¿Qué tanto te conoce el diablo?
Como humanos podría ser que tengamos muchos enemigos, sobre todo aquellos que tienen muchas posesiones, que gozan de una economía envidiable, que son candidatos a un puesto de honor o que ya lo ocupan; sin embargo, en el ámbito espiritual, la mayoría de las personas son gente del común que hacen la voluntad de las tinieblas y que por lo tanto no tienen ningún enemigo espiritual.
Texto:
Marcos 1:34.
“Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas
enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar
a los demonios, porque le conocían”.
CONCLUSIONES.
En este versículo podemos resumir el ministerio de
Jesucristo aquí en la tierra, el cual involucra la sanidad de los enfermos, la
liberación de los endemoniados y la predicación del evangelio: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por
cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar
a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a
los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable
del Señor”. Lucas 4:18-19.
Las enfermedades del cuerpo pueden tener varias causas,
siendo algunas de ellas la mala alimentación, la vida sedentaria, la falta de
ejercicio, la herencia genética, la vejez, el desgaste físico y la menos
esperada es la presencia de espíritus de enfermedad, quienes atacan el cuerpo y
producen diferentes patologías, como lo vivió esta mujer: “y había allí una
mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba
encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar”. Lucas 13:11.
Al parecer los espíritus malos y perversos de las
tinieblas tienen mucha relación con las enfermedades como lo demostró Jesús
durante su ministerio, sanando a enfermos que a su vez también tenían espíritus
malos: “En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de
espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista”. Lucas 7:21.
En la gente del común los espíritus de enfermedad
conviven entre ellos, pero para el caso de los cristianos fieles, un espíritu
de enfermedad se puede acercar a la persona, solo si tiene autorización de
Dios, así como sucedió con Job: “Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel
por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu
mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma
presencia. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su
vida”. Job 2:4-6.
La locura por su parte puede tener unas causas más
limitadas como las enfermedades mentales y la presencia de demonios, los cuales
toman el control de la mente del hombre y ejecutan su voluntad, inhabilitando a
sus víctimas para pensar y ejecutar decisiones propias como le sucedió a varios
endemoniados de la región de gadara: “Cuando llegó a la otra orilla, a la
tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de
los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel
camino”. Mateo 8:28.
El hecho de que Jesús sanaba a muchos enfermos, liberaba
a muchos endemoniados y también predicaba el evangelio, entonces esto hacía que
Jesús fuera supremamente conocido por los espíritus inmundos y demonios, de tal
forma que cuando iba a sanar o a liberar, entonces los demonios se veían
impulsados a hablar para delatarlo delante de la multitud, algo que no quería
Jesús y, por lo tanto, los mandaba a callar: “Pero Jesús le reprendió,
diciendo: ¡Cállate, y sal de él!”. Marcos 1:25
Pero ¿qué relación tiene esto que hizo Jesús con nosotros
como humanos?
Jesús nos enseñó el camino que debemos seguir sus
verdaderos discípulos y esto hace parte de la gran comisión, que consiste en ir
a predicar el evangelio, sanar a los enfermos, liberar a los oprimidos por el
diablo y hacer la voluntad agradable y perfecta de Dios: “Sanad enfermos,
limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia
recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:8; lo que obligatoriamente nos
constituye en enemigos del diablo, convirtiéndonos en objetivos de alto valor
estratégico y de esta forma entonces somos populares y conocidos dentro del
ejército de las tinieblas.
Hay dos caras para esta moneda, una es ser amigo de las
tinieblas, por lo cual usted no representa ningún riesgo para sus objetivos militares
y, por lo tanto, ni siquiera le persiguen, pues en conclusión eres uno de los
suyos. Por el contrario, si escoges la
otra cara serás un enemigo de las tinieblas, porque como fiel soldado de
Jesucristo, estás peleando las batallas en contra del diablo y de su ejército,
cosas que lo convierten en un individuo popular y reconocido entre el ejército
de las tinieblas, el cual está conformado por espíritus inmundos, demonios,
huestes espirituales de maldad, gobernadores, etc.: “Porque no tenemos lucha
contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes”. Efesios 6:12.
Estimado hermano y amigo, si el diablo aún no lo conoce
por nombre propio, seguramente eres su fan, su devoto, su seguidor o mejor dicho
su hijo; de quien el diablo no tendrá que preocuparse de traición, ni por
querer perturbar sus batallones, ni mucho menos por querer evangelizar a los
que andan cómodamente bajo el amparo de las tinieblas. Si eres su conocido (no
por ser brujo, ni hechicero, ni militante de su ejército), seguramente lo
tendrán en la mira por vivir combatiendo a las tinieblas, lo que le llevará a
ser un buen soldado de Jesucristo, preparado para entrar al reino de los cielos,
cuando Dios lo llame a su presencia; en cambio los amigos y seguidores del
diablo compartirán con él un lugar en el lago de fuego y azufre, donde ambos
sufrirán el castigo eterno.
Pero dirán algunos cristianos: Bueno, a mi lo que me
interesa es que me conozca Dios; y eso está muy bien, solo que si usted en un
cristiano fiel a Dios y obediente a todos su mandatos, ya con eso va a tener al diablo resoplando en su nuca,
investigándole su vida y estando atento a todos sus movimientos para ver por
dónde le echa zancadilla para hacerlo caer; porque él no está contento con los
verdaderos hijos de Dios, les hace inteligencia militar y los mantiene en la
mira; y por ese hecho es que llegamos a ser bastante conocidos por el diablo.
En conclusión, debemos ser militantes del ejército divino
y de esta forma ser conocidos por Dios; pero por otra parte nuestras luchas en
contra de las tinieblas nos deben hacer totalmente conocidos para el diablo y
sin estos dos requisitos no podrás aspirar a una entrada triunfal en el reino
de los cielos.
Si no te conoce Dios ni el diablo, eres un individuo del
común que camina con el resto del mundo hacia el infierno; si te conoce Dios, pero no el diablo, entonces eres un cristiano de mentiritas, sin fidelidad ni
compromiso con Dios; pero si te conocen ambos, eres un cristiano real, un
combatiente del ejército de Dios, a quien le tienen reservada una corona en el
reino de los cielos.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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