Al cielo solo entran niños.
Luego de un año de nuestro nacimiento, pasamos obligatoriamente a la etapa de la niñez y a mediados de esta podríamos decir que ya tenemos uso de razón, donde empezamos a ser conscientes de algunas cosas; pero ¿Qué tan difícil es seguir siendo como niños o volver a esta condición antes que termine nuestra existencia? Desde el punto de vista humano es imposible; pero desde el punto de vista espiritual es una condición necesaria para los que desean entrar al reino de los cielos.
Texto:
Mateo 18:3.
“Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de
los cielos”.
CONCLUSIONES.
¿Qué significa ser un niño en términos espirituales?
Los niños a temprana edad aún no han sido contaminados
por el mundo y gozan de cierta limpieza espiritual (lo que llamamos inocencia y
que estaba presente en el hombre que habitaba el huerto del Edén); exceptuando
la inclinación al pecado causada por la herencia pecaminosa de Adán y Eva, lo
que hace a los niños propensos a pecar, pero solo cuando tienen completo el uso
de razón y el conocimiento, para definir qué es bueno y qué es malo; pues sin
el uso de razón, escasamente lo que harán será defender sus juguetes, lo cual
hacen instintivamente y sin prever sus consecuencias. Por tanto, un niño
espiritual es aquella persona que conserva la inocencia y que no conoce la
malicia.
En los niños tanto humanos como espirituales no hay
malicia, la cual es toda inclinación para pensar y hacer el mal; por eso el
apóstol nos invita a ser como niños en cuanto a la malicia: “Hermanos, no
seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en
el modo de pensar”. 1 Corintios 14:20
Y por esta condición de niños (sin malicia y llenos de
inocencia), es que ellos, tanto los niños de carne y hueso como los
espirituales (que siguieron en el estado de niñez o siendo adultos volvieron a este
estado), hacen parte del reino de los cielos como lo expresó Jesús; ellos no
necesitan boleto de entrada al reino de los cielos, pues ya pertenecen a dicho
reino: “Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis;
porque de los tales es el reino de los cielos”. Mateo 19:14.
Esta condición de niños espirituales en los menores de
edad puede verse interrumpida, cuando ellos como individuos que requieren de un
aprendizaje, son enviados a las escuelas o se relacionan con sus vecinos y allá descubren cosas malas y aprenden
acciones injustas y perversas que hacen otros niños malcriados. Ellos reciben estas malas influencias y
posiblemente se den a la tarea de experimentar por sí solos y si les gusta,
entonces también empezarán a participar de estas actividades perversas.
Por este problema anterior es que muchos padres envían a
sus niños a colegios cristianos, donde ellos son formados en las áreas del
conocimiento humano, pero también en el conocimiento de Dios y su Palabra, lo
cual los conducirá por el camino del respeto y el amor hacia a los demás seres
humanos; esto ayuda bastante, sin embargo las personas crecen y se vuelven
adultos, lo cual implica que de alguna forma tendrán que relacionarse con todo
tipo de personas, por lo cual estarán expuestos a que las mañas de los hombres
pecadores e injustos vayan haciendo huella en sus vidas y terminen haciendo
parte del mundo con su maldad y que nunca más se halle inocencia en sus vidas.
Pero sí hay una solución, y la verdad es que una persona
adulta puede tomar la determinación de volverse otra vez al estado espiritual
de los niños y esto ocurre cuando el hombre reconoce que es un pecador y que también necesita quien lo limpie, lo sane, lo santifique y que finalmente
rescate su alma del infierno (esto es a través de Jesucristo); dados estos
pasos y cuando la persona muera al viejo hombre mediante el bautismo en el
Espíritu Santo, entonces será una nueva criatura que vivirá en el mismo estado
de un niño espiritual, y que será apta para entrar al reino de los cielos, como
lo dice el texto principal: “Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis
y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”.
Este estado de niñez espiritual nos garantiza que somos
tierra fértil donde la sabiduría de Dios puede echar raíces y fructificar de
manera maravillosa; pues este conocimiento de lo alto está oculto para los
sabios terrenales, mas no para los niños espirituales: “En aquel tiempo,
respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las
revelaste a los niños”. Mateo 11:25.
También la alabanza celestial, la cual debe hacerse en
espíritu y en verdad, se perfecciona en los hombres que viven bajo el estado de
niñez espiritual: “Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dijo:
Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste
la alabanza?”. Mateo 21:16.
Una característica de los niños espirituales es que
ansían constantemente la leche espiritual (de la misma forma que un bebé llora
por la leche materna), la cual inevitablemente los llevará a conocer la verdad
(la Palabra de Dios), los lavará de sus pecados, los hará crecer espiritualmente hasta
llegar a la estatura de Cristo y de esta forma serán aptos para heredar la vida
eterna: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no
adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. 1 Pedro 2:2.
Por esta razón, no hay forma de que alguien se pueda
salvar sin leer la Palabra de Dios y mucho menos sin meditar en ella y
obedecerla; pues este es el único camino que hará que un adulto pueda volver a
ser inocente y sin malicia como lo es un niño y de esta forma ser participante
sin reservas en el reino de los cielos.
Estimado hermano y amigo, usted se puede creer muy maduro
y también muy sabio como persona, pero si en usted no está esa cualidad de
inocencia de los niños, es imposible que pueda entrar al reino de los cielos y
su sabiduría no es más que “hojarasca”, la cual será quemada juntamente con las
cosas pasajeras de este mundo: “Porque la sabiduría de este mundo es
insensatez para con Dios; pues escrito está: Él prende a los sabios en la
astucia de ellos”. 1 Corintios 3:19. Y también dice: “Pues está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los
entendidos”. 1 Corintios 1:19.
Y si a la hora de enfrentar las tentaciones para hacer el
mal y la injusticia, su sabiduría se asemeja a la de un niño, quien con su
inocencia no sabe cómo hacerle mal a nadie, entonces usted es apto para entrar
al reino de los cielos; de lo contrario seguirá el mismo camino por el cual
transita este mundo pecaminoso y que inevitablemente lo conducirá al infierno.
No se haga ilusiones, al reino de los cielos no puede entrar como está, cargado de pecados, de vicios, de idolatría, de tradiciones humanas, de mentiras, de vulgaridades y de injusticia; y es necesario que sea limpiado y que vuelva a ser como un niño, de lo contrario quedará excluido de la vida eterna y reservado para el castigo eterno en el lago de fuego y azufre.
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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