La vergüenza te puede enviar al infierno.
Como humanos podemos sentir vergüenza por una o varias cosas: Por el pasado que nos perturba, por nuestra presencia física, por nuestras enfermedades visibles, por nuestro círculo social, por nuestras torpezas físicas o mentales, por nuestra situación económica, etc.; pero todo esto hace parte de las cosas pasajeras de este mundo, las cuales un día desaparecerán; sin embargo, por encima de estas cosas, hay muchas personas que se avergüenzan de Dios y de su palabra, y esto trae efectos catastróficos en su vida eterna.
Texto:
Marcos 8:38.
“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en
esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre
se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos
ángeles”.
CONCLUSIONES.
Habrá un día que creemos está muy próximo, en el cual se
desarrollará un evento denominado el rapto de la iglesia, donde Jesús bajará
del cielo en compañía de sus ángeles y allí desde las nubes del firmamento los enviará
a recoger la mies; es decir, el fruto de la palabra, que son todos aquellos que
escucharon la palabra de Dios, la sembraron en su corazón y la pusieron por
obra; estos son la mies madura, los cuales serán recogidos por los ángeles y
llevados hasta la presencia de nuestro señor Jesucristo; luego de lo cual todos
los levantados de la tierra, junto a los muertos en Cristo que fueron
resucitados de antemano, partiremos al cielo en compañía de nuestro salvador: “En
un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará
la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos
transformados”. 1 Corintios 15:52.
Estamos esperando ansiosamente este evento (solo el
pueblo cristiano), pues este mundo se está volviendo cada vez peor, y a medida
que avanzan los años, se va poniendo más difícil la vida aquí sobre la tierra,
por los cambios climáticos, por el avance de la ciencia para la maldad, por los
conflictos y guerras entre países, por las incursiones armadas, por el auge de
la delincuencia, la extorsión y el narcotráfico, por el alto costo de la vida,
por el aumento de la pobreza, por el auge de las virosis, pandemias y
enfermedades; y por todo esto es que el pueblo cristiano clama de continuo por
la pronta venida de nuestro salvador Jesucristo: “Velad, pues, en todo
tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que
vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”. Lucas 21:36
Y si nuestra muerte física sucede antes, no hay problema,
pues también es una forma rápida de ir al cielo y encontrarnos allí con nuestro
salvador. Los realmente convertidos de
corazón, no le tenemos pavor a la muerte, pues en ella no vemos el fin de la
vida, sino un gran comienzo de nuestra vida eterna en el reino de los cielos;
pues allá seremos llenos de gozo, paz, amor y bendiciones eternas, las cuales
no tienen comparación con lo que aquí en la tierra llamamos bendiciones, dado
que allá no habrá tristeza, ni llanto, ni dolor; allá no habrá enfermedades ni
pestilencias, allá no tendremos que trabajar hasta el cansancio para conseguir
el sustento de cada día; en cambio, allá comeremos delicias culinarias
preparadas para los redimidos por chefs de alta cocina: “Enjugará Dios toda
lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni
clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Apocalipsis 21:4
Como requisito para participar del rapto de la iglesia o
una muerte en Cristo, el hombre debió haber aceptado el evangelio de
Jesucristo, también debió llegar arrepentido a los pies de Cristo y recibirle
como señor y salvador de su alma; y por encima de todo debe estar de continuo
obedeciendo a su palabra, porque no hay cristianos de verdad sin obediencia;
más bien hay religiosos sin obediencia, que son aquellos que encomiendan su
salvación a los intercesores de su religión, mientras ellos se dedican a sus planes
terrenales y mayormente a seguir pecando sin preocupación alguna de perder su
salvación; pero los tales ya están muertos espiritualmente.
Debemos tener en cuenta que la obediencia a la palabra es
la única fuente de purificación para el alma: “Habiendo purificado vuestras
almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor
fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro”.
