Ira e indignación sacudirán al mundo.
El hombre aparentemente vive tranquilo mientras no le toquen sus finanzas, sus propiedades, ni su familia; sin importar cuántos mueran cada día, ni mucho menos cuántos de ellos vayan a parar al infierno, pensando en que habrá tiempos mejores de los que vivimos hoy; de guerras, de catástrofes naturales, de enfermedades, etc.; ¿Pero estará consciente el hombre, que Dios solo está esperando que se cumplan unas señales antes de enviar sus juicios sobre la tierra?
Texto:
Isaías 13:9-13.
“He aquí el día de Jehová viene,
terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad,
y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no
darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la
luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los
impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia
de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Haré más precioso
que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá
de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del
ardor de su ira”.
CONCLUSIONES.
Una cosa es cierta, y es que las generaciones que nos
antecedieron eran menos perversas, porque tenían pocos avances tecnológicos y
por lo tanto menos capacidad para hacer el mal en forma masiva. Por ejemplo, en
los tiempos antiguos no se conocía el uranio, ni mucho menos las bombas
atómicas y por tanto las guerras se debían desarrollar cuerpo a cuerpo, de
jinete a jinete o entre carros tirados por caballos; sin embargo, hoy en día es
posible soltar una de esas bombas y matar a millones de seres humanos de una
sola vez, los cuales no tienen forma de defenderse; es decir, que los avances
tecnológicos han dotado al hombre de una capacidad increíble para hacer maldad
y esto solo tendrá fin cuando Dios decida intervenir y ejecutar sus juicios
sobre la tierra.
He aquí ese día terrible vendrá, porque Dios ya tiene
llena su copa de la ira, lo cual provocará que Él mismo convierta la tierra en
soledad; es decir, que hará desaparecer todos los seres vivos, primeramente, a
los hombres pecadores e impíos: “He aquí el día de Jehová viene, terrible, y
de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de
ella a sus pecadores”.
Veamos los eventos que Dios desencadenará con motivo de
sus juicios:
1. Quitará la luz
de las estrellas del firmamento, este será el principio de obscuridad sobre la
tierra: “Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su
luz”.
2. El sol estará
en tinieblas, tanto que al amanecer no habrá luz: “y el sol se oscurecerá al
nacer”
3. Ya no se verá
la luna brillando en la noche, ni aún en su estación menguante: “y la luna
no dará su resplandor”.
4. Dios castigará
la maldad y la iniquidad del mundo: “Y castigaré al mundo por su maldad, y a
los impíos por su iniquidad”. Y no es que Dios vaya a coger un garrote para
castigarlos; sino que los consumirá con fuego, así como hizo con Sodoma y
Gomorra: “porque nuestro Dios es fuego consumidor”. Hebreos 12:29.
5. Dios hará cesar
la arrogancia de los soberbios, aquellos que se creen poderosos y únicos sobre
el planeta: “y haré que cese la arrogancia de los soberbios”.
6. Dios abatirá a
todos los que se creen fuertes para dominar a otras naciones y pueblos: “y
abatiré la altivez de los fuertes”.
7. Dios hará
estremecer los cielos y la tierra, lo que sin lugar a duda se trata de un gran
terremoto, no solo terrenal, porque se estremecerán también los cielos, tanto
que la tierra se moverá de su eje: “Porque haré estremecer los cielos, y la
tierra se moverá de su lugar”.
¿Y por qué sucederá todo esto?
Porque es la única solución para terminar con la maldad y
el pecado del mundo, dado que Dios ha sido misericordioso y ha esperado mucho
tiempo para que el hombre se convierta de sus malos caminos, desde que envió a
su Hijo Jesucristo como salvador del mundo; pero lo primero que hicieron fue
crucificarlo, no contando conque el mismo Dios lo resucitaría de entre los
muertos y lo sentaría a su diestra, para que todos los que creyeran en
Jesucristo y le recibieran como señor y salvador, fueran limpiados del pecado, hechos
nuevas criaturas, justificados delante del Padre y sellados con la promesa de la
vida eterna.
Si Dios siguiera esperando a que la humanidad se
arrepintiera, el mal se aumentaría a niveles inimaginables y los justos serían
también contaminados: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de
muchos se enfriará”. Mateo 24:12.
Dios hizo su parte, pero ¿Qué ha hecho el
hombre?
El hombre no quiere arrepentirse, pues no le interesa la
salvación y más bien quiere seguir gozando de los placeres del mundo, del
pecado y de la injusticia; cosas que van llenado la copa de la ira y de la
indignación de Dios, hasta el punto de rebozarla y hacer que Dios tome cartas
en el asunto y destruya la tierra junto con sus habitantes; no sin antes sacar
de aquí a todos los redimidos por la sangre del Cordero, los que creen en
Jesucristo y en su obra redentora; pero es un hecho probado por Dios, que los
malos no quieren apartarse de su maldad: “Y dijeron: Es en vano; porque en
pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro
malvado corazón”. Jeremías 18:12
No hay vuelta atrás, el hombre común no le interesa el
arrepentimiento, ni mucho menos someterse a la voluntad de Dios, por lo cual el
único camino que le queda a Dios es la destrucción del hombre. Y los que se
refugian tras las religiones, tampoco se han arrepentido, ni mucho menos son aptos
para entrar al reino de los cielos; pues allá en esas religiones o sectas se
practica la idolatría y la rebelión contra el verdadero Dios; y con estos
pecados antes están acumulando ira para el día del juicio: “Pero por tu
dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día
de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. Romanos 2:5.
Y si es difícil acomodar cincuenta micos para un foto,
imagínense poner de acuerdo a más de siete mil millones de habitantes para que
se arrepientan y vuelvan sus corazones a Dios; en definitiva esto es una tarea
imposible y por eso vendrá la destrucción; de la misma forma no fue posible que
las generaciones de Noé, de Sodoma y de Gomorra se convirtieran de su
perversidad y amaran de verdad a Dios y por tal motivo Dios optó por una
solución, destruirlos porque no había otro remedio; y de la misma forma
sucederá con la generación actual.
Estimado hermano y amigo, no hay otro remedio para esta
humanidad perversa y solo resta que usted como individuo corra arrepentido a
los pies de Cristo, le reciba como señor y salvador de su vida y arranque de
inmediato a leer su Palabra y a ponerla por obra, porque solo los obedientes serán
purificados mediante la misma Palabra y solo ellos heredarán la vida eterna: “Habiendo
purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu,
para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de
corazón puro”. 1 Pedro 1:22
Que Dios los bendiga grande y
abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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