Cómo vivir eternamente y seguir disfrutando de tus bienes.

El hecho de que todo aquí en la tierra sea temporal, trae decepciones para el hombre común; pues un día tendremos que ver partir a nuestros padres; un día nos haremos viejos y posiblemente se disminuyan nuestras fuerzas y nuestra salud; un día partiremos y ya no podremos disfrutar de todo cuanto hemos construido, ya no podemos ver más a nuestros hijos, ni mucho menos ver las generaciones futuras, etc.; pero todo esto cambia cuando miramos y tomamos en serio el plan que Dios tiene preparado para nosotros.

Texto: Salmos 37:27.

“Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre”.

CONCLUSIONES.

Todo este panorama puede cambiar si crees en Jesucristo y su evangelio, quien te dará vida eterna; de tal forma que puedas seguir disfrutando allá en el cielo de casi todo lo que lograste conseguir aquí en la tierra; teniendo en cuenta que, si construiste bienes para la carne y para el mundo, aquí se quedarán; pero si construiste bienes para el espíritu, estos continuarán en el más allá siendo parte de tu vida.

La primera promesa disponible, para los verdaderos hijos de Dios es la vida eterna en el reino de los cielos; de aquí se excluye la permanencia en el lago de fuego y azufre, dado que se trata de un sufrimiento permanente que no tiene ninguna de las virtudes de una vida abundante y por eso se le llama la muerte segunda; en cambio la vida en el reino de los cielos tiene unas características extraordinarias, empezando por la comunión y el gran amor de Dios que reposa sobre cada criatura que participa de su reino: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Apocalipsis 21:4.

Esta vida eterna es entonces la continuación de la vida física que construimos aquí en la tierra, la cual contempla la sabiduría, la inteligencia, el conocimiento y las experiencias que llevamos de aquí, pero sobre un cuerpo inmortal, tomado del cuerpo físico transformado y apartado de toda corrupción: “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”. 1 Corintios 15:54.

Si acumulas tesoros en el cielo, seguramente allá podrás disfrutar de ellos por una eternidad, pues Jesús nos invitó a hacer tesoros en el cielo y no en la tierra: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”. Mateo 6:19-20.

Estos tesoros en el cielo se construyen mayormente mediante el cumplimiento del segundo gran mandamiento, que es amar a nuestro prójimo como así mismos; y luego colocando nuestros bienes, nuestros conocimientos y nuestras fuerzas al servicio de la obra de Dios.

Y en cuanto a nuestros hijos y nuestro cónyuge, si somos realmente hijos de Dios, tenemos una promesa que implica que nuestros hijos también irán al cielo una vez mueran y de alguna forma podremos seguir disfrutando de ellos, dado que estaremos en un mismo sitio y ellos no serán desconocidos para nosotros; miren esta promesa: “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Hechos 16:31.

¿Y qué debemos hacer para vivir eternamente?

Hay dos directrices que nos da la palabra de Dios, que en esencia parecen muy simples:

1.  Apártate del mal.

Todo hombre es pecador, así se crea bueno, y por lo tanto tiene que apartarse de todo lo malo mediante un arrepentimiento verdadero y también tiene que creer en el evangelio, el cual manifiesta la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo: “diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Marcos 1:15.

La cúspide de esta conversión es el nuevo nacimiento mediante el bautismo, donde se recibe el perdón de pecados y el Espíritu Santo de Dios entra a morar en el corazón de cada creyente y lo hace una nueva criatura apta para morar en el reino de los cielos: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hechos 2:38.

2.  Y haz el bien.

Las personas se caracterizan por vivir en sociedad, haciendo que estas interactúen con otras personas y que como resultado de esta relación resulten hechos buenos o malos. Una persona realmente convertida, ya no hará cosas malas, sino que en su corazón está el Espíritu Santo de Dios, quien lo guía a hacer todo lo bueno y justo, lo cual está enmarcado dentro del cumplimiento de los dos grandes mandamientos: El amor a Dios y el amor al prójimo.

Una persona realmente convertida estará produciendo el fruto de Espíritu, cuya primera manifestación es el amor; por lo tanto, en ella no habrá nada malo, lo cual se manifiesta en alguno de los frutos de la carne; por ejemplo, si una persona se convirtió de verdad, ya no dirá mentiras, ya no hablará vulgaridades, ya no participará en robos, maldad, injusticias y corrupción; ya no andará en vicios, ya no andará en fiestas y borracheras, ya no andará en fornicación y en adulterio, ya no honrará ni venerará imágenes, santos, dioses paganos e ídolos; ya no andará de un lugar para otro buscando satisfacer sus apetitos carnales, sino que estará buscando la presencia de Dios, para llenarse de su sabiduría y de su conocimiento, para tener una comunión íntima con él.

Veredicto.

Y como resultado de ejecutar estas dos tareas, entonces tendremos la bienaventuranza de ser partícipes de la vida eterna en el reino de los cielos: “Y vivirás para siempre”.

