Solo en Jesús hay salvación.

Esta es la situación del mundo actual: El clima está empeorando, las crisis aumentan, las guerras se recrudecen, la pobreza está en aumento, las enfermedades cercan al hombre, la maldad se expande, la inteligencia artificial amenaza el futuro, la rebelión en contra de Dios está sin límites; y todo esto es indicio de que muy pronto habrá un final para el cual el mundo no está preparado.

Texto: Marcos 3:11.

Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios”.

CONCLUSIONES.

El hombre cree que perdurará para siempre sobre la tierra, basando sus predicciones en los avances científicos con relación a la cura de enfermedades, a las vacunas, a la mejora de las dietas alimenticias, a los cultivos tecnificados, a la genética que manipula plantas y animales para que sean más resistentes y productivos, y en la búsqueda de hábitats sustitutos de la tierra como la Luna y el planeta Marte.

Pero Dios dice en su palabra, que un día esta tierra que vemos junto con su firmamento ya no existirá más por causa de sus juicios, lo que indudablemente también terminará con los seres vivos incluyendo la raza humana: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”. 2 Pedro 3:12

El hombre es eterno en su alma y espíritu, mas no en su cuerpo; entonces ¿qué va a suceder con el hombre cuando esta tierra sea consumida? Aquí es donde aparecen dos elementos en la ecuación: Cielo o infierno. A uno de estos dos sitios irá el hombre cuando muera en forma individual o en forma colectiva mediante el juicio sobre la tierra.

¿Y de qué depende que el hombre vaya a uno de estos dos sitios?

Indudablemente el destino del hombre está dado por el tipo de espíritus que gobiernen su corazón (Espíritu Santo o demonios), y que hace que el ser humano sea bueno o malo, justo o perverso: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo... Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Mateo 25:34,41 y 46.

Según el texto anterior, el hombre está catalogado en dos grupos: Los benditos y los malditos. Los benditos son los lavados y justificados mediante la sangre del Cordero, que son aquellos que se arrepintieron de sus pecados, que recibieron a Jesús como el redentor de sus vidas y que viven en obediencia y santidad a Dios; en cambio los malditos son los que siguen alejados de Dios, viviendo en rebelión contra sus mandatos, viviendo en pecado, en maldad y en las concupiscencias de su carne.

Si el hombre ni siquiera sabe a dónde irá luego de su muerte, por defecto le espera el infierno y es por eso que necesita de un salvador; pero no todas las religiones ni sectas disponen de un salvador, pues este debe cumplir una condición muy especial y es que debe ser el Hijo del Dios verdadero (que también es único) y haber ejecutado el plan de redención del Padre: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. 1 Timoteo 2:5. “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”. 1 Juan 4:14.

Y no solo testificaban de Jesús los apóstoles y discípulos de su época, sino que también lo hacía el mismo diablo a través de sus demonios y de sus espíritus inmundos, como lo expresa el texto principal; pues los demonios al ver a Jesús se postraban delante de Él y lo glorificaban con su boca, confesando públicamente que Él era el Hijo de Dios: “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios”.

¿No es esto maravilloso, que el mismo diablo sea capaz de reconocer y testificar que Jesús es el Hijo de Dios, el único salvador y redentor de la humanidad? Si testificaron los hombres vivos de aquella época, eso ya es mucha evidencia; ¿cuánto más si sus propios enemigos de las tinieblas testifican de Jesucristo diciendo que este es el Hijo de Dios?

Estimado hermano y amigo, no hay forma de que el hombre se salve por sus propias fuerzas, méritos o sabiduría; no es posible que se salve sin arrepentimiento, no es posible que se salve rogando a intermediarios de la religión popular como la virgen María (cuando ella también necesitó del salvador), no es posible que se salve confiando en las imágenes de yeso, de metal o de madera que cuelgan de sus templos (esto es idolatría); no es posible que se salve pidiendo favores a los muertos convertidos en santos por la iglesia popular (esto es santería), no es posible que se salve yendo solo los domingos a la iglesia, no es posible que se salve si desconoce la palabra de Dios (pues estaría en completa obscuridad), no es posible que se salve si no obedece a los mandamientos escritos en la biblia (pues estaría en rebelión), no es posible que se salve esperando que Dios en su infinito amor pase por alto sus pecados, no es posible que se salve creyendo en Dios y al mismo tiempo practicando el pecado, no es posible que se salve si está apartado de Dios (porque vive en incredulidad), no es posible que se salve si no cree en el Dios verdadero (sino en dioses paganos), no es posible que se salve si es indiferente ante los llamados de Dios; es decir, que los asuntos de Dios no lo conmueven.

No es posible que se salve si el dios de su religión no tiene un hijo de nombre Jesucristo, que haya muerto en la cruz del calvario para redimirnos de nuestros pecados, que haya resucitado al tercer día y que se haya sentado a la diestra del Padre; REPITO, NO ES POSIBLE, Y LA ÚNICA GARANTIA DE SALVACIÓN ES QUE RINDA SU VIDA A JESUS EL HIJO DEL DIOS VERDADERO: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Romanos 8:1

Y si usted es una persona que cataloga la biblia como cualquier libro de literatura y que cree que Dios y su Hijo son solo personajes de esa historia, entonces contra usted ya hay un veredicto de castigo eterno, por el hecho de no haber creído: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Juan 3:18

A muchos el diablo les ha vendido la idea, de que el infierno no es un lugar de castigo, sino más bien un lugar de diversión; y que entonces, si le sirven al diablo, que él les dará una vida de lujos y gozo en el infierno, pues les dice que allá habrá también mujeres, licor, vicios y parranda, todo esto con cero obligaciones; pero no caigan en la mentira, pues el diablo es el padre de mentira y él mismo sabe que ya fue condenado y que finalmente será echado (él y su infierno) al lago de fuego y azufre, con todos sus seguidores: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”. Apocalipsis 20:14.

Y una vez en el infierno, ya no hay marcha atrás, porque el tiempo del arrepentimiento es hoy, mientras estamos vivos sobre la tierra; pues el plan de redención de Dios es solo para los que están vivos, porque para los muertos que están en el infierno ya no hay esperanza, allá no hay forma de arrepentirse, ni de hacer el bien, y los sentenciados solo lloran y maldicen: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto”. Eclesiastés 9:4.

Muy importante entender que la salvación no es colectiva, sino individual; pues cada persona necesita de un nuevo nacimiento, donde el Espíritu Santo entre a gobernar su vida desde adentro de su corazón; por tanto, los que se sientan en una banca de una iglesia confiados en que todos sus seguidores serán salvos, definitivamente están perdidos, pues hay que nacer de nuevo para poder entrar al reino de los cielos: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Juan 3:3.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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