La palabra de Dios ha cumplido sus propósitos, el fracasado es el hombre.
Hace dos mil años que se está predicando el evangelio en todo el mundo, cuya obra fue iniciada por el mismo Jesucristo, pero desafortunadamente el mundo va de mal en peor; entonces ¿qué está fallando? ¿Será que la Palabra de Dios no es la adecuada para el hombre o los métodos de difusión de ella no son los adecuados?
Texto:
Marcos 4:18-19.
“Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que
oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y
las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y
se hace infructuosa”.
CONCLUSIONES.
La parábola del sembrador expuesta directamente por
nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos nos da suficiente evidencia de qué es
lo que está sucediendo con el mundo, aunque la mayoría estén escuchando la palabra
de Dios, hay demasiados enemigos que están prestos a arrebatarle este tesoro
del corazón a las personas, ellos son:
1. El
diablo.
Muchos escuchan con entusiasmo y se regocijan en la
palabra, pero no están preparados para defenderla delante del diablo y
sencillamente no resisten y se la dejan arrebatar: “Y estos son los de junto
al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en
seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones”.
Marcos 4:15.
El diablo que es el padre de mentira actúa bajo engaño,
persuadiendo a la gente de que la biblia es solo una obra literaria, diciendo
que el que lee la biblia se enloquece, convenciendo a la gente que no hay
infierno, de que fuimos hechos para disfrutar y que eso es lo único que nos
queda, de que las riquezas son todo en la vida, de que uno se muere y nada se
lleva (los hijos de Dios llevan a Cristo en su corazón), etc.; frases que hacen
que el hombre suelte la palabra de Dios a la que posiblemente estaba aferrado y
de esta forma se esfuma toda posibilidad de salvación.
2. La
tribulación y persecución.
Estos dos problemas hacen que el hombre tropiece y suelte
la palabra, atribuyéndole a ella directamente la causa de sus problemas y por
eso muchos dicen que cuando vivían sin Dios y sin ley (o sea para el mundo),
que vivían mucho mejor y que no les faltaba nada: “Estos son asimismo los
que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al
momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta
duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra,
luego tropiezan”. Marcos 4:16-17.
La verdad es que por el hecho de una persona recibir el
evangelio y aceptar a Cristo en su corazón, ya de antemano tiene un ejército
enemigo que estará buscando la forma de hacerlo tropezar y caer; y un caso
parecido a esto es el de la Fragata, que es un ave marina que no casa, pero que
se las ingenia para robar a otras aves su presa durante el vuelo de regreso a
la costa; entonces el recién convertido tiene un gran tesoro en su corazón, el cual
es muy codiciado por las tinieblas, que estarán vigilantes y buscando cualquier
forma de infringirle temor y sufrimiento, para que opte mejor por renunciar a
la palabra de Dios y por soltar su preciado tesoro.
En cambio, la persecución se produce cuando el recién
convertido no está en un ambiente adecuado a su condición espiritual y podría
estar expuesto a críticas y a burlas por parte de sus familiares, amigos o
compañeros de trabajo; lo que hace que muy posiblemente esconda su nueva
identidad en Cristo para lograr la aceptación de sus allegados y que también niegue
a Dios y su palabra, lo que indudablemente lo expone ante los juicios de Dios: “Mas
el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de
Dios”. Lucas 12:9
3. Los
afanes, las riquezas y las codicias.
Estas tres cosas son armas sutiles del diablo para no
permitir que la palabra de Dios sea sembrada en los corazones del hombre: “Estos
son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los
afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras
cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. Marcos 4:18-19.
Los afanes hacen que el hombre no tenga tiempo para Dios,
pues siempre está ocupado en sus estudios, en su trabajo, en su empresa;
ocupado con su familia, con sus amigos; ocupado en reuniones sociales, haciendo
turismo, parrandeando, etc.; y en fin siempre está corriendo y haciendo muchas
cosas a la vez, lo que hace que ni siquiera se acuerde que hay un Dios
esperando que decida entregarle su vida para salvarlo.