Estimado hermano y amigo, no sé si usted piensa como muchos, que muerto el hombre se acaban todos los problemas o que allí se termina todo; y la verdad está muy lejos de esta postura, pues el hombre por tener dos componentes espirituales (alma y espíritu), es indestructible y luego de su muerte física, será enviado a uno de estos dos lugares: cielo o infierno; dependiendo de si se arrepintió y aceptó a Jesucristo como su salvador, o sencillamente si ignoró a Dios todo el tiempo o se comprometió con él, pero nunca obedeció a su palabra.

¿No le parece maravilloso el poder continuar vivo en el cielo después de la muerte física? ¿Y más aún trasladar allá a nuestros seres queridos para seguir disfrutando de ellos y también disfrutar de todos los bienes espirituales que logramos acumular mientras vivimos sobre la tierra? ¿Y si pensamos que la sabiduría, el conocimiento y la inteligencia espirituales, cuyo asiento es el alma, seguirán acompañándonos por una eternidad?

Y si piensas en las propiedades que dejaste como casas, fincas, apartamentos y locales; allá como mínimo vamos a tener un “morada” o una propiedad, seguramente de diez estrellas en vez de cinco como la podrías tener aquí, en el caso que fueras rico y pudiente; pero falta ver esa propiedad eterna cuántas comodidades tendrá que aún ni siquiera imaginamos.

Y si piensas en los vehículos que dejaste aquí en la tierra, no te preocupes, pues allá podrás tener alas para volar sobre el vasto e infinito universo, sin motores que se desgasten y que produzcan gases tóxicos; lo que significa que podrás respirar aire puro, si es que nuestro cuerpo ya incorruptible lo llegare a necesitar.

Y si hablamos de comidas, seguramente allá habrá exquisiteces inimaginables para nuestro mundo moderno, pues las bodas del Cordero nos dan indicios de lo que podríamos tener disponible; aunque nuestro cuerpo espiritual quizás no necesite alimento; pero que sí lo podamos comer con el fin de alegrar nuestras almas.

Y allá tendremos valores agregados como la solución a los problemas terrenales, pues no habrá más llanto ni dolor, tampoco habrá cansancio ni enfermedad y lo más maravilloso de todo es que el mismo Dios nos alumbrará y estará a nuestro lado para enjugar toda lágrima de nuestros ojos.

Seguramente allá no necesitaremos descanso, debido a que ya no tenemos un cuerpo débil, tampoco tendremos que andar en citar médicas, exámenes, controles y mucho menos tomando pastillas; pues si resultase alguna extraña enfermedad, para ello no hay EPS, sino un árbol cuyas hojas darán sanidad a los hijos de Dios: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones”. Apocalipsis 22:2.

Y si te gustan las aguas de los ríos o de los mares, allá también existen unas versiones de estos, pero con agua pura y otros componentes más especiales como el mar de cristal; pero seguramente tu cuerpo espiritual no necesitará bañarse, puesto que permanece puro y limpio por siempre.

Y si estás preocupado por la rutina que enferma de estrés a muchas personas, piensa que allá no tendremos un cuerpo físico que se canse y además cada nuevo amanecer será diferente, será como cuando aquí en la tierra visitamos un sitio que no conocemos; la realidad es que aquí tenemos rutinas que cansan y enferman, pero allá en el cielo solo habrá amor, gozo y paz para siempre. Y como mayormente nuestra vida estará dedicada a alabar a Dios, entonces su amor, su paz y sus bendiciones mantendrán llenos nuestro ser, lo cual nos dará la sensación de llenura interior permanente.

Y si estás preocupado por la situación económica, piensa que allá estaremos en iguales condiciones que como estuvo el primer hombre en el huerto del Edén, pues allá solo tenían el mandamiento de disfrutar, fuera de la obediencia a Dios, y cada que sentían hambre solo iban y tomaban los alimentos de los árboles, cada que sentían sueño se acostaban, cada que sentían calor tenían ríos de agua pura donde bañarse, etc.; y así mismo será en el cielo, allá no habrá necesidad de trabajar, solo de alabar a Dios; además de todo vamos a ser privilegiados aún más que los ángeles, por el hecho de ser parte de los redimidos y lavados en la sangre del Cordero.

No así ocurre con los que se pierden por no haberse arrepentido, ni haber entregado sus vidas a nuestro salvador Jesucristo; ellos sufrirán la pena y la eterna perdición en el lago de fuego y azufre; es decir, que para ellos no habrá nada que se relacione con la vida, sino un miserable, torturador y agónico acontecer de cada día. Los placeres del mundo y de la carne que los mantenían activos en la tierra, lo cual se llama pecado, allá no existirán, y en el infierno solo disfrutarán los sicópatas, que son aquellos que se sienten felices frente al horror y al sufrimiento.

Dios no quiere que ninguno vaya al infierno, desafortunadamente el mismo hombre se lanza al infierno a causa de la desobediencia a Dios y de la práctica del pecado; cuando realmente lo que desea Dios es que vivamos eternamente y que disfrutemos de todo lo que él nos da: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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