Imitadores del diablo y no de Cristo.

En este mundo hay muchos imitadores y también hay personas dignas de imitar, ahora la pregunta es ¿Lo que imitamos sí es realmente bueno y constructivo para nuestras vidas?

Texto: Juan 8:44.

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

CONCLUSIONES.

Estamos ante un problema generalizado y es que la mayor parte del mundo tienen un padre espiritual a quien imitan en todas sus perversidades, pero este padre no es Dios, sino el diablo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”.

¿Y por qué son del diablo y no de Dios?

Si imitaran a Dios, seguramente serían de Dios. La diferencia está en el corazón del hombre, en sus deseos, en la persona o personas a quienes desean imitar que, para el caso el mundo moderno, se trata mayormente de imitar al diablo, príncipe del mal y de las tinieblas, lo que los identifica como siervos o hijos de satanás: “Y los deseos de vuestro padre queréis hacer”.

¿Y qué es lo que el mundo imita del diablo?

Veamos algunos de los muchos casos, en los que el hombre se encuentra imitando a las tinieblas que están al mando de satanás, de sus espíritus inmundos y de sus demonios:

1.  Cuando las personas hablan vulgaridades están imitando al diablo, porque en esto se deleita este personaje, además de que es maldad: “Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua”. Isaías 59:3.

2.  Cuando las personas dicen mentiras (pequeñas o grandes), están imitando al diablo, porque él es el padre de las mentiras: “Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

3.  Cuando las personas ingieren licor, están imitando al diablo, porque esta es una de sus artimañas para destruir al hombre, haciendo que este se embriague y pierda el juicio y la moral, para que deje salir las perversidades que hay en su corazón y con ellas contamine al mundo: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Efesios 5:18.

4.  Cuando las personas roban, ya se trate de atracos a mano armada, o de robos silenciosos en la empresa donde laboran, o del cobro de intereses desmedidos, o la aplicación de ganancias deshonestas en la venta de productos y servicios, y en general de la práctica de la usura y la avaricia; esto es imitar al diablo, pues él siempre ha querido adueñarse de la creación de Dios y de todas sus riquezas; y como si fuera poco se las ofreció al mismo Jesús para que le adorase: “Y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Mateo 4:9

5.  Cuando las personas hacen rumbas con baile, alcohol y glotonería, están imitando al diablo, porque su mandato es que la gente se divierta con las cosas pasajeras de este mundo, para que entren en enemistad contra Dios y sean desechados de su presencia: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. Santiago 4:4

6.  Cuando las personas visitan y veneran estatuas, están imitando al diablo, pues él es feliz cuando el hombre sustituye al verdadero Dios por un pedazo de metal, de madera, de yeso o de piedra; ya que comete uno de los pecados más grandes de la humanidad que se llama idolatría: “Y sobre vosotras pondrán vuestras perversidades, y pagaréis los pecados de vuestra idolatría; y sabréis que yo soy Jehová el Señor”. Ezequiel 23:49

7.  Cuando el hombre comete asesinatos y homicidios está imitando al diablo, pues su propósito principal aquí en la tierra es matar, hurtar y destruir: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Juan 10:10.

Además de esto en su instinto solo está el quitar la vida y no de ponerla como Dios, quien puso la vida de su Hijo Jesucristo, para que por su muerte pudiera dar vida a todo aquel que acudiera a Él arrepentido; entonces el diablo vino explícitamente a matar: “Él ha sido homicida desde el principio”.

8.  Cuando la gente se deleita en las falsas doctrinas y religiones, entonces está imitando al diablo porque él detesta la verdad y porque una de sus tareas es pervertir el verdadero conocimiento del Altísimo y sustituirlo por tradiciones y mandamientos de hombres, para que la gente no encuentre al verdadero Dios y tampoco encuentre el camino que los conduce a la vida eterna: “Y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él”.

9.  Cuando las personas siguen espectáculos públicos, conciertos y partidos de futbol, están imitando al diablo, pues el propósito de él es que la gente ponga su corazón en las cosas del mundo y no en las de Dios, para que el hombre sea contaminado espiritualmente; pues allí en esas altas conglomeraciones está trabajando un ejército de espíritus inmundos y demonios, cuya tarea es pervertir a las personas con vulgaridades, mentiras, alcohol, vicios, orgullo, intolerancia, humillación, desprecio, venganza, odio, fervor y hasta homicidio; y de esta forma posesionarse de sus corazones para que el hombre finalmente sea desechado del reino de los cielos: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 Corintios 7:1.

¿Entonces a quién debemos imitar?

Primeramente, debemos arrepentirnos de todos nuestros pecados, ya que en nosotros hay una naturaleza pecaminosa (así nos creamos buenos), también debemos llegar a los pies de Cristo y recibirle como señor y salvador de nuestras vidas; y una vez seamos sus discípulos, entonces sí debemos imitar su vida terrenal y hacer todo lo que Él nos manda en su palabra para ser verdaderos hijos de Dios: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. 1 Corintios 11:1.

La idea de todo esto es que debemos ir creciendo espiritualmente hasta llegar a la estatura de Cristo, para poder se coherederos de su reino: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:13.

Y una vez convertidos a Cristo, entonces el mundo debe tener testimonio de que nosotros somos verdaderos hijos de Dios, porque estamos imitando los pasos y las enseñanzas de su hijo Jesucristo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados”. Efesios 5:1.

Estimado hermano y amigo, hay que imitar a Dios, porque es el único que nos puede dar vida eterna; en cambio si seguimos imitando al diablo, lo que hacemos es desagradar a Dios y hacernos merecedores del castigo eterno, que es lo que finalmente quiere el diablo para toda la humanidad; por lo tanto no le des lugar al diablo y más bien abre tu corazón a Cristo, para que el Espíritu Santo haga morada en tu corazón y te coloque el sello de la redención, el cual te garantiza que eres un verdadero hijo de Dios, preparado para vivir eternamente en el reino de los cielos.

Si imitamos al diablo, definitivamente resultaremos estrellados en el infierno, así como le sucedió al él cuando fue expulsado de los cielos (ver figura); pues en el diablo no hay nada bueno y tampoco nos puede dar ninguna paga si cumplimos con sus deseos; caso parecido le ocurrió a la tercera parte de los ángeles que imitaron a satanás en su orgullo y altives, rebelándose en contra de Dios y haciéndose merecedores de la expulsión del reino de los cielos y de una vida de tormentos eternos en el lago de fuego y azufre, lo cual se hará efectivo una vez se dicten las sentencias en el gran juicio final.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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