No esperes que tiemble para mirar al cielo.
Cada vez se hacen más frecuentes los terremotos en diferentes países de la tierra, y según el hombre, estos obedecen al acomodamiento de las placas tectónicas, a los caprichos de la naturaleza, al cambio climático, a juicios de parte de Dios, entre otros; ¿pero realmente cuál es el origen y propósito de este tipo de desastres naturales?
Texto:
Mateo 24:7-14.
“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra
reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto
será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán,
y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos
tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y
muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse
multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para
testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.
CONCLUSIONES.
La historia bíblica nos narra que Jesús estaba sentado en
el monte de los Olivos, entonces los discípulos se le acercaron y le
preguntaron específicamente sobre las señales de su segunda venida y del fin
del siglo, a lo cual Jesús hizo varias revelaciones sobre los acontecimientos
que habían de desarrollarse en aquellos días y son los siguientes:
1. Porque se
levantará nación contra nación, y reino contra reino.
2. Habrá pestes.
3. Habrá hambres.
4. Habrá
terremotos en diferentes lugares.
5. Entonces os
entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las
gentes por causa de mi nombre.
6. Muchos
tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se
aborrecerán.
7. Y muchos falsos
profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la
maldad, el amor de muchos se enfriará.
Todos estos acontecimientos se están dando,
específicamente los terremotos de los cuales no debemos buscar una causa fuera
de la fuente bíblica; pues Jesús dijo que habría terremotos, lo que significa
que Dios ya los tiene preparados para estos tiempos del fin, independiente de
los movimientos de las supuestas placas tectónicas que usan algunos como
fundamento científico.
El poder de Dios es tan grande, que aún su presencia hace
temblar la tierra, por lo cual esta sería una causa posible; sin embargo,
aparecerse ante un mundo perverso y maligno, no creo que sea una buena opción
de parte de Dios: “Los montes temblaron delante de Jehová, Aquel Sinaí,
delante de Jehová Dios de Israel“. Jueces 5:5.
En vez de placas tectónicas, más bien sí podemos afirmar
que Dios colocó la tierra sobre columnas invisibles para el ser humano y que
Dios tiene el poder suficiente para remover la tierra de su lugar y hacer que
tiemblen sus columnas, lo que inevitablemente causa los terremotos: “Él
remueve la tierra de su lugar, Y hace temblar sus columnas”. Job 9:6.
No es la voluntad de Dios el llenar de pánico al ser
humano, pero el hombre cada vez está más sumido en el pecado y Dios no tiene
otra forma de llamarle la atención para que abandone sus caminos perversos y
ande en caminos de justicia; pues si Dios le hablara al oído, el hombre pensará
que se está enloqueciendo, porque para él no hay Dios: “Temblará la tierra
como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su
pecado, y caerá, y nunca más se levantará”. Isaías 24:20.
Los dolores como plan de Dios.
La verdad es que el hombre solo reacciona ante el dolor y
sobre este fundamento es que trabaja Dios para hacerlo reaccionar, para que se
arrepienta, para que busque y reciba a Jesucristo como su señor y salvador: “Y
todo esto será principio de dolores”. Mateo 24:8.
Ante estas catástrofes es que el hombre se acuerda de que
Dios sí existe; pues antes estaban tomando licor y sintiéndose orgullosos de
las expresiones culturales de su pueblo, pero luego del suceso muchos están llorando,
clamando y diciendo: “Jesús, sálvanos”, “Jesús, ten misericordia de este pueblo”,
“Jesús, perdónanos y no nos mates”, “Jesús, apiádate de mi casa y mi familia”,
etc. Y Dios no es que se sienta muy contento cuando el hombre lo ignora y se
concentra en sus fiestas y parrandas: “Y cambiaré vuestras fiestas en lloro,
y todos vuestros cantares en lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo
lomo, y que se rape toda cabeza; y la volveré como en llanto de unigénito, y su
postrimería como día amargo”. Amós 8:10.
Y la realidad cuando esto pasa, es que algunos de los que
siguen vivos olvidan rápidamente el acontecimiento y expresan con orgullo: “El
muerto al hoyo y el vivo al baile”; es algo duro, pero el género humano no
aprende las lecciones y más bien se vuelve más duro de corazón y más terco delante
de Dios, e intensifica el pecado como manifestación de su ego, para seguir
sintiéndose vivo.
Por el contrario, entre más bendiciones le envíe Dios al
hombre, este más se aleja y más se desentiende de Dios, hasta el punto de
pensar que las bendiciones son una obligación de parte de Dios; y por eso mucho
dicen: “Si somos hijos de Dios, entonces ¿por qué Dios nos tiene desprotegidos?”