1 Pedro 1:22. Y esta purificación la hace el Espíritu Santo, siempre y cuando
el cristiano siga obedeciendo; pues si se rebela o se descarría, al Espíritu Santo
no le queda otra opción que abandonar el corazón de dicha persona, luego de lo
cual entrarán demonios a gobernar su corazón, los cuales lo conducirán por el
camino de las tinieblas, hasta lanzarlos en el infierno.
Pero hay una mala noticia para los que se escudan en la
ignorancia y que no les gusta leer la biblia, pues el que tiene uso de razón
inevitablemente también sabrá qué es pecado y qué no; pues primeramente su
conciencia lo redarguye, segundo la moral y las buenas costumbres de su
comunidad lo instruyen y si aún tiene dudas, ahí está la palabra de Dios que le
enseña de forma segura qué es el bien y qué es el mal: “Mostrando la obra de
la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles
o defendiéndoles sus razonamientos”. Romanos 2:15.
El hecho de no clasificar para el rapto o la muerte en
Cristo, quiere decir que el hombre se avergüenza del evangelio o no ha creído
en la obra redentora de Jesucristo, mayormente porque siente vergüenza de que
otros lo cataloguen como loco, aleluya, falto de cordura o caído del zarzo por
creer en esas “tonterías”, como llaman algunos hombres del común al evangelio
de la salvación: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en
esta generación adúltera y pecadora…”. Y si en aquella época trató Jesús a
su generación de adúltera y pecadora, ¿qué esperamos del comportamiento del
mundo de hoy que es mucho más perverso?
Y el hecho de avergonzarse del evangelio trae un problema fatal y es
que será desconocido por Dios como miembro del rebaño de sus ovejas y esto
causará que no pueda entrar al reino de los cielos, sea luego de su muerte: “el
Hijo del Hombre se avergonzará también de él”; o en el momento del rapto de
la iglesia: “cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.
La única forma de que seamos conocidos por Dios es
aceptando con humildad su palabra, la cual nos llevará a recibir a Jesucristo
como señor y salvador, y también a obedecer la palabra con gozo; porque de nada
sirve tener la fórmula médica encima del escritorio, sino compramos los
medicamentos y los tomamos de acuerdo con la prescripción médica; así mismo
sucede con la palabra, la tenemos que tomar diariamente y obedecerla para que
esta produzca el efecto purificador y transformador en nuestras vidas; y
mientras no hayamos muerto al hombre de pecado y hayamos nacido de nuevo,
seremos invisibles en el reino de los cielos y en el juicio sencillamente nos
dirá Dios que no nos conoce: “Y entonces les declararé: Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad”. Mateo 7:23
No crea que, teniendo una biblia en su casa, o yendo los
domingos a la iglesia, o haciéndose el loco y desentendido, o creyéndose bueno
y merecedor de la salvación, o creyéndose un ser superior al círculo religioso,
etc.; que con esto entonces va a ser conocido por Dios; esto definitivamente es
un atentado contra su alma, la cual no se podrá liberar del pecado; y una vez
liberada del cuerpo físico, su alma inevitablemente entrará al infierno, donde por
causa de la incredulidad tendrá que sufrir el castigo eterno: “Pero los
cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago
que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. Apocalipsis 21:8.
Y si no clasifica para ninguno de esos dos caminos (rapto
o muerte en Cristo), entonces sí clasificará para su entrada en el infierno,
pues allí no hay requisitos ni restricciones; a no ser que se quede aquí en la
tierra luego del rapto y le toque pasar por la guillotina, donde le cortarán la
cabeza a todo aquel que no niegue a Jesucristo y esto se dará durante la
segunda mitad de la gran tribulación: “Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él
me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus
ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Apocalipsis 7:14.
Y luego de esto vendrá el fin de este siglo, con todos
los acontecimientos catastróficos para el planeta y los seres vivos que estén
en ese momento, incluyendo al hombre: “Miré cuando abrió el sexto sello, y
he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y
la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la
tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte
viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte
y toda isla se removió de su lugar”. Apocalipsis 6:12-14.
Que Dios los bendiga grande y abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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