Las tres ecuaciones de la felicidad.

Según la sabiduría humana, hay un orden correcto de las operaciones para obtener unos resultados únicos en una ecuación matemática:

“El orden de los factores en una operación matemática sigue una jerarquía estricta: primero los paréntesis (o signos de agrupación), luego los exponentes y raíces, después las multiplicaciones y divisiones (de izquierda a derecha) y, por último, las sumas y restas (de izquierda a derecha). Esta regla es universalmente conocida como la jerarquía de operaciones y asegura que cualquier expresión matemática tenga una única respuesta correcta”.

Texto: Mateo 6:33.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

CONCLUSIONES.

Podemos decir que el éxito o fracaso en la vida humana, depende mayormente del desarrollo de una ecuación matemática con varios factores que suman, multiplican, dividen o restan a lo largo de nuestra vida, revelando al final un resultado que podría ser éxito o fracaso.

Por ejemplo, si deseas tener una vida saludable debes considerar esta ecuación desde la niñez: Tener una alimentación balanceada, sumar ejercicio, sumar buenas relaciones familiares, restar estrés, restar trasnochos, restar alcohol y vicios, restar conflictos, restar ociosidad y sedentarismo; y como resultado una persona podría estar activa y altamente saludable aún en su vejez.

Y si queremos tener una buena economía, debemos ejecutar esta ecuación desde nuestra juventud: Al estudio y capacitación, sumar un buen empleo (proyecto o negocio), sumar disposición y honestidad en el trabajo, sumar perseverancia y resiliencia, sumar ayuda a los necesitados (que se convierte en multiplicador de las finanzas), restar derroche (que se convierte en divisor de las finanzas), restar gastos inoficiosos, restar créditos y libranzas, restar orgullo y vanidad financiera; y como resultado la persona obtendrá éxito financiero durante toda su vida.

¿Pero qué relación tiene una ecuación matemática con la vida espiritual? Es simple, veamos algunos ejemplos:

1. Ecuación de la felicidad del hombre sin Dios.

Normalmente esta ecuación podríamos visualizarla en forma gráfica como sigue:

Estudio + Trabajo + Salud + Amor + Familia + Dinero + Diversión = Felicidad.

Dios es un elemento de vital importancia para nuestras dos vidas, la terrenal y la eterna; pero como se observa en la ecuación, Dios no es valorado por el hombre común; pues piensa que con Dios o sin Él alcanzará lo que se propone y que el resultado depende de su tenacidad, de su inteligencia y de sacarle el mayor provecho a cada uno de esos factores; y al final poder obtener las metas que se ha propuesto para su vida terrenal, olvidándose de lo que hay más allá de la muerte física.

2. Ecuación de la felicidad del hombre religioso.

Esta se podría sintetizar de la siguiente manera:

Estudio + Trabajo + Salud + Amor + Familia + Dinero + Diversión + Dios (si queda tiempo) = Felicidad.

Observar que aquí aparece un nuevo elemento que es Dios, pero con dos restricciones muy grandes: La primera consiste en que solo aparece al final de la ecuación, como si fuera un factor sin importancia, que no tiene incidencia en los demás factores y que tampoco fuera completamente obligatorio; y la segunda restricción consiste en que el tiempo que se le dedica en un día normal es el que queda luego de hacer las demás actividades y de dedicar algún tiempo al ocio y al descanso.

Otro problema del hombre religioso está en su confusión frente a Dios, pues confunde el hecho de buscar una religión y seguir sus tradiciones, con buscar a Dios; lo que de hecho es un gran error, pues Dios está por encima aún de las religiones y solo es encontrado si se le busca en espíritu y en verdad; y lo único que bíblicamente se puede llamar religión es el hecho de ayudar al prójimo y vivir en santidad: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Santiago 1:27.

Como resultado del problema anterior, es que al final de la ecuación aparece un dios, un ídolo o un santo popular, pero que realmente no se trata del Dios verdadero, haciendo que el resultado sea un fracaso para el hombre, tanto en su vida material como espiritual.