Por su parte, las riquezas le hacen creer al hombre que
ya tiene todo lo que necesita y que, por supuesto tampoco necesita de Dios;
pues tiene salud, bienes, riquezas, familia y prosperidad; pero se le ha
olvidado que sus años están contados sobre la tierra y que un día morirá y
tendrá que rendirle cuentas a Dios de lo que hizo aquí en la tierra y que
finalmente será avergonzado porque creyó que, con sus riquezas también podría
comprar su salvación.
Las codicias tampoco se quedan atrás en su propósito de
alejar al hombre de Dios y es por eso, que la gente se empeña en ciertos
objetivos o metas para su vida como tener un negocio exitoso, ser un famoso de
la farándula, ocupar un cargo de prestigio o ser un político de renombre entre
otros, y su mente está trabajando en ese propósito día y noche, por lo cual
tampoco tiene tiempo para buscar de Dios, ni mucho menos para encomendarle sus
caminos; pues podría ser que se sienta autosuficiente con sus logros y que por
dicha razón piense en su corazón que tampoco necesita de Dios y termine también
desechándolo como en los casos anteriores.
Veredicto.
En conclusión, la Palabra de Dios es totalmente adecuada
para la transformación del hombre y ha cumplido rigurosamente con sus objetivos
en aquellos que son humildes de corazón y que se someten al trato de Dios.
La palabra también ha sido la adecuada, para darle al hombre
la sabiduría y la inteligencia necesarias para encontrar el camino de la
salvación, para inducirlo a morir al viejo hombre de pecado y a nacer de nuevo
en el Espíritu; en síntesis, la palabra de Dios es viva, eficaz y poderosa para
hacer del hombre una nueva creatura; pura, santa y digna delante de Dios,
porque está respaldada por su Santo Espíritu: “Porque la palabra de Dios es
viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón”. Hebreos 4:12
También son correctos los métodos en que la palabra es
llevada al corazón de cada persona, pues se hace en forma individual mediante
el evangelismo puerta a puerta, en forma grupal a través de los sitios de
reunión y también a través de todos los medios de comunicación; el problema es
que hay un ejército de las tinieblas trabajando, cuyo propósito principal es
evitar que el evangelio de Jesucristo llegue al corazón de las personas y que
estas se conviertan y alcancen la salvación. ¿Y por qué el diablo es tan malo
que quiere negarle al mundo la oportunidad de ser salvos? La realidad es que el
diablo ya está condenado y por supuesto que le encantaría llevarse a toda la
humanidad para que lo acompañen en el infierno y de estar forma echar a perder
lo más maravilloso de la creación de Dios.
¿Entonces qué debe hacer el hombre para librarse de las
tinieblas y llegar a obtener la salvación de su alma?
El hombre debe ser consciente de dos cosas: Primero de la
existencia real de las tinieblas que no quiere que ningún hombre llegue al
conocimiento de la verdad y sea salvo; y segundo, que no habrá otra forma de
llegar al reino de los cielos, sino escuchando el evangelio de la salvación y
rindiendo su vida a Jesús, para que Él sea el señor y salvador de su vida: “El
cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la
verdad”. 1 Timoteo 2:4
Estimado hermano y amigo, la palabra no ha fracasado, y
el que ha fracasado es el hombre, que son todos aquellos que aún no están
inscritos en el libro de la vida y que definitivamente se van a perder en el
infierno; la razón es que no han tenido el suficiente deseo, ni la voluntad necesaria
para escuchar la palabra de Dios; y que cuando la escuchan, tampoco han tenido
el suficiente valor para retenerla como si fuera el mayor tesoro de sus vidas
(lo que en la realidad debería ser para cada hombre) y no permitir que las
tinieblas les arrebaten la posibilidad de ser salvos.
Definitivamente lo que espera Dios de nosotros es que
seamos tierra fértil, donde su palabra pueda dar fruto al cien por ciento y que
tanto el alma como el espíritu del hombre puedan obtener la vida eterna en el
reino de los cielos: “Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra:
los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a
ciento por uno”. Marcos 4:20.
Que Dios los bendiga grande y abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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