El diablo también cree en Dios.

Creer en Dios es una cosa, temblar delante de Él es otra y someterse a la voluntad del Creador es lo que realmente nos convierte en hijos de Dios. Si solo crees en Dios, eso también hace el diablo y ya está condenado, ¿entonces qué se espera de usted?

Texto: Santiago 2:19.

Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”.

CONCLUSIONES.

El mundo en general (a excepción de los ateos) cree que existe un dios, aunque muchos de esos dioses son ídolos creados por el mismo hombre o son dioses creados por las tinieblas. De este grupo de devotos se podría decir que la mitad de ellos creen en la existencia del Dios real y verdadero, cuyo nombre es Jehová de los Ejércitos.

Ubicados dentro del grupo de creyentes del Dios verdadero, se podría estimar que el cincuenta por ciento solo se limitan a pensar que existe un Dios, el cual creó todas las cosas y las gobierna con su gran poder y autoridad; también existe un treinta por ciento de personas que le temen a Dios pero que no se someten, al igual que hacen los demonios y los espíritus inmundos; y finalmente podríamos estimar que ese veinte por ciento restante, es el que realmente escudriña la palabra de Dios y se somete a su voluntad, convirtiéndose con ello en verdaderos hijos de Dios, por cuanto permiten que la palabra entre a su corazón y los transforme en nuevas creaturas a través del Espíritu Santo.

Pero si usted está dentro del grupo de los que creen o dentro del grupo de los que tiemblan y temen delante de Dios, pero no obedecen a sus mandatos, entonces usted tendrá el mismo destino que tendrá el diablo y sus ángeles caídos, que es la muerte segunda o el equivalente a ser lanzados al lago de fuego y azufre por una eternidad: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Mateo 25:41.

Satanás es un gran conocedor de Cristo y de su obra redentora por dos razones muy importantes: Primero, él vivía en el reino de los cielos como un querubín protector lleno de gracia y de sabiduría; por lo tanto, era conocedor de todo a excepción de las cosas ocultas de Dios; y como segundo fue el autor de las tentaciones de Jesús en el desierto, donde demostró su gran conocimiento de la palabra de Dios y del poder de su hijo Jesucristo: “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Mateo 4:3.

Pero entendámoslo bien, que el diablo fue a tentar a Jesús porque creía en Él y conocía su gran poder, y porque allí tenía la gran oportunidad de hacerlo caer y de echar a perder todo el plan de redención para el hombre, lo cual hubiera significado un reino eterno de parte del diablo y la perdición eterna del hombre.

¿Y por qué hay tantos incrédulos?

Esto es un efecto dominó, pues los que no han querido creer en la verdad expuesta en la palabra de Dios, el mismo Dios les envía un poder engañoso para que crean en la mentira como si fuera la verdad y de esta forma sean condenados; y más aún con esa mentira disfrazada de verdad, que puedan contaminar a todos los que conviven a su alrededor: “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”. 2 Tesalonisenses 2: 11-12.

Y esta es la razón por la que existen muchas religiones y sectas que adoran falsos dioses y obedecen a mandamientos de hombres o mandamientos de las tinieblas; y bajo esas coberturas, entonces sus seguidores defienden sus filosofías a capa y espada, estando totalmente seguros de que esa es la verdad, sin saber que en el fondo es una mentira que los llevará al infierno.

¿Y cuál es la finalidad de creer en Dios?

Si no hubiera vida eterna y el hombre tuviera el mismo ciclo de vida de los animales, entonces no hubiera sido necesario un plan de redención a través de Jesús el hijo de Dios; pero ahora que sabemos que somos inmortales en nuestra alma y espíritu, entonces tenemos que buscar de Dios y acogernos a ese plan de redención que está contenido en el evangelio de Jesucristo, el cual es poder de Dios para resurrección de todo aquel que cree y recibe a Jesucristo como señor y salvador de su vida: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”. Romanos 1:16.

La fe en Jesucristo y su evangelio, nos provee de la certeza de que, si morimos juntamente con Cristo mediante el bautismo en el Espíritu, entonces también seremos resucitados como nuevas criaturas, aún mientras seguimos vivos sobre la tierra: “Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él”. Romanos 6:8. Y también seremos resucitados luego de la muerte física: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”. 1 Tesalonicenses 4:14.

La gente en su orgullo y altivez, quieren ver una demostración de poder de Dios, supuestamente para poder creerle; pero esto no es posible porque la salvación es por fe, y si Jesucristo se bajara de la cruz, como lo demandaba el pueblo en el tiempo antiguo o demostrara su poder acabando con las guerras, las pestes, el hambre, los terremotos y el cambio climático; entonces el hombre ya no creería en Dios por fe, sino por los hechos visibles, y por consiguiente ya no habría forma de agradar a Dios, porque Él busca personas que le crean de verdad y no por lo que han visto con sus ojos: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él”. Mateo 27:42.

Estamos en los tiempos del fin y tenemos que salirnos de ese círculo de los que creen solamente o de ese círculo de los que también tiemblan delante de Dios, y ahora es necesario que las personas se arrepientan, que crean en el evangelio y que entreguen sus vidas a Jesucristo el salvador: “Diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Marcos 1:15.

Y tengamos la certeza de que, si creemos en Jesucristo y le recibimos como nuestro salvador, entonces seremos de verdad hijos de Dios, preparados enteramente para entrar al reino de los cielos: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.

Pero si nos negamos a creer en el Hijo, entonces la ira de Dios vendrá sobre nosotros y esto significa el castigo eterno en el lago de fuego y azufre, preparado para todos los incrédulos y pecadores: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Juan 3:36.

Estimado hermano y amigo, creer en Dios es supremamente fácil, temblar delante de su presencia requiere más esfuerzo; sin embargo, el diablo aunque es enemigo de Dios cree que existe y que tiene suficiente poder para llevarlo al juicio eterno; pero aun así, el diablo no es capaz de arrepentirse porque su orgullo y altives son tan enormes que lo gobiernan completamente; pero esta no es la situación del hombre, pues este todavía tiene la posibilidad de arrepentirse y de montarse en la única barca de salvación disponible, que es nuestro Señor Jesucristo.

No imites al diablo, no sigas sus instrucciones, no te quedes solo en creer y hasta temblar, porque entonces te tocará compartir un lugar de castigo junto a satanás en el lago de fuego y azufre. Mejor humíllate delante de Dios y obedece a su hijo Jesucristo, pues este es el único camino que te dará vida eterna: “Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Hebreos 5:9

Que Dios los bendiga grande y abundantemente.

Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario.  Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu.  A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad.  Amen”.  Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21. 

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