El hombre desearía ver tiempos de bendición, tiempos de
alegría, de paz y prosperidad; pero no está dispuesto a poner a Dios de primero
y de alabarle como Él se lo merece; tanto que el domingo, siendo el día del
Señor, la gente más bien se va a complacer su carne con espectáculos públicos,
con desfiles, con parrandas, con licor, con cabalgatas, con turismo, etc.; y
aunque algunos espectáculos sean muy bonitos y llamativos, realmente lo que
están haciendo es robarle la gloria a Dios; pues el hombre es vez de ir a los
templos a glorificar y a exaltar a Dios, entonces se van a darle gloria a las
cosas pasajeras de ese mundo.
Cuando de verdad tengas comunión con Dios, te darás
cuenta de que a Dios hay que amarle al cien por ciento y que lo que recibimos
como retribución de ese amor es mil veces más gratificante y emocionante que
ver un espectáculo público; y ahí es donde nos damos cuenta de que nuestro
reino no es de este mundo, así como lo es Dios y su hijo Jesucristo.
Si miramos en el trasfondo este programa llamado “principios
de dolores”, encontramos que Dios es misericordioso y que no nos ha exterminado
de una vez y más bien nos envía dolores, para que nosotros tengamos la
oportunidad de arrepentirnos y de ser salvos: “Por la misericordia de Jehová
no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias”.
Lamentaciones 3:2.
¿Y hasta cuándo serán estos dolores?
Hay un propósito eterno que Dios tiene preparado para
estos dolores y consiste en que el hombre debe permanecer en la búsqueda de
Dios y en el conocimiento de su palabra, lo que no sucederá si en vez de
dolores, Dios les da una vida placentera. Y el hecho de renegar de Dios o
volver a los malos caminos (si se acaban estos dolores), hace que nos alejemos
de sus propósitos y que más bien heredemos juicio en vez de vida eterna; y por
eso debemos permanecer asidos de la mano de Dios hasta nuestro último día sobre la tierra: “Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo”.
Y este terreno de “dolores” es una tierra altamente
productiva, donde Dios siembra su palabra y en muchos produce frutos al cien
por ciento; por esta razón este evangelio debe ser predicado en todo el mundo
antes que venga el fin y antes que terminen los dolores; para que, en el juicio
ante el gran trono blanco, nadie tenga la excusa perfecta diciendo que nunca
escuchó del evangelio: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el
mundo, para testimonio a todas las naciones”.
Y una vez que todos hayan escuchado el evangelio o que ya
tengan el conocimiento de la verdad, entonces ya no será necesario dilatar más
los dolores, sino que entonces Dios traerá el juicio final preparado para la
tierra, no sin antes haber evacuado a sus verdaderos hijos: “y entonces
vendrá el fin”.
Sin embargo, este fin no es como muchos se imaginan, pues
los verdaderos hijos de Dios serán sacados de la tierra en el rapto de la
iglesia; pero los cristianos tibios, los malos y perversos, y todos los que se han
olvidado de Dios, entonces tendrán su parte en la gran tribulación, cuyo final
será la destrucción de este planeta junto con todo lo que ven nuestros ojos
arriba en el cielo: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;
en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo
serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. 2
Pedro 3:10.
Estimado hermano y amigo, no esperemos a que tiemble la
tierra para reflexionar en que hay un Dios que nos está esperando con los
brazos abiertos, para que reconozcamos que somos pecadores, que necesitamos de
un arrepentimiento verdadero, que necesitamos de verdad un cambio de vida y
que, si no acudimos a Jesucristo como salvador, entonces nuestro final será el
castigo eterno.
Pero como sucede con la mayor parte del mundo, son muchos
los que han calificado como spam a los mensajes cristianos, otros solo miran el
título y la imagen, otros entran y leen varias líneas del mensaje y luego se
ponen a hacer otra actividad, y por último son muy pocos los que de corazón
sincero leen todo el documento, meditan en él y lo guardan en su corazón; y
definitivamente para estos últimos es que está preparado el reino de los cielos,
porque ellos ávidos de conocimiento, entonces escudriñarán la palabra de Dios
una y otra vez, buscando la saciedad para su alma y apropiándose de las
promesas del Altísimo, siendo la mayor de ellas la salvación para nuestras
almas.
Que Dios los bendiga grande y abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta
sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y
me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre
derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y
Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me
purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo
Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a
leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda
estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y
si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la
misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por
salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Hechos 2:21.

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