Cómo reconocer a un verdadero hijo de Dios.

En nuestros tiempos hay muchas religiones, denominaciones, sectas y también filosofías; donde la mayoría profesan tener un dios real y así mismo sus seguidores también se proclaman sus verdaderos hijos. Unos apoyan la idea de que hay un solo Dios y que cualquiera de esas religiones los conduce a ese mismo Dios; mientras otros albergan la idea de que su dios es el único real y que los que no andan bajo su cobertura, que entonces están perdidos.

Texto: Romanos 8:14.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”.

CONCLUCIONES.

Para determinar si alguien es un verdadero hijo de Dios, primero tenemos que definir cuál es el Dios verdadero; y aquí viene lo duro de aceptar para muchos y es que para que el dios de una religión sea el verdadero, debe estar compuesto por tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. 1 Juan 5:7. Por lo tanto, si alguna religión o secta no contempla estas tres personas dentro de su dios, entonces la tal religión o secta, juntamente con su dios, son falsos.

¿Y por qué el Dios verdadero se la puso tan difícil a las falsas sectas y religiones?

La cuestión es simple, pues la mayoría de esas falsas congregaciones son de origen satánico y el diablo no es capaz de crear, ni mucho menos de imitar a estas tres personas del Dios verdadero; tampoco puede encarnarse, así como lo hizo Jesucristo y por eso no es capaz de reconocer que Jesucristo vino en carne y habitó entre nosotros: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14.

De esta forma con solo indagar por la composición de su dios, se sabrá si la tal doctrina es falsa o no; pues el hecho de negar a una de las tres personas convierte la tal doctrina en un culto satánico: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”. 1 Juan 2:22.

Cada una de estas personas tiene unas funciones específicas, y aquí se citan las más relevantes: El Padre es el origen de todo cuanto existe y desde su trono está orquestando todo el universo; el Hijo es el Verbo creador por cuyo intermedio Dios creó todo el universo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Juan 1:3. El Hijo es también Jesús quien ejecutó el plan de salvación nacido en la mente del Padre y hoy es el único redentor y mediador entre el Dios y los hombres; y el Espíritu Santo de Dios, es el Consolador que vive en el corazón de los creyentes y que está enseñando, transformando, capacitando y acompañando al pueblo cristiano hasta el fin del mundo.

El Padre tiene su trono en el reino de los cielos, mientras su hijo Jesucristo se sienta a su diestra (desde que resucitó de entre los muertos) y el Espíritu Santo de Dios vive en el templo humano o corazón de cada creyente que ha renunciado al pecado, que se ha santificado y que ha nacido de nuevo.

El corazón del hombre es el templo del Espíritu Santo, cuando este se ha dispuesto especialmente para Él, en tal caso debe estar adornado de virtudes, limpio de pecado y perfumado mediane la obediencia a Dios; de tal forma que el Espíritu Santo se sienta allí verdaderamente cómodo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”. 1 Corintios 6:19.

Cuando este templo pertenece a un corazón no arrepentido, allí abunda el pecado y por consiguiente no estará la presencia del Espíritu Santo, sino más bien estará la presencia de espíritus inmundos y demonios, los cuales son militantes del ejército de las tinieblas, que posan allí para gobernar la vida del hombre y para expandir el reino de las tinieblas.

Sabiendo de antemano quiénes tienen la capacidad de morar en nuestro corazón (a solicitud del hombre), también podemos saber quién es el que gobierna actualmente nuestras vidas; pues si allí mora el Espíritu Santo, entonces vamos a hacer la voluntad del Espíritu y no la nuestra; y si allí mora el diablo, entonces vamos a hacer la voluntad de las tinieblas o la voluntad nuestra que igualmente ya estaría contaminada con el mal.

Ahora, ¿cómo reconocemos quién está morando en nuestros corazones?

La palabra de Dios nos provee de un indicador que muestra la esencia de las obras que está produciendo nuestra vida, mientras está siendo gobernada por el Espíritu Santo o por algún personaje de las tinieblas; y se trata de los frutos, pues el Espíritu Santo solo puede dar este fruto con sus nueve virtudes: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Gálatas 5:22-23.

Por su parte las tinieblas, mientras estén gobernando el corazón del hombre, solo pueden dar los frutos de la carne y son estos: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Gálatas 5:19-21.

Y por eso dice el texto principal que todos los que son guiados por el Espíritu Santo; es decir, que solo hacen la voluntad de Dios y que están produciendo su fruto, que estos son los verdaderos hijos de Dios: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”.

Dados estos indicadores o frutos, entonces podemos decir con toda certeza que, según cada fruto, la persona indefectiblemente será hija de uno de los dos reinos: El del bien encabezado por Dios, o el del mal, encabezado por el diablo; y para ilustrar esto veamos algunos ejemplos muy comunes:

1. Una persona que sigue diciendo mentiras, así sean piadosas, no es de Dios, pues el diablo es el padre de la mentira, de quien está recibiendo consejo: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”. Colosenses 3:9.

2.  Una persona que sigue tomando licor, así diga que es para calmar su sed, entonces no es de Dios, porque uno de los frutos de la carne son las borracheras: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Efesios 5:18.

3.  Una persona que convive con otra fuera del matrimonio anda en tinieblas, porque uno de sus frutos es la fornicación: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca”. 1 Corintios 6:18.

4.  Una persona que convive con otra que fue casada y cuyo cónyuge aún vive, entonces es del diablo porque está viviendo bajo adulterio: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer”. 1 Corintios 7:10-11.

5.  Una persona que aún dice vulgaridades, así diga que se trate de algo muy común, es hijo del diablo, pues este es su dialecto por excelencia: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca”. Colosenses 3:8.

6.  Una persona que se incline o exprese reverencia a favor de las imágenes o ídolos de algunas religiones, estos son hijos del diablo, pues la idolatría es uno de los frutos de la carne: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”. 1 Corintios 10:14.

7.  Una persona que ande en pleitos, enemistades y contiendas es hijo del diablo, pues estos son algunos de los frutos de la carne: “Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?”. 1 Corintios 6:7

8.  Una persona que trabaje o estudie toda la semana (sin sacar tiempo para el Señor) y el fin de semana se vaya de paseo, definitivamente no es hijo de Dios; pues el Espíritu Santo (si estuviera en su corazón) lo guiaría a buscar de Dios durante la semana y más aún los fines de semana: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. Isaías 55:6

9.  Una persona que lea obras literarias, pero que no lea la Biblia o la deje de última, esta es hijo del diablo; pues si tuviera el Espíritu Santo en su corazón, éste lo guiaría a alimentarse primeramente de la palabra de Dios, aún de día y de noche: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39.

10.  Una persona que ande en fiestas, trasnochándose, deleitándose en algunos vicios, practicando la gula y cometiendo toda clase de inmundicias, este es hijo del diablo; pues si tuviera el Espíritu Santo en su corazón, este lo guiaría a hacer devocionales, vigilias y oración en la madrugada; en vez de estar haciéndole fiestas al diablo y a la carne: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Gálatas 5:16.

11.  Una persona que ande metiéndose en deudas porque la plata no le alcanza, no es hijo de Dios, pues si fuera gobernado por el Espíritu Santo, este lo guiaría primeramente a diezmar y como segundo lo haría un buen administrador de los recursos; y así le bendeciría el 90% restante para que le alcance para todos sus propósitos: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. Romanos 13:8

12.  Una persona que es derrochadora y compradora convulsiva y que no le alcanza la plata, es hijo del diablo; dado que, si fuera guiada por el Espíritu Santo, éste lo llevaría satisfacer primeramente sus necesidades básicas y luego a ahorrar para futuros imprevistos: “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura”. Isaías 55:2

13.  Una persona que se adueña de cualquier cosa ajena está robando, así se trate de una simple moneda que le dieron de más en una devuelta; si así lo hace, el tal es hijo de diablo: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. Lucas 16:10.

14.  El común de los cristianos tiende a vivir todo a medias, es decir, sin compromisos (estos son los cristianos tibios los cuales Dios vomitará de su boca); pues si les da dificultad ir un domingo a una iglesia, mucho más les será de carga el orar, escudriñar la Palabra, vigilar, hacer la devocional en el hogar, vestirse como si fuera para Dios, diezmar y ofrendar, y por sobre todo cumplir los mandamientos; y es por eso que con plena autoridad se puede decir que son hijos del diablo, porque están haciendo su voluntad y no la voluntad de Dios: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”. Juan 8:44.

15.  El que menosprecia la palabra de Dios o tiene pereza de escudriñarla, no es hijo de Dios, sino del diablo; pues si fuera guiado por el Espíritu Santo, anhelaría la palabra más que el alimento físico, porque la palabra de Dios es una delicia para el alma: “He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia”. Salmos 119:174.

16. Los desobedientes a la palabra de Dios sin duda alguna no son hijos de Dios, pues sus verdaderos hijos han rendido y entregado su propia voluntad, para deleitarse obedeciendo los mandamientos de Dios y haciendo la voluntad del Padre: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.

Estimado hermano y amigo, se reconoce que alguien es un verdadero hijo de Dios, porque todas sus actividades las desarrolla bajo la guía del Espíritu Santo, quien seguramente lo llevará a vivir y a dar testimonio de que las virtudes de Dios están en su vida, siendo las principales el amor, gozo y paz, y el amor es el principio de toda justicia.

Es de anotar que, si una persona ya es de Cristo, es decir que el Espíritu Santo de Dios mora en su corazón, quiere decir que para ese templo estar limpio y preparado, debió pasar por el bautismo, donde el cuerpo de pecado es crucificado juntamente con Jesús y de esta forma muere a sus pasiones y deseos: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Gálatas 5:24.

Muchos cristianos tibios dirán: “Es que aún seguimos siendo pecadores”; y eso es cierto, pues seguimos siendo pecadores porque aún vivimos en un cuerpo de carne débil y podemos caer involuntariamente; pero otra cosa diferente es que no debemos practicar el pecado, que son aquellos que saben que lo que están haciendo desagrada a Dios y sin embargo, lo siguen practicando; y por lógica, estas personas son hijas del diablo: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. 1 Juan 5:18.

En esencia, una persona que dé el fruto del Espíritu Santo y que no esté dando ninguno de los frutos de la carne, es un verdadero hijo de Dios, preparado para entrar en el reino de los cielos cuando Dios lo llame a su presencia. Eso sí, recordando este principio, y es que, si el cristiano comienza a practicar alguno de los pecados, entonces se hace culpable de todos y por lo tanto, le ha cedido su alma al diablo, pasando también a ser su hijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. Santiago 2:10.

Y si usted da el fruto del Espíritu y no los frutos de la carne, entonces usted es guiado por el Espíritu Santo de Dios y, por lo tanto, es usted un verdadero hijo de Dios; de lo contrario usted podría ser una persona del común, o un religioso que se contenta con pertenecer a una denominación, o sencillamente un iluso, que cree que haciendo caso omiso al llamamiento de Dios o burlándose de sus mandamientos, que entonces no le pasará nada en su futuro eterno. Cuidado con esto, los que confiaron en sí mismos y no en Dios, hoy están llorando amargamente en el infierno.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El sueño espiritual. Romanos 13:11-14

Un llamado al arrepentimiento. Hechos 17:30-31

En ningún otro hay salvación. Hechos 4:11-12