Un manto de confusión cubre al mundo.
Hay tantos eventos catastróficos en este mundo que indican que algo más grave ocurrirá muy pronto, pues lo que nunca se pensaba que sucedería está sucediendo y por lo tanto muchos se preguntan: ¿Qué nos espera después de estas cosas?
Texto:
Jeremías 3:25.
“Yacemos en
nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos contra Jehová
nuestro Dios, nosotros y nuestros
padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no
hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios”.
CONCLUSIONES.
La humanidad entera (exceptuando al pueblo cristiano),
está bajo una nube, bajo una cubierta de incertidumbre; está bajo un manto de confusión
y también bajo afrenta; es decir, que el mundo no sabe lo que está pasando,
tampoco lo que próximamente ocurrirá y mucho menos conoce los acontecimientos
finales que están profetizados en el libro de Apocalipsis, revelado por
Jesucristo al apóstol Juan.
¿Y cuál es la causa para que la confusión cubra al mundo
entero?
Hay una palabra clave en la respuesta y se trata del
conocimiento; pero no del conocimiento y de la sabiduría humanas, sino del
conocimiento de Dios, pues no sucederá lo que el hombre predice ni cree que
acontecerá, ni mucho menos lo que la inteligencia artificial pueda anticipar,
sino lo que está escrito en la Palabra de Dios; y si las personas no leen la
Biblia, entonces andarán a oscuras, confundidos, sin saber lo que está
ocurriendo ni lo que ocurrirá.
El mundo no quiere saber nada de Dios, solo quieren saber
de religiones y sus costumbres paganas, solo quieren saber de festividades; es
decir, que muchos tienen una religión, pero no tienen a Cristo en su corazón y
por lo tanto no han recibido el conocimiento que viene de lo alto y tampoco podrán
recibir las revelaciones del Espíritu Santo que llegan al corazón del hombre.
Si de verdad los religiosos tuvieran el conocimiento de Dios, entonces se
apartarían de las imágenes y de los ídolos y de verdad le tendrían temor a
Dios.
Y por causa de esta falta de conocimiento espiritual, es
que el mundo anda en pecado, en vicios, en injusticias y en impiedad; y por esa
misma causa es que también ama el pecado y lo practica, y como consecuencia de
esto entonces viene la confusión sobre la mente de los hombres: “Yacemos en
nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos contra Jehová
nuestro Dios”.
Nosotros y nuestros padres andamos en pecado desde
nuestra juventud y más aún desde la primera generación de hombres que hubo
sobre la tierra, de los cuales heredamos la naturaleza pecaminosa, esto como
primer factor y como segundo la presencia de las tinieblas que está
permanentemente incitado al hombre a pecar, para que este caiga en afrenta y
deshonra delante Dios, para que este caiga de la gracia de Dios: “Por cuanto
todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 3:23.
La verdad es que muchos no han querido escuchar la voz de
Dios, quien nos habla continuamente a través de su Palabra, a través de la boca
de sus siervos los pastores, maestros, evangelistas y profetas; a través de las
revelaciones del Espíritu Santo; y usando todos los medios de comunicación
disponibles; pero el mundo no quiere escuchar: “Y no hemos escuchado la voz
de Jehová nuestro Dios”. Y si no tenemos el conocimiento de Dios y de su
Palabra, tampoco podemos saber qué es lo que está ocurriendo actualmente en el
mundo y qué es lo que ocurrirá en los próximos días y años.
Estimado hermano y amigo, hay que leer la Palabra de
Dios, para conocer los eventos apocalípticos que están dispuestos por Dios para
este mundo pecador y estar al tanto de los sucesos; así mismo para tener el
conocimiento previo de ellos, de tal forma que nos preparemos y que nada nos
coja de sorpresa: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el
tiempo”. Marcos 13:33
Entre los acontecimientos más milagrosos que están a
punto de ocurrir es el rapto de la iglesia, donde Jesús con sus ángeles
aparecerá en las nubes y enviará a recoger el trigo (que son los verdaderos
hijos), los cuales serán reunidos allí junto con los muertos en Cristo que
serán resucitados primero, y de allí partiremos juntos al reino de los cielos:
“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar
de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.
Lucas 21:36
Otro acontecimiento de mucha relevancia es el fin de esta
tierra, junto con todo ser vivo y toda cosa creada, lo que dará lugar a un
cielo y una tierra nuevas: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed,
pues, sobrios, y velad en oración”. 1 Pedro 4:7. Y en el siguiente texto,
se enfatiza la forma en que sucederá, donde todo será consumido por fuego: “Pero
el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán
con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y
las obras que en ella hay serán quemadas”. 2 Pedro 3:10.
Solo el pueblo cristiano está preparado para esos
acontecimientos y es por eso que esperamos con gozo la venida de nuestro Señor
Jesucristo y así mismo sabemos que cuando ocurra el juicio sobre la tierra, ya
estaremos en el reino de los cielos y nada de eso nos tocará; pero la mayor
parte del mundo incrédulo y pecador, aquellos que tienen un manto de
incertidumbre y de confusión sobre su cabeza, ellos participarán en el juicio terrenal
sin que haya quien los libre, porque nunca quisieron recibir el conocimiento y
la sabiduría divina, y por lo tanto, nunca se prepararon para escapar de estos
acontecimientos.
La confusión no proviene de Dios, pero las tinieblas (al
mando de satanás) son un gran generador de confusión que cubre todas las mentes
del mundo: “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas
las iglesias de los santos”. 1 Corintios 14:33
El trasfondo del pecado, en realidad consiste es
aborrecer a Dios, pues todo aquel que ignora sus llamados y que hace caso omiso
a su Palabra, en el fondo lo que está haciendo es rebelarse contra Dios y
aborrecer a su Creador; y esta es la mayor causa de confusión como lo expresa
su Palabra, con su consecuente juicio, donde todos los impíos perecerán: “Los
que te aborrecen serán vestidos de confusión; Y la habitación de los impíos
perecerá”. Job 8:22.
Y este otro texto enfatiza que la confusión viene a causa
de nuestras iniquidades: “No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor,
sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades, casa
de Israel”. Ezequiel 36:32. Así es como el pecado sume al hombre en
confusión, lo aparta de la presencia de Dios, lo somete a los juicios
venideros, lo empuja hacia el infierno y más tarde lo lanza al lago de fuego y
azufre.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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