No todo el que se cree bueno será salvo.
“Solo basta ser bueno para alcanzar el reino de los cielos”, eso es lo que dicen muchos, pero ¿cuál es la realidad que encontramos a la luz de la palabra de Dios?
Texto:
Salmos 9:17.
“Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios”.
CONCLUSIONES.
Es imposible que los malos y perversos se escapen del
infierno, pues basados en los principios de la moral y las buenas costumbres, damos
por sentado que ellos tendrán un merecido castigo que vaya acorde con sus
hechos delictivos, asunto que es respaldado por la palabra de Dios; a no ser
que logren arrepentirse a tiempo y recibir a Jesucristo como el señor y
salvador de sus vidas.
¿Pero qué hay de aquellos que se creen buenos y que con
orgullo y complacencia dicen que no necesitan más nada para entrar al reino de
los cielos? Las personas que se olvidan de Dios inevitablemente son desconocidas
para Dios, por cuanto no tienen una comunión íntima con Él y por lo tanto no
tendrán parte en el reino de los cielos: “Y entonces les declararé: Nunca os
conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. Mateo 7:23. Ver que Dios
llama a estos desconocidos como hacedores de maldad y esto implica que olvidarse
de Dios es un acto de maldad, y que estas personas también serán trasladadas al
Seol o al infierno, tal como ocurre con los malos de vocación.
La realidad de estas personas que se creen buenas y merecedoras del reino de los cielos, es que en el trasfondo han desechado a
Dios y su obra redentora llevada a cabo a través de la muerte y resurrección de
su hijo Jesucristo; y por lo tanto, la cruda realidad es que se han olvidado de
Dios, y esto delante de Dios también es maldad; así como lo deja ver el texto
principal, en dónde hace énfasis en que las personas que se olvidan de Dios
también pertenecen al grupo de los malos, por lo cual tendrán un tratamiento
similar en el juicio: “Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes
que se olvidan de Dios”.
Y no son solamente los malos y perversos los que no
buscan de Dios, sino también aquellos que creen haber alcanzado todo lo
necesario para ser recibidos sin problemas en el reino de los cielos; es decir,
ellos piensan que, con su nivel de espiritualidad alcanzado, si se asoman al
cielo entonces san Pedro les abrirá inmediatamente las puertas sin preguntar
nada, porque creen que andan ya con una aureola de santidad visible en sus
cabezas.
La realidad es que las personas no buscan de Dios por la
altivez de sus rostros; unos porque desean seguir haciendo lo malo y para eso
deben mantener la altives de espíritu, y otros porque ya se creen justos y
buenos, y que por consiguiente ya no necesitan de un salvador; y en ambos tipos
de personas, Dios ni siquiera pasa por sus pensamientos: “El malo, por la
altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos”.
Salmos 10:4
Hay un solo estado que revela que las personas están
buscando a Dios de corazón y ese es la humildad; como el caso del publicano y
el fariseo, donde el publicano se sentía de verdad pecador, pero en cambio el
fariseo se creía muy bueno y hasta le daba gracias a Dios por no ser como los
demás hombres pecadores: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era
fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo
mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros
hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno
dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano,
estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba
el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió
a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece,
será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Lucas 18:10-14.
En este pasaje vemos que la humildad nos lleva a que
seamos enaltecidos por Dios; en cambio el orgullo nos conduce a ser humillados
por Dios. Y la realidad del que se cree bueno, es que su corazón está lleno de
orgullo y altivez, dos grandes pecados, tan grandes que le causaron a Lucifer
la expulsión de los cielos, ¿cuánto más causará el castigo eterno a hombres
comunes como nosotros? El problema está en que, entre más rico y orgulloso se
sienta el hombre, más miseria y pobreza hay en su corazón como ocurría con la
iglesia de Laodicea: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y
de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado,
miserable, pobre, ciego y desnudo”. Apocalipsis 3:17. Al decir que de
ninguna cosa tenía necesidad, también estaba excluyendo la necesidad de la
presencia de Dios y la necesidad de un salvador.
Necio es todo aquel falto de entendimiento y de
sabiduría; tanto que asegura en su corazón que no hay Dios, y que por lo tanto
no hay nadie mirando y fiscalizando si lo que hace es bueno o malo, y por esa
misma forma de pensar, es que encuentra la libertad necesaria para hacer lo
malo y cada día aumentar sus obras perversas: “Dice el necio en su corazón: No
hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien”.
Salmos 14:1.
De esta misma cita, podemos concluir que no hay quien haga el
bien, por la sencilla razón de que nuestra alma vive en un cuerpo de pecado y
entre un mundo perverso, lo cual hace que aún los cristianos verdaderos puedan caer
involuntariamente y que por ello deban estar acudiendo casi a diario a la
presencia de Dios para pedir perdón por sus pecados y encontrar el oportuno
socorro: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para
alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos
4:16
Por el hecho de estar viviendo en un cuerpo de pecado y
también debido a la naturaleza pecaminosa que heredamos de Adán y Eva, entonces
Dios declara que no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno: “Todos se
desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni
siquiera uno”. Salmos 14:3. Entendámoslo
bien, no hay ni siquiera uno que haga lo bueno, ¿cuánto más aquellos que se
creen buenos y se olvidan de que hay un Dios esperándolos para que se
arrepientan y que reciban a su Hijo como el salvador de sus vidas? Y ni qué
decir de los incrédulos, pues ellos de por sí ya tienen una sentencia de
castigo anticipada.
Y aunque estemos en el rebaño de los verdaderos hijos de
Dios, de seguro que no estamos haciendo diligentemente todo lo que Dios nos
demanda en su palabra y mucho menos le estamos agregando valor a lo que hacemos,
y como resultado de esto somos siervos inútiles, así como lo declara Dios: “Así
también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid:
Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”. Lucas 17:10.
Un siervo deja de ser inútil cuando hace más de lo que le
pidieron hacer, y en esto es que deben destacarse los verdaderos hijos de Dios,
ya sea en el servicio en la obra o en el trabajo secular, donde deben dar
testimonio de que todo lo que hacen es para el Señor y no para los hombres, y
que por este hecho sus frutos también son abundantes: “Y todo lo que hagáis,
hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses
3:23.
Estimado hermano y amigo, si te crees lo suficientemente
bueno para merecer la salvación y por eso mismo no buscas de Dios, ni mucho
menos de su palabra, te invito a reflexionar en este día sobre varias
realidades y la primera de ellas es que no hay un solo hombre bueno sobre la
tierra y si logramos estar de pie ante la presencia de Dios, es porque su Hijo
Jesucristo nos limpia con su sangre para que seamos aceptos delante del Padre y
de paso no seamos consumidos en su presencia; y lo segundo que debes entender
es que solo hay un mediador entre Dios y los hombres y ese es Jesucristo hecho
hombre; por lo cual si intentas llegar al cielo por tus propios medios o por
tus propios méritos, nunca podrás alcanzarlo y de paso morirás en el intento; pero el diablo sí estará esperando a que
mueras para llevarte a su reino, porque los que desechan a Dios también tendrán su
paga en el infierno.
Por eso es triste ver como la mayoría de la humanidad no
creen en el verdadero Dios y los que creen que existe Dios, entonces no le
buscan porque están ocupados en los problemas de la vida cotidiana, porque
están ocupados disfrutando de los placeres del mundo o están ocupados militando
en sectas y religiones amparadas bajo la sombra de dioses paganos y satánicos;
por lo cual el día que mueran van a tener un despertar estrepitoso en el
infierno, porque tampoco creyeron que este existiera y mucho menos creyeron que
esa realidad iba a llegar algún día a sus vidas.
Si eres un ser terrenal como todos nosotros, tampoco eres
ajeno a esta realidad, pues un día morirás físicamente, pero tu alma y tu espíritu
tendrán que seguir uno de dos caminos: El cielo o el infierno; dependiendo de
si te acordaste de Dios y acudiste a Él arrepentido, o si te olvidaste de tu
creador, lo negaste, lo cambiaste por un ídolo o no creíste que existiera.
Que Dios los bendiga grande y abundantemente.
Estimado amigo, si deseas hoy entregar tu vida a Jesucristo haz esta sencilla oración en voz alta: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me acerco a ti arrepentido para que me perdones y me laves con tu sangre derramada en la cruz del calvario. Yo te acepto hoy como el Señor y Salvador de mi vida y te pido que entres en mi corazón y me transformes, me purifiques y me santifiques, porque quiero ser el templo de tu Santo Espíritu. A partir de hoy me comprometo a no practicar más el pecado, a leer tu Palabra, a meditar en ella y sobre todo a obedecerla, para que yo pueda estar en el reino de los cielos por una eternidad. Amen”. Y si estás en peligro de muerte y no estás en paz con Dios, puedes acudir a la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, clamando a gran voz por salvación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21.

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