Otro problema surge al confiar en que el dios que representa cada religión o secta es el real y que los demás son falsos, lo que también es un grave error, dado que solo hay un Dios real, quien también creó todo el universo incluyendo al ser humano y se llama Jehová de los Ejércitos, el Dios del cristianismo.

3. Ecuación de la felicidad del verdadero cristiano.

Esta se podría mostrar de la siguiente manera:

Dios + Estudio + Trabajo + Salud + Amor + Familia + Dinero – Diversión + Gozo y Paz = Felicidad y vida eterna.

En esta ecuación vemos ciertas variaciones:

3.1. Dios está al principio de la ecuación y el hombre le dedica el tiempo necesario para tener una comunicación viva y eficaz con su Creador. Esto no quiere decir que esté todo el tiempo buscando de Dios, sino que le diezma el tiempo a Dios y utiliza al menos 2.4 horas diarias para leer la biblia, orar, cantar alabanzas a Dios, para reunirse en el templo, también en ayunos y vigilias; y que, aunque se encuentre la mayor parte del tiempo ejecutando sus actividades normales (trabajo o estudio), en su corazón está alabando y bendiciendo a su Creador y con su mente está orando e intercediendo cada que tenga oportunidad.

3.2. Las diversiones del mundo se restan de la ecuación, dado que están orientadas al entretenimiento de la carne y por lo tanto no son compatibles con Dios, quien es Espíritu: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”. Romanos 8:5.

Y el hecho de que seamos amigos de dichas actividades, nos convierte en enemigos de Dios: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. Santiago 4:4

3.3. Aparece un factor adicional y que consiste en una prestación derivada de la presencia de Dios en nuestras vidas y que es el gozo y la paz, cosas que son muy superiores a lo que experimenta el hombre cuando piensa que se está divirtiendo con las cosas materiales como: El visitar sitios turísticos, conocer el mundo y sus culturas, hacer parrandas donde abunda el alcohol y la glotonería, hacer reuniones donde abunda la adulación, la mentira y la vulgaridad; bañarse en playas o ríos donde hay pocas ropas y abunda la provocación sensual, etc.: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad”. Salmos 84:10.

3.4. Hay algo invisible en esta ecuación y consiste en que, si colocamos a Dios de primero, Él mismo se encargará de los otros factores; es decir, que nos dará todo lo que sea necesario para nuestra supervivencia y como una prestación extralegal, nos dará el tesoro de la salvación o vida eterna, que es de lo que trata el texto principal de esta reflexión: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

3.5. Esta ecuación, a diferencia de las anteriores tiene dos resultados: La felicidad terrenal y la vida eterna después de la muerte. Y aquí es donde podemos asegurar que definitivamente el orden de los factores y sus operadores en la ecuación de la felicidad sí altera el producto; pues un Dios al final de la ecuación (solo cuando fuere necesario), seguramente solo producirá fracaso en la vida del hombre; pero colocado al principio y dedicándole el tiempo necesario, se convertirá en un multiplicador de bendición a todo lo largo de nuestra vida, incluyendo el más allá o la vida eterna.

Dictamen final.

Estimado hermano y amigo, el mundo actual está en caos y maldición porque Dios no existe en la ecuación de la felicidad de la mayoría de los hombres, o si existe lo han colocado de último para cuando sobre tiempo, o lo han reemplazado por los ídolos, santos y dioses de sus religiones; o sencillamente tienen muy buenas intenciones, pero buscan a Dios solo si los afanes de este mundo le dejan tiempo para este propósito; lo que es una gran equivocación porque le estamos robando el tiempo a Dios, el cual deberíamos usar para acercarnos a Él y obtener primordialmente la vida eterna, antes que partamos de este mundo: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. Lucas 21:34.

Coloca a Dios como primer factor de tu ecuación y te darás cuenta de que los demás factores serán añadidos sin que tengas que hacer ningún esfuerzo humano para ello, pues cosas como la salud, el trabajo, la familia, la abundancia, el gozo y la paz bajarán como nube desde los cielos y rodearán tu vida.

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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