra: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se
quitará”. 2 Corintios 3:16.
Hay un dicho popular que reza: “El día de la quema se ve
el humo”; y esto significa que llegará un día en que saldrá a la luz la verdad
y allí se conocerá que Jehová de los ejércitos es el único Dios real y los
demás ídolos o dioses creados por la mente perversa del hombre serán reducidos
a cenizas y todo el género humano tendrá que reconocer a Jehová y arrodillarse
delante de Él: “Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en
justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda
lengua”.
Estimado hermano y amigo, para escapar de este mundo
lleno de caos, de problemas y de injusticias, es necesario acudir al Dios vivo,
quien sí puede salvar; pues los ídolos no pueden hacer absolutamente nada por
ellos mismos, porque necesitan que alguien los cargue para trasladarse de un
lugar a otro, y por consiguiente tampoco podrán hacer nada por los demás,
específicamente por la salvación de sus almas: “Y no hay más Dios que yo;
Dios justo y Salvador”.